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Edith Stein: de filósofa judía a mártir cristiana - Cap IV De la escuela a la guerra

Aunque la mamá de Edith la había educado en la religión judía, ella en este momento se consideraba atea; sin embargo, ante la idea de que lo que buscaba era la verdad, y dado que no estaba plenamente demostrado que Dios no existía, habría que considerar la posibilidad de que podría existir.


La vida de una santa


Por lo pronto, Edith se encontró en un medio donde muchos de sus compañeros filósofos eran cristianos, y por primera vez la existencia del cristianismo empezó a despertar en ella cierta curiosidad intelectual, ya que se preguntaba cuál sería la razón para que aquellos estudiantes con una formación intelectual profunda pudieran tener fe.

Y sucedió entonces que se presentó en su tiempo una de las grandes calamidades a las que se ha enfrentado la humanidad: se inició la Primera Guerra Mundial y nadie podía quedar impávido ante lo que sucedía; su profesor la urgió a que presentara su examen profesional, lo que hizo en forma brillante, pero dejó pendiente la elaboración de su tesis para incorporarse a la Cruz Roja como voluntaria.

Muchos de sus compañeros se incorporaron al ejército. Ella sabía que las mujeres en ese tiempo tenían una participación muy restringida, pero que su colaboración en los hospitales era muy necesaria y apreciada, así que pronto estuvo dispuesta a irse, pero tuvo que enfrentar varios obstáculos. Desde luego, sus profesores trataron de impedir que se fuera porque no querían perder a una estudiante tan valiosa. Pero lo peor llegó cuando Edith se lo platicó a su mamá, que reaccionó violentamente y le dijo que de ninguna manera se lo permitiría.

La respuesta de Edtih fue determinante: “Lo haré sin tu consentimiento”. Era la primera vez que las dos tenían un enfrentamiento de esta magnitud y toda la familia se sobresaltó con la respuesta. Y así se presentó y dijo que estaba dispuesta a ir a donde se lo pidieran. Así que el 7 de abril de 1915 estaba ya en un hospital para enfermedades infecciosas en Austria en el área de tifus.

Edith no solamente se concretaba a cumplir con su labor como una profesional, sino que iba más allá y brindaba palabras de consuelo y cariño a todos los enfermos, cosa que no hacían todas las enfermeras. Cuando ya no había mucho trabajo en el área, pidió su traslado y la pasaron a la sección de quirófano.

No faltaron las situaciones desagradables. Una vez fue invitada a una fiesta de despedida de un doctor, y muchos se pasaron de copas, generándose un ambiente desagradable, sobre todo para ella que era enemiga del alcohol. Otra ocasión, un médico trató de propasarse con ella y tuvo que mostrar toda su energía y enojo para que no se repitiere nunca algo similar.

Trabajó día y noche y seis meses después regresó totalmente agotada, pero enriquecida humanamente. Pasó una breve temporada en su casa reponiendo las fuerzas perdidas y, en cuanto le fue posible, se reincorporó a la Universidad de Gotinga.

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