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Los católicos ante las elecciones de 2018

Una vez más: El reto de los católicos en año electoral.


Católicos y elecciones


Cada tres o seis años los mexicanos nos vemos -o seria bueno que nos viéramos- en la necesidad de perder un poco de sueño para decidir por quién tenemos que votar para ocupar cargos legislativos y ejecutivos en el gobierno. Esto no es ninguna novedad. Sería raro que un candidato reuniera todas las características necesarias para hacerse universalmente aceptable y que fuera fácil decidir al respecto. Es natural que así sea. Mas esta esta dificultad natural, sin embargo, se ha agravado exponencialmente en México. Las condiciones cada vez más turbias y poco democráticas en que los candidatos son elegidos por sus partidos es un factor de esta dificultad. Añada usted a eso las personalidades e historias personales de los candidatos, así como sus discursos, carentes de propuestas claras sobre aquello que afecta la vida nacional, y el resultado es un ciudadano común lleno de dudas sobre quién merece su voto. Mas esta dificultad, que afecta a todo ciudadano por igual, se vuelve fuente de angustia acuciante para el ciudadano católico. Para este último, la verdad y el bien son -o deben ser- los factores determinantes en sus decisiones, de modo que la decisión que tome respecto a las personas que ocuparán puestos que por su misma naturaleza afectarán la construcción del Bien Común es trascendental.

Y la presente coyuntura electoral del 2018 ha elevado el grado de angustia electoral entre los católicos.

Ni la verdad ni el bien están claramente definidos en las personas y en las las posturas políticas y planes de gobierno de los candidatos, especialmente los que aspiran a la presidencia del país. Si el ciudadano común, basado en lo que conoce de los candidatos y sus propuestas, y necesariamente afectado por las condiciones sin precedente en que se ha desarrollado la actividad electoral este año, tiene problemas para tomar una decisión satisfactoria, mayores problemas tiene el ciudadano católico. Este tiene que ser capaz de discernir entre tantas promesas de campaña y plataformas políticas aquello que realmente nace de una visión adecuada de la persona humana, de su dignidad y del respeto que merece. No puede bastarnos conocer los posibles efectos socioeconómicos y políticos de las propuestas de los candidatos. Hay que prever las consecuencias que tales efectos tendrán en la posibilidad de que cada persona logre el mayor nivel posible de auténtica felicidad en esta vida y en la futura.

Para lo anterior, el proceso de discernimiento electoral del católico debe fundamentarse en la doctrina social de la Iglesia. Tiene que hacerse algunas preguntas como: ¿Qué es un verdadero progreso socioeconómico? ¿Qué relación tiene este con la concepción cristiana de la persona humana? ¿Cuáles propuestas de los candidatos respaldan esa concepción y cuáles la desdeñan o se oponen a ella? Las respuestas a esas y otras preguntas parecidas ubicarán al católico en una posición más apropiada para decidir su voto.

La Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces por el Cardenal Ratzinger, publicó hace unos años un documento de valiosa ayuda para el católico que quiere desahogar católicamente su obligación electoral. Lo primero que destaca ese documento, "Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política", es que los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política, entendida esto, claro no únicamente como actividad partidista. No es una opción católica el quedarse en casa el día de las elecciones. Lo segundo: evitar guiarse por apreciaciones relativistas del bien y el mal. La mayoría ciudadana o legislativa no puede reclamar derechos de autoría sobre la verdad. Menos aún puede reclamar esos derechos el capricho individual. La verdad objetiva, revelada divinamente y/o descubierta por la inteligencia humana, es el único criterio de acción. "El derecho a la libertad de conciencia... se basa en la dignidad ontológica de la persona humana", dice el documento vaticano. Esta dignidad es innata e irrenunciable, como lo es la misma vida humana. Un católico, en consecuencia, nunca podrá apoyar a candidatos o partidos que promuevan leyes o actos de gobierno encaminados a afectar esa dignidad directamente -como es el caso del aborto o la eutanasia- o las instituciones que la naturaleza ha diseñado para protegerla, como es el caso del matrimonio y la familia.

Año electoral: una oportunidad más para que los católicos ejerzan su papel en el mundo, según lo describe la Carta a Diogneto: "Para decirlo en pocas palabras: los cristianos son en el mundo lo que el alma es en el cuerpo".

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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