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5 Lecciones de Gloria

Si usted visita páginas liberales, libertarias o de derecha en las redes sociales (o tiene algún amigo que lo haga y le comparta enlaces), lo más probable es que más de alguna vez se haya topado con los vídeos de Gloria Álvarez. La escritora y conductora guatemalteca se convirtió en todo un fenómeno de popularidad a nivel América Latina con su discurso en contra del populismo, que le ha permitido superar los 350 mil fans en Facebook, más de 91 mil seguidores en Twitter y millones de reproducciones de sus videos en YouTube.



Esa popularidad le ha permitido recorrer todo el Continente como conferencista y ser invitada a programas de radio y televisión, además de posicionarse como una de las figuras políticas más relevantes de su país, al encabezar el Movimiento Cívico Nacional. La biografía viene a cuento porque Gloria brincó una vez más a los titulares cibernéticos con un nuevo video, aunque en este caso se trata de la grabación de una llamada telefónica en la que amenaza a su interlocutor usando lenguaje que, decente como soy, no me atrevo a repetir en estas líneas (pero, por supuesto, si usted tiene curiosidad, le comparto el link, porque ya hay hasta versión dance).

Más allá del morbo, el escándalo es una oportunidad para recordar 5 lecciones que aplican, no sólo para los líderes de opinión, sino para todas las personas que convivimos, trabajamos, y más de alguna vez nos peleamos, en este mundo digital, donde nada se va por completo. Aquí algunos puntos a tener en cuenta:

1. TRATAR CADA CONVERSACIÓN COMO SI FUERA INFORMACIÓN PÚBLICA: seamos sinceros, la privacidad siempre tuvo un poco de mito, pero actualmente ha desaparecido por completo. El hecho es que todo lo que hacemos es susceptible de ser grabado y retransmitido. Hay dos formas de evitar la paranoia en un entorno como éste: la primera, es escapando a una cabaña desconectada del mundo, en las montañas de Nepal; la segunda consiste en tratar todos nuestros actos y conversaciones como si fueran información pública.

Por supuesto, esto es más fácil de decir que de hacer. De hecho, el escándalo de los correos electrónicos de Hillary Clinton se debe justamente a que, para evitar que sus conversaciones se trataran como información sujeta a registro público, utilizó un servidor privado para sus e-mails, contraviniendo disposiciones legales y detonando la investigación del FBI. Irónicamente, tratando de evitar que sus conversaciones fueran conocidas, Hillary no sólo se puso en la mira de los fiscales, sino que provocó que sus comunicaciones quedaran más expuestas a la labor de hackers extranjeros.

En el caso de Gloria, el ríspido lenguaje de la conversación telefónica refleja un vocabulario que ella normalmente jamás habría usado en público. Así que una regla de buen cubero para saber si conviene hacer o decir algo “en privado" es asumir que se trata de información pública; por lo tanto, si es algo de lo que uno se avergonzaría si saliera en prensa, lo mejor es (de plano) no hacerlo.

2. NO HABLAR (O ESCRIBIR) EN UN MOMENTO DE ENOJO: todos, absolutamente todos, nos enojamos, y al hacerlo, decimos estupideces. La clave está en no decírselas en una llamada telefónica a alguien a quien estamos tratando como enemigo. Si otra persona nos juega chueco, debemos reclamarle sólo hasta que ya estemos con la cabeza fría y doblemente conscientes del primer punto. Esto aplica no sólo para las conversaciones telefónicas, sino también para las redes sociales, incluyendo los mensajes directos, e incluso para aplicaciones como Telegram o Snapchat, pues no importa que el mensaje sólo viva durante unos cuantos segundos, más de alguien puede tomarle foto y convertir lo que debería ser una frase fugaz en una imagen para la posteridad.

Si de plano es inevitable mentar progenitoras, la opción menos riesgosa es encerrarse en un cuarto y hacerlo a solas, desahogar el coraje y sólo entonces comunicarse con la otra persona, haciéndolo ya no con la bilis, sino con el cerebro.

3. ASUMIR LA RESPONSABILIDAD: sin importar el control de daños que se haga, cuando alguien dice lo que expresó Gloria respecto de su país, es muy complicado recuperar al 100% su imagen. Sin embargo, el reconocer inmediatamente la responsabilidad, como lo hizo ella a través de otro video, manda una señal de madurez que contrarresta, al menos en parte, la imagen de puerilidad reflejada por la conversación original y sienta las bases para recuperar, eventual y difícilmente, el prestigio que ha quedado en duda. Si, por el contrario, ella se hubiera andado por las ramas respecto a si la grabación era verídica o no, a la infamia de las ofensas se habría unido la desconfianza. En cambio, así a todos les queda claro que la conductora podrá ser grosera, pero no cobarde.

4. NO PELEARSE POR TELÉFONO (O INTERNET). Decía Aristóteles que cualquiera puede ponerse furioso, lo difícil es estar furioso con la persona correcta, en la intensidad, el momento, el motivo y la forma adecuada. En estos tiempos el teléfono o el Internet no son nunca el lugar oportuno para soltar la furia, porque es muy fácil grabar cualquier exabrupto y porque en estos medios no tenemos acceso directo a la otra persona, como para observar sus reacciones corporales o (en el caso de los mensajes escritos) su tono de voz, que suelen ser fundamentales para orientarnos en la búsqueda de esa transmisión adecuada de nuestro enojo.

Si realmente es muy necesario poner como lazo de cochino a alguien, lo ideal es hacerlo en persona (y pedirle a Dios que no lleve micrófonos), con la mayor tranquilidad posible, apelando a hechos, más que sentimientos.

5. NO DECIR “MALAS PALABRAS”. Sí, los libertarios defendemos la libre expresión, pero esto no significa, en el mundo real, que sinceramente podamos sacar a toda la marabunta de leperadas en una sola conversación y esperar que no haya consecuencias. Vaya que me duele decir esto, pero (salvo excepciones en las que una grosería está pensada estratégicamente para transmitir el mensaje con una fuerza que de otro modo no proyectaríamos) lo ideal es hablar con un lenguaje apropiado, dejando las mentadas para los alumnos de secundaria.

Nuevamente, esto es mucho más difícil hacerlo que decirlo, pero si de algo han de servir escándalos como el que sufrió Gloria Álvarez, es para ayudarnos a todos a experimentar en cabeza ajena, porque en estos tiempos los “pájaros en el alambre” y los videos estilo Carlos Ahumada ya no son un riesgo sólo para los muy poderosos, sino para todos.

Y más vale prevenir que lamentar, especialmente cuando el lamento es por haber mentado.

Por cierto…

Este domingo falleció el extraordinario escritor y periodista Luis González de Alba. Ojalá el Senado de la República cumpla su último deseo. La medalla Belisario Domínguez para Gonzalo Rivas, que salvó a cientos de personas, a costa de su propia vida.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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