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Edith Stein de filósofa judía a mártir cristiana - Cap V Aparece un filósofo fascinante y católico

Los caminos de Dios son siempre impredecibles y van abriendo rutas inesperadas por las que han transitado conversos muy famosos y otros muchos cuyas vidas desconocemos por no ser personajes destacados, pero que ante Dios son igualmente valiosos.


La vida de una santa


De regreso en la universidad, apareció por ahí un filósofo de nombre Max Scheler, de padre protestante y madre judía que se había convertido al catolicismo, del cual se alejará después, pero en ese momento le pareció a Edith una persona fascinante y tuvo mucha influencia sobre ella. Ésta fue pues la primera vez que tuvo contacto con el hasta entonces desconocido mundo y pensamiento cristiano. Sin embargo, lo que en verdad la tenía ocupada era la terminación de su tesis, y así fue que la tomó por sorpresa la renuncia de su director de tesis que se fue a la Universidad de Friburgo.

Edith se fue siguiendo a su maestro, que aunque siempre estaba extremadamente ocupado, se daba tiempo para atender a su alumna favorita, y cada vez animaba más a Edith felicitándola por los avances de su tesis. Además, como la joven se había enterado que el profesor estaba en busca de una ayudante, se ofreció para ocupar el puesto; el maestro lo pensó durante un rato y al aceptar a la joven filósofa como su asistente, Edith se sintió inmensamente feliz.

Cumpliendo con su trabajo y entregada a su tesis, perdió cerca de diez kilos, ya que en muchas ocasiones no se acordaba ni de comer; sin embargo, el 3 de agosto de 1916 presentó en forma brillante su examen y luego el profesor  Husserl la invitó con otros de sus compañeros a su casa para festejar este gran acontecimiento.

Con su amiga Erika, que había llegado unos días antes para acompañarla a su examen, planeó al fin unas vacaciones muy merecidas y se fueron al lago Constanza. Rodeada de tanta belleza y maravillada por las cristalinas aguas, Edith, que siempre estaba buscando respuestas, tenía en la cabeza una gran interrogación: ¿Se podrían haber hecho cosas tan bellas y maravillosas por sí solas? De no ser así, ¿quién sería su autor?

De regreso, ya trabajando con el profesor, pronto se empezó a desilusionar, ya que no era, como ella esperaba, un trabajo de investigación, sino más bien algo burocrático y mecánico que le impedía trabajar en nuevos desarrollos filosóficos.

Y cuando la vida parece que toma un rumbo intrascendente, Edith recibió la mala noticia de que Adolf Reinach, que un tiempo fue asistente de su maestro, había fallecido, y su esposa Anne la estaba invitando para que trabajara ordenando todos los trabajos del gran filósofo. Edith no estaba muy convencida de aceptar, pero después de meditarlo un tiempo cambió de parecer y se enfiló a la casa de la viuda, esperando encontrarla desolada, ya que siempre fue muy feliz con su marido. La sorpresa de Edith fue grande cuando, estando frente a la señora, sintió que emanaba de ella una gran paz.

Anne Reinach contó a Edith cómo su esposo y ella se habían convertido al cristianismo en 1916, y lo que significaba la Cruz de Cristo, que compartía con el Señor en estos momentos dolorosos. Edith se quedó muy asombrada y en su corazón y en su mente empezaban a forjarse algunos cambios que la desconcertaban.

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