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Edith Stein: De filósofa judía a mártir cristiana Cap I - Un cambio de vida familiar

Esta es la historia de una mujer extraordinariamente inteligente que recorrió un camino verdaderamente sorprendente desde el pequeño poblado de Breslau, Alemania (hoy Wroclaw, Polonia), en donde nació, hasta el campo de concentración de Auschwitz, donde murió.


La vida de una santa


La vida de Edith está llena de situaciones inesperadas, de cuadros humanos a veces desgarradores que cautivan por la fuerza del personaje y que nos sitúa en momentos verdaderamente dramáticos de la historia humana.

El padre de Edith se llamaba Siegfried y su mamá Auguste, y era la más pequeña de los siete hijos que formaban la familia judía ortodoxa. El papá era comerciante de madera por lo estaba constantemente de viaje, siempre su esposa salía a despedirlo y se quedaba en la puerta hasta que lo perdía de vista. Un día de julio de 1893, como otros tantos, le dijo adiós cariñosamente, sin saber que sería la última vez que lo vería, porque al poco rato de caminar bajo el calor agobiante de ese día sufriría un ataque al corazón que lo privaría de la vida en forma instantánea.

Edith tenía entonces dos años, ya que había nacido el 12 de octubre de 1891y su mamá se enfrentaba a la vida con muy pocos recursos y con deudas porque últimamente los negocios no habían marchado muy bien. Los parientes pensaron que la señora Stein acudiría a ellos; sin embargo, la mamá de Edith resultó que era una mujer de mucho carácter, y aunque nunca había estado al frente de los negocios, decidió tomarlo por su cuenta con la ayuda de sus hijos mayores.

Pronto pudieron cambiarse a una casa que estaba junto al almacén de madera, así que la mamá podía atender el negocio y vigilar de cerca a sus hijas pequeñas que todavía no iban a la escuela. Resultó que Auguste además de trabajadora tenía intuición para los negocios y pudo pagar las deudas al poco tiempo y empezar a tener una situación económica un poco más desahogada. Sin embargo, por prevención mantuvo en su familia una forma de vida muy austera.

La hermana más cercana a Edith se llamaba Erna, era robusta y alta a diferencia de Edith que era muy frágil, pero muy inteligente; sin embargo, como siempre estaban juntas, los otros hermanos les decían las gemelitas.

Cuando los días estaban bonitos, la mamá les daba permiso de ir a jugar al almacén de la madera con algunos amiguitos, donde tenían que tener cuidado de no lastimarse con alguna astilla aunque la madera estuviera muy bien pulida. También las ponía a ayudar a sus hermanos de vez en cuando con pequeñas tareas.

El premio por portarse bien eran unas monedas que festivamente gastaban con el panadero, disfrutando de algún pequeño pastelito y compartiendo sonrisas, ya que eran muy alegres.

Pero llegó el día en que Erna cumplió seis años y se tuvo que ir a la escuela; esto dejó muy triste a Edith, por lo que la mandaron a la guardería, pero no le gustó y todas las mañanas era una verdadera batalla campal para llevarla.

Al fin, a los seis años la llevaron a la escuela, y eso sí que le gustó, pues en seguida se le vieron los deseos de aprender y ser desde pequeña de las mejores estudiantes, cosa que se le facilitaba enormemente por su inteligencia, pero empezó a cambiar y de ser muy impulsiva pasó a ser más tranquila e inclusive un tanto reservada.

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