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Por mis pistolas

La semana pasada, el senador y ex candidato del Partido Acción Nacional a la gubernatura de Colima, Jorge Luis preciado, sorprendió a propios y extraños al presentar una propuesta legislativa para reformar los artículos 15 y 16 de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, para que los mexicanos que cuentan con un arma legal (es decir, que ya aprobaron todos los requisitos y los trámites ante la SEDENA) puedan tenerla no sólo en su domicilio, sino también en su negocio o automóvil. Eso es todo. La iniciativa no plantea liberalizar el acceso a las armas, ni provocaría que de un día para otro todo mundo ande “empistolado”.



De hecho, se trata de un planteamiento muy moderado y más que comprensible ante el notorio fracaso de las autoridades de todo el país para contener la inseguridad. Por ello fue tan deprimente como sorpresivo que la propuesta se topara con un rechazo tan amplio de la clase política y de los opinólogos, que reaccionaron como si de aprobarse esta propuesta la avenida Reforma fuera a transformarse en el O.K. Corral, o como si las calles de Michoacán, Guerrero, Tamaulipas o Veracruz fueran a convertirse en tierra de nadie, supongo que en contraste con la absoluta tranquilidad de las que disfrutan actualmente.

En las reacciones hubo de todo, desde las críticas razonadas e inteligentes, dignas de tomarse en serio, hasta los delirios histéricos. Entre estos últimos, la corona se la llevó a casa la columnista de Excélsior, Yuriria Sierra, quien de plano sacó a pasear su mentalidad de infante y escribió que "lo que más debería indignarnos es que el legislador y quienes lo respalden nos sugieran que seamos nosotros los que pongamos manos a la obra para mejorar las condiciones de nuestro entorno".

En otras palabras, que el gobierno haga todo y le resuelva la vida, que eso de asumir responsabilidades ella nomás no. Peladito y en la boca, que hasta masticar le ha de resultar indignante, porque, después de todo, tiene derecho a la alimentación.

Vaciladas aparte, vale la pena tomarnos un momento para analizar un poco las cifras y el panorama de esta iniciativa, especialmente por lo que concierne a la comparación con Estados Unidos, porque muchas de las críticas iban en el sentido de que, de aprobarse la portación de armas en domicilios y vehículos, tendríamos los problemas del vecino país del norte.

Por inicio de cuentas, el argumento de que, si pasa esta iniciativa, tendremos masacres como las gringas, no resiste el primer análisis, por dos motivos. Primero, porque la propuesta no modifica el criterio en cuanto a las armas de uso exclusivo del Ejército. Usted podría traer en su coche una 22, no un lanza-granadas. Segundo, porque para masacres en México tenemos muchas más, lo que pasa es que a las de acá no les hacen tanto caso en los medios de comunicación.

Otro de los temores consiste en que, de aprobarse una mayor liberalización en cuanto a las armas de fuego, México podría caer en los supuestos escenarios de guerra desatada en Estados Unidos. Sin embargo, la realidad es que esta violencia existe mucho más en la percepción de la prensa que en los hechos.

Para acabar pronto, la tasa anual de homicidios en Estados Unidos (en 2014) fue de 5.1 por cada 100,000 habitantes, la de México (en 2012) fue cuatro veces mayor, llegando a 21 homicidios por cada 100,000 habitantes. ¿Por qué, entonces, tenemos una percepción de Estados Unidos como un país tan violento? Porque la prensa hace un escándalo inconmensurable de cada hecho de violencia que sucede en ese país, pero no le dedica, ni de lejos, la misma cobertura a los actos de violencia cuando suceden en México. Es decir: la percepción en cuanto a las muertes por armas de fuego es mucho más el producto de un juego de espejos mediáticos, que de una visión real.

