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La próxima luna llena: la Pascua

Hace unos días, el viernes 2 de marzo, de regreso a casa por la noche, pude admirar la luna llena. La luna llena siempre me asombra por su belleza, y me produce una sensación de paz por la calidad de la luz que refleja, pero en esta ocasión a esas emociones se añadió otra. La que ví es la primera luna llena de marzo. Esto quiere decir que la siguiente vez que la Luna se nos muestre totalmente llena la Pascua estará muy cerca.


Luna llena


Luego de años de estudios y debates sobre la fecha en que debería celebrarse la Pascua cristiana, la Iglesia Católica determinó que fuera en el domingo más cercano a la primera luna llena de la primavera. Como este año la primavera da inicio el martes 20 de marzo, y la luna llena más cercana aparecerá en el cielo el sábado 31 del mismo mes, esa misma noche los católicos de todo el mundo estarán celebrando la Vigilia Pascal bajo su luz. Y el día siguiente será el domingo de Resurrección. No es mera coincidencia que la Pascua esté alineada con el inicio de la primavera, la estación del renacimiento anual de la naturaleza -su tránsito de la muerte invernal al florecimiento de la vida-. Tampoco es coincidencia que la Pascua original, la de Jesús, se haya desarrollado en el marco de la Pesach -Pascua- hebrea. La de Jesucristo da pleno sentido a lo que la Pesach ya vislumbra, del mismo modo que la historia del pueblo judío es el elegido para que en él Dios inicie la operación de salvación que tendrá su culminación cuando en el hombre Jesucristo inaugure el reino de Dios.

La Pesach es la fiesta que anualmente recuerda al pueblo judío el evento asombroso de su liberación triunfante de la esclavitud egipcia. Es el recuento, y la actualización, de ese acontecimiento en el que, gracias a la fuerza de Dios, los hebreos que habían sido sometidos a la esclavitud por el faraón, fueron liberados de ella y pudieron encaminarse a la Tierra que Dios había prometido a Abraham. Este recuento, realizado aún hoy día durante el Seder, la cena pascual judía, forma parte también, en un formato distinto, claro, de la Vigilia Pascual católica. Las múltiples lecturas que detallan en esta liturgia la intervención divina en favor de la liberación del hombre semejan la Haggadah hebrea. El efecto de la celebración de la Pascua cristiana, sin embargo, no es la liberación de una esclavitud como la que afligió a los hebreos en Egipto, sino la liberación del pecado que, al esclavizar al hombre, lo hace temer la muerte y lo vuelve incapaz de amar a los demás.

No obstante todo lo anterior, el objetivo de la presente reflexión no es, aunque pudiera parecerlo así, una búsqueda de parentesco litúrgico entre las celebraciones pascuales de católicos y judíos, sino subrayar la acción divina, gratuita y maravillosa, patente en ambas, en favor de nuestra libertad. La Pascua, la muerte y resurrección de Jesucristo, que hizo posible nuestra libertad, es el punto culminante de la historia de amor que el mismo Dios había venido escribiendo desde que eligió a Israel como su pueblo, y que sigue escribiendo en la vida de cada uno de nosotros.

La primera luna llena de este marzo me recordó eso. Me recordó que mi vida también resucitará. La vida cristiana es nuestro camino hacia la Tierra Prometida.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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