Últimas noticias:

Los candidatos frente a su creencia religiosa

Los candidatos a la Presidencia de la República están siendo interrogados sobre sus creencias religiosas. ¿Cómo están respondiendo? ¿Cómo deberían responder?

Lee unas reflexiones al respecto:


Candidatos y su religión


"Soy católico", dicen los candidatos, pero...

Hace unas décadas a nadie se le hubiera ocurrido que los candidatos a ocupar puestos de elección popular en países como México debieran responder preguntas acerca de la religión que profesaban, o acerca de lo que piensan sobre algunos asuntos vinculados con la religión. Como efecto de algunos resabios de la historia, y para salvaguardar un cierto espacio de libertad de acción, el mundo de los políticos y el de la religión habían decidido fingir un desdén mutuo. Religión y gobierno parecían ser dos galaxias separadas entre sí por millones de años luz. La laicidad galopante era el modo adecuado de sobrevivir. Hubiera sido un escándalo mayúsculo hace algunos lustros el que algún funcionario del gobierno o un político de renombre fuera visto en el interior de un templo durante una celebración religiosa. Las autoridades religiosas, por su parte, trataban de mantener un perfil bastante bajo en todo aquello que rozara con la política. Hasta que llegó un momento, no presentido por ninguno de los dos bandos, en que la sociedad, forzada por ese distanciamiento artificial a vivir una doble vida, debió enfrentar cuestiones novedosas, de gran trascendencia, que demandan una visión clara y un posicionamiento explícito de ambas esferas. Las decisiones del Estado respecto a tales cuestiones necesariamente tendrán desde ahora una resonancia importante en la concepción moral ciudadana, y por lo mismo, en la vivencia de la fe de los creyentes. A partir de entonces y cada vez con mayor insistencia, la ciudadanía se dirige a la religión para preguntarle qué debe hacer en cuestiones sociopolíticas, y a los políticos les pregunta cuáles es su posición respecto a asuntos morales importantes vinculados de alguna manera con la fe. Tal es el caso de temas como el aborto, la eutanasia, la unión de personas del mismo sexo, la educación sexual en los planes escolares, etc.

Por parte de la religión, al menos de la Católica, la respuesta a esas cuestiones es tan clara y perfectamente definida hoy día como lo ha sido siempre. Si la Iglesia no se había pronunciado tan clara y contundentemente sobre estos asuntos años atrás era porque, por un lado, era de casi todos conocido su pensamiento, y por otro lado, tales temas no habían merecido un nivel de atención pública como el que ahora están mereciendo a nivel mundial. Pero basta echar una mirada -por citar un ejemplo- al capítulo primero de la Carta a los Romanos, escrita en las primeras décadas de la historia de la Iglesia, para percatarse que esos temas siempre han formado parte de su enseñanza moral. El sustento científico, teológico, bíblico y filosófico sobre el que se construye el cuerpo de la doctrina moral de la Iglesia ha sido difundido, enseñado y publicado por ella en todos las maneras posibles. La respuesta del Estado, contrariamente, no ha sido clara, ni cuenta con más sustento que la voluntad de algunos sectores gubernamentales o sociales, los cuales frecuentemente ni siquiera alcanzan una mayoría ciudadana. Es lógico que así suceda. Ni el Estado ni ninguna mayoría ciudadana puede constituirse en criterio de moralidad. Consecuentemente, las acciones que el Estado emprende en este campo siempre cojearán moralmente, carentes de verdaderos sustentos científicos y filosóficos, y continuarán renuentes a apoyarse en argumentaciones teológicas.

La frecuencia y la intensidad, sin embargo, de los cuestionamientos hechos sobre estos temas por parte de la ciudadanía no merman. Al contrario. Y los candidatos ya no pueden llenar el expediente con dar respuestas vagas, difusas. Se ven obligados a responder en forma específica. Para los candidatos sin creencia religiosa alguna la pregunta no representa dilema alguno. Su respuesta, la única que necesitan, es muy cómoda. Basta que se declaren observantes de las leyes promulgadas hasta hoy a ese respecto. Éstas son producto de decisiones mayoritarias, y eso es lo que cuenta para ellos, sin que su valor moral haya sido parte de los debates que condujeron a su aprobación. Quienes sí se ven colocados en posiciones incómodas son los candidatos que afirman estar adheridos a una determinada creencia religiosa. En especial si se trata de la Iglesia Católica, habida cuenta que algunas de las leyes, decretos o jurisprudencias emitidas recientemente por los diversos poderes del Estado mexicano están en abierta contraposición con la doctrina moral de la Iglesia.

