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Regresó la inquisición, y te va a quemar

Un delirante tinterillo europeo, de cuyo nombre no quiero acordarme, escribió alguna vez que la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa, y eso está pasando con la inquisición, que oficialmente está de regreso, disfrazada ya no de religión, sino de buenismo y respaldada, ya no con un ejército de soldados, al servicio de la sagrada fe; sino con la fe de un ejército de burócratas, al servicio de la sagrada regulación.



Me explico: hace una semana se murió Juan Gabriel, y para las 4 de la tarde de ese día ya había ascendido al cielo del Facebook y se había convertido en dogma: mejor cantante que Pavarotti, mejor escritor que Cervantes y hasta mejor cocinero que la monjita de Masterchef. Resultó que todos oían a Juanga y todos lo consideraban su máximo ídolo, igual que a David Bowie ¿David…qué? hace unos meses.

Entre la marea de halagos que le cayeron al fantasma de Juanga dentro de las columnas de opinión publicadas en los días siguientes a su muerte destacó el curioso panegírico que le dedicó en las páginas de Milenio, el entonces todavía encargado de TV UNAM, Nicolás Alvarado.

Destacó para mal, porque Nicolás escribió una columna titulada “No me gusta Juanga (lo que le viene guango)” donde Alvarado reconoce que su clasismo le impidió en su momento valorar a Juan Gabriel, pero, de hecho, lo alaba, reconoce la importancia del cantante incluso en el ámbito cultural y hace básicamente un mea-culpa. Si de alguien se burla en ese artículo es de sí mismo.

Desgraciadamente la prosa snob del exintelectual de Televisa desató un escándalo, ¿Por qué? Porque los facebookeros no saben leer, o al menos no comprenden lo que leen; vieron que el artículo de Alvarado no cumplía con el guión adulatorio normal, lo malinterpretaron y se lanzaron a una de sus acostumbradas pataletas, que se hizo “viral” gracias a la complicidad de editores perezosos en la prensa tradicional, de esos que con cada tema que acumula dos tuits construyen una nota al estilo de “¡SE ENCIENDEN LAS REDES EN POLÉMICA!”.

¿El resultado? Nicolás tuvo que renunciar a su chamba. Ya de por sí es bastante malo que la furibunda rabia de las redes se traduzca en consecuencias de este tipo, pero no es lo peor.

Horas después de su renuncia, y literalmente haciendo leña del árbol caído, los tenebrosos cófrades de el Conapred salieron de sus catacumbas para anunciar que emitieron una serie de “medidas precautorias” en contra del ex director de TV UNAM, las cuales no incluyen la hoguera (por ahora) pero sí la exigencia de una disculpa pública y un curso de “sensibilización”, todo por la acusación del clasismo por el que el propio escritor se disculpó en su artículo, que por lo visto los monjes de el Conapred tampoco leyeron (o no entendieron).

Estos tipos de el Conapred son fársicos imitadores de Torquemada y de la inquisición. Todos sabemos acerca de las hogueras y los autos de fe (que, por cierto, no mataron casi a nadie), pero la mayoría de los castigos de la inquisición eran igualitos al que hoy le encajaron a Nicolás Alvarado, disculpas públicas y penitencias por el estilo. En la primera inquisición, el penitente recorría las calles tocando una campanilla, rezando o confesando sus culpas; quizá ahora la condena consista en ir por las calles cantando el Noa-Noa a todo pulmón.

Entonces como ahora, detrás del fervor burocrático se esconde una mezcla de buenas intenciones y el rupestre deseo de control político. Lo más grave de instaurar inquisiciones es que se abre la puerta al abuso por parte de toda clase de burócratas ávidos de protagonismo al perseguir o condenar a figuras públicas, se abren espacios para las venganzas personales y con el tiempo se genera un ambiente hostil (o al menos inerte) respecto al pensamiento creativo.

De momento los inquisidores del Conapred taño (en la mayoría de los casos) se contentan con la humillación pública, pero otras inquisiciones, como la soviética, han asesinado a millones, y también empezaron “ma o meno” así.

En el mejor de los escenarios, la nueva censura mexicana es el regreso de la inquisición, pero convertida en farsa; en el peor, es un primer paso para abrirle la puerta a las purgas. En cualquier caso, como decíamos hace un año al hablar de la corrección política:

Entre el Conapred, la Inquisición, los Gulags, los comités de McCarthy y el Estado Islámico sólo hay una diferencia de grado, pero el razonamiento subyacente es el mismo: los derechos y personas sólo existen para honrar la moral del Estado…su problema consiste en creer que las propias convicciones son tan maravillosas que implican el derecho de imponerlas a los demás a través de la violencia.

Así es como empiezan las hogueras.

Por cierto…

Trump ya le empató a Hillary, y le va a ganar. Se los digo desde ahorita. Y se me equivoco, pues también se los diré. 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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