Y como ejemplo de que incluso la plena liberación de la posesión de armas como parte de la defensa de los fundamentales derechos a la vida, la libertad y la propiedad, no resulta en un apocalipsis estilo Rambo, veamos el caso de Texas y Arizona: Tienen algunas de las leyes de portación de armas más permisivas en Estados Unidos y su índice de homicidios 4 veces menor al de México. No es el viejo oeste (que, por cierto, era mucho más pacífico que en las películas).

Pero vamos más allá, ¿qué pasa con los crímenes con violencia? De acuerdo con datos de Naciones Unidas, durante el 2013 en México se reportaron más de 728,000 asaltos. Si consideramos que, de acuerdo al propio INEGI, más del 90% de los delitos no se denuncia, eso nos lleva a una cifra real superior a los 7 millones de robos violentos al año. Para ponerla en perspectiva, esto significa que la cifra real de asaltos en México es (proporcionalmente) hasta 60 veces superior a la de Estados Unidos (donde se registraron tan sólo 345,000 en ese mismo año).

¿Por qué? La respuesta es muy sencilla. Porque en México los asaltantes saben que pueden robar a sus víctimas con casi total impunidad y casi sin ningún riesgo.

* Con impunidad, porque apenas entre 1% de los delitos cometidos en México resultan en sentencia condenatoria, de acuerdo con el informe presentado a principios de año por la UDLA-Puebla como parte del Índice de Impunidad Global México. A un ratero de barrio, lo peor que podría pasarle es que los arresten los policías, ¿y qué sucede entonces? La burla. Los rateros salen más rápido de cómo entraron. Para muestra un par de botones. En mi municipio se informó el trienio pasado que la Dirección de Seguridad Pública tiene identificados a dos delincuentes de postín. A uno lo han detenido 277 veces y a otro 179, acusados de asalto, robo de vehículos, delitos contra la salud y otras buenas obras, a pesar de lo cual ambos (al menos hace dos años) caminaban libres y contentos por las calles. Y casos como esos seguramente hay miles en todo el país.

* Sin ningún riesgo, porque el asaltante tiene la casi absoluta seguridad de que sus víctimas están desarmadas, por lo que no podrán defenderse. Peor aún, en caso de que a alguna de sus víctimas se le ocurra sacar su arma, será ella la que esté en peores problemas con la “justicia”. Lo mismo aplica para los casos de defensa propia dentro de los domicilios. En lo que son peras o son manzanas, la víctima que se atreva a defenderse deberá atravesar el Maelstrom de la burocracia judicial antes de recuperar plenamente su libertad.

En este punto, muchos opositores a la propuesta volverían al mantra de que “no somos Estados Unidos” y de que “Estados Unidos tiene menor índice delictivo porque cuenta con un sistema de procuración de justicia más sólido".

Completamente de acuerdo, pero no olviden que justamente el respeto al derecho de los ciudadanos a poseer armas y proteger con ellas de manera legítima sus vidas, su patrimonio, su hogar y el de su familia, es uno de los elementos que fortalece este sistema de procuración de justicia. Hacer lo propio en México, incluso cuando se trate de una iniciativa tan moderada como la que presentó Preciado, quizá no sea toda la respuesta, pero es un buen inicio.

Por eso, ante el indiscutible fracaso de las instituciones supuestamente especializadas en el combate al crimen, que está más que documentado y experimentado todos los días por millones de personas, no estamos como para darle lecciones de moral a los gringos, ni como para presumir el “logro” de estar desarmados, como si eso nos volviera mejores. No, eso sólo nos vuelve víctimas.

Por cierto…

Trump le ganó el debate a Hillary y vive para pelear otra semana. ¡Qué triste elección para los gringos, entre un patán de concurso y una corrupta de reclusorio! Margarita Zavala, Anaya, Chong, Meade y hasta Mancera están menos peor.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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Comentarios  

#1 Felipe Nunez 12-10-2016 17:50
Me pregunto, si todos los Sres. diputados y senadores no tienen en su poder alguna pistolita?, entonces porque los ciudadanos no podemos tenerla.
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