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Guerra Civil entre el poder y la libertad

Señoras y señores, paren las prensas y detengan el debate. El veredicto está emitido. “Capitán América: Civil War” es la mejor película de superhéroes de los últimos años. Los críticos le otorgan un 98% (hasta el momento, en rottentomatoes.com, que es el estándar internacional), las audiencias del mundo entero conectan con la historia, se sorprenden y salen de las salas esperando con impaciencia para regresar a ellas y disfrutar 1, 2, 3, 4 o 5 veces más de la nueva historia del Cap.


Capitán América; Guerra Civil


Sí, los efectos son espectaculares. Sí, el guión está muy bien logrado. Sí, la dirección (a cargo de Anthony y Joe Russo) es impecable; y sí, el nuevo Spiderman, encarnado por Tom Holland, es una maravillosa sorpresa, que amenaza con borrar de nuestras mentes para siempre a Tobey Maguire como punto de referencia del arácnido encapuchado. Pero eso no es lo mejor.

“Capitán América Guerra Civil” es una película extraordinaria, sobre todo por las enseñanzas y los ejemplos que podemos extraer de ella respecto a temas tan relevantes como el poder, la búsqueda de la certidumbre, la tentación burocrática, la fragilidad de los líderes y las fracturas que pueden convertir a los aliados en amargos enemigos. En primer plano están los trajes coloridos, las explosiones y de vez en cuando los chistes, pero en el fondo hay tres profundos cuestionamientos que impulsaron la trama de “Soldado del Invierno” y que permanecen presentes en esta ocasión:

El primero de ellos es: ¿Hasta qué punto podemos confiar en una autoridad centralizada y una estructura burocrática para tomar las decisiones de las que depende la vida y muerte de naciones enteras? ¿Necesariamente el Estado debe ser el proveedor monopólico de la seguridad o hay, como lo planteara Gustave de Molinari en el siglo XIX, espacio para que sea la acción privada la que, bajo las reglas del libre mercado, elija entre varias opciones de protección?

El segundo cuestionamiento está íntimamente relacionado con el primero. Es el de si el control gubernamental constituye el camino adecuado para garantizar la seguridad y si vale la pena ceder nuestra libertad a cambio de esa supuesta protección. En “Guerra Civil” el conflicto entre los bandos encabezados por el capitán América y Iron Man se detona a raíz de los “Acuerdos de Sokovia”, un documento elaborado por las Naciones Unidas, con el objeto de controlar y registrar a los superhéroes, como una forma de contrarrestar la inseguridad global generada tras los sucesos de Nueva York (los vengadores), Washington D.C. (capitán América y el soldado del invierno) y Sokovia (los vengadores: la era de Ultron).

Sin embargo, si lo pensamos fríamente, ¿en serio estaría más seguro el mundo con los Vengadores convertidos en empleados al servicio de Peña Nieto?, ¿o de Obama, o de Merkel, o de Putin, o de cualquier otro político?

La verdad es que tanto puede cometer errores una persona aislada, como puede hacerlo una multitud o una institución, pues la falibilidad es parte de la naturaleza humana y no desaparece cuando un grupo de personas se disfraza de Iron Man, pero tampoco cuando se disfrazan de traje y asumen para sí los títulos de “Gobernador”, “Presidente” u “Organización de las Naciones Unidas”. De hecho, el potencial de errores y de abuso aumenta, porque se centraliza la toma de decisiones, lo que implica mayores problemas para adquirir e interpretar grandes cantidades de información, además de incrementar el incentivo para corromperse. La triste realidad es que nadie mataría a un extraño a cambio de una lata de Coca-Cola, pero muchos lo harían a cambio de un millón de dólares.

Finalmente, la tercera pregunta: ¿Es posible prevenir los efectos corruptores de la tentación del poder y de la estabilidad burocrática, que tiende a cerrar los ojos ante cualquier realidad que ponga en duda el confort de los funcionarios? Es esta corrupción la que destruye lentamente a SHIELD (al ser invadido completamente por Hydra en la película anterior) y que ahora amenaza con destruir mucho más que la amistad entre los integrantes de los vengadores.

La paradoja es que, por una parte, la institucionalización de las decisiones y la “domesticación de la fuerza” por medio de los procedimientos administrativos, genera en muchas personas una ilusión de seguridad, pero la realidad es que esa supuesta certeza termina multiplicando los peligros que estaba diseñada para prevenir.

Los ejemplos de este fenómeno están por todos lados:

La prohibición de las drogas, que en teoría debería mantenerlas lejos de las calles, ha generado una industria con el poder de controlar países completos.

Los controles de precios, que supuestamente deberían brindar certeza respecto al costo de un producto, provocan escasez y alimentan mercados negros donde los costos se multiplican.

Las restricciones a la portación y almacenamiento de armas, que en el papel debería reducir la violencia y prevenir la acción de los criminales, en la práctica deja a los civiles indefensos, mientras que los delincuentes transforman a las armas de fuego en su monopolio, uno que el gobierno es incapaz de combatir.

Las restricciones al derecho a la legítima defensa, que idealmente habrían de prevenir abusos, en la práctica alientan a los delincuentes, porque saben que sus víctimas no se defenderán, pues lo más que pueden hacer es denunciar, e incluso entonces, a lo único que se enfrentarán los malandros es a una estructura de Ministerios Públicos obviamente inepta.

Por eso, el Capitán América tiene razón. El derecho a la legítima defensa y a la seguridad reside por inicio de cuentas en los ciudadanos y en la esfera de la acción particular. Cuando el gobierno convierte a los Vengadores en burócratas, trastoca la libertad a cambio de una falsa seguridad. Entonces (spoiler alert) los villanos ganan, la gente muere y la incertidumbre de la acción individual se convierte en la certeza de la corrupción pública.

 Por cierto…

Hace un año Trump era un chiste, hoy es prácticamente el candidato ganador de la interna republicana. Hoy en México, también hay varios “chistes”, no descartemos a ninguno de aquí al 2018. Después de todo, gane el que gane, llegando al poder se burlan de los votantes.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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