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Por lo menos disimulen

Decíamos hace unas semanas que no hay nada que ejemplifique mejor la chunga de nuestra “partidocracia” que la unión de panistas y perredistas… para apoyar a un candidato del PRI. Esta ridiculez, que ya vimos en estados como Puebla, Sinaloa, Oaxaca, Chiapas o Nayarit, se repetirá en el estado de Quintana Roo, con Carlos Manuel Joaquín González, priista de toda la vida, que “coincidentemente” descubrió su vocación democrática justo después de que no le dieron la candidatura de su partido a Gobernador del Estado.


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Ahora el señor Joaquín resultó hasta admirador de Manuel Gómez Morín y será candidato, pero del PAN y del PRD, enfrentándose al mismo PRI al que pertenecía hace menos de un mes. ¿En serio alguien le creerá que en 3 semanas tuvo una epifanía y abjuró de todas las corruptelas y abusos priistas, de los que tanto se quejan los azules y amarillos? ¿En serio habrá alguien que no se dé cuenta de que a este candidato lo mueve la más corriente y chafa de las ambiciones y que, llegado el momento, con la misma mano en la cintura con que abandonó al PRI, traicionará al PAN?

Si esto le parece patético, lo siguiente le hará vomitar. Hace unos meses el Partido del Trabajo estuvo a punto de perder el registro, superando apenas por unos milímetros el umbral de 3% de los votos requeridos por la ley. En consecuencia, para esta legislatura el PT no tiene grupo parlamentario y eso significa que no puede acceder a la repartición del pastel; hasta ahí sería algo normal para nuestra partidocracia.

Lo indignante es que el PT “creará” su grupo parlamentario “tomando prestados” a dos diputados federales del PAN. Leyó usted bien: decenas de miles de personas votaron por ellos para que los representaran a través del Partido Acción Nacional, pero ahora serán del Partido del Trabajo. Sí de ese mismo PT que le manda cartitas de amor al dictador de Corea del Norte, que tiene 25 años con la misma dirigencia y que promueve una visión de país radicalmente distinta a la que en teoría proponen los panistas.

¿Por qué se llegó a esta grotesca situación? Porque (según publica El Universal) el acuerdo es que esos diputados panistas y ahora petistas “se queden con la coordinación parlamentaria, el manejo de los recursos de la fracción y el espacio en la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados. Es decir, que el Partido del Trabajo se quede con la presencia política y el PAN con el billete. Además, esos dos diputados fueron el precio que cobró el PT para aliarse con el PAN en las elecciones a gobernador en el estado de Puebla, de cuyo resultado dependen las aspiraciones de Rafael Moreno Valle como candidato a la Presidencia de la República en 2018.

Para decirlo claro: el PAN (demócrata-cristiano) le prestará 2 diputados federales al PT (comunista) a cambio de que éste apoye al PAN en Puebla y respalde los sueños presidenciables del priista Rafael Moreno Valle.

¿Cómo es posible? Simple, porque