En la respuesta dada a estas preguntas por algunos de los actuales candidatos, en especial los que contenderán por la Presidencia de la República, se nota la influencia de la postura adoptada por sus contrapartes gringos. Confiesan éstos ser católicos, pero aclaran que cuando se trate de "cumplir y hacer cumplir la ley", de acuerdo al juramento que hacen al tomar posesión de sus cargos, dejarán que la ley, incluso la declarada inmoral por la Iglesia, sea su guía. Fue muy criticado en las redes sociales norteamericanas, al menos en las católicas, quien fuera compañero de fórmula de Hillary Clinton en las pasadas elecciones presidenciales de ese país, Tim Kayne. Él declaró en repetidas ocasiones que si bien él es "fiel" hijo de la Madre Iglesia, consideraba que actuar en el gobierno de acuerdo a las enseñanzas morales católicas constituía una imposición de su fe sobre sus conciudadanos que no la compartían. La explicación de Kayne, y de los políticos que se amparan en ella para evadir su obligación de actuar católicamente, no es defendible ni siquiera desde el aspecto politico. ¿Qué motiva a una persona a presentarse como candidato a un puesto público? ¿No es precisamente el deseo de gobernar siguiendo la visión que esa persona tiene de cómo deben ser las cosas para lograr el Bien Común? No se trata, claro, de imponer en forma dictatorial, tiránica, la propia visión, sino de convencer a la mayoría de que esa visión es la mejor. Tim Kayne no quería "imponer" la moral católica sobre sus conciudadanos, pero sí estaba dispuesto a ayudar a Clinton a imponerles su "moral". Y lo mismo quieren hacer nuestros candidatos de llegar a Los Pinos.

A los candidatos que han manifestado ser católicos se les pide que sean congruentes.

No traten, señores candidatos, de engañarse a ustedes mismos diciendo que cumplir y hacer cumplir leyes injustas es su obligación como funcionarios públicos. Eso únicamente fortalecerá a quienes han impuesto tales leyes; habrán dejado ustedes que los malandrines le impongan a la ciudadanía su visión torcida del mundo. Tampoco traten de imponer sus convicciones católicas por la fuerza. Claro. Pero si ustedes son católicos, y están sinceramente luchando por hacer de México una patria ordenada, justa, empeñada en el Bien Común, deben estar al tanto de las razones científicas, filosóficas y teológicas que constituyen los cimientos de la enseñanza moral de la Iglesia. Usen esas razones en forma adecuada, propositiva, de tal modo que convenzan a la mayoría de la población de que las leyes inmorales son contrarias al Bien Común, y de que lo que ustedes ofrecen son leyes enraizadas en la naturaleza humana, para la felicidad de la Nación y la conquista del Supremo Bien. El pueblo mexicano lo (la) respaldará, si usted le habla con franqueza -tiene usted a la mano la maquinaria presidencial de comunicación- de lo que hace en favor del matrimonio y la familia.

El candidato que resulte triunfador dedicará gran parte de su mandato a enviar iniciativas de ley al Congreso de la Unión. Pedirá que se reforme o se emita esta ley, que se derogue aquella. Presupuestos, policía, relaciones exteriores, energía, servicios de salud, etc. serán el contendido de algunas de ellas. Si el candidato triunfador es cristiano, católico para mayor especificidad, deberán enviar al Congreso iniciativas que defiendan la vida desde su concepción, que protejan el matrimonio y la familia. Tales asuntos no son de menor importancia a la hora de edificar el Bien Común. La vida de miles de mexicanos, de sus matrimonios y sus familias son temas igual o más importantes que cualquier otro que pueda el presidente tratar.

Y finalmente, deberá estar dispuesto a dar razón de su esperanza.

 

@yoinfluyo

redaccion@yoinfluyo.com

 

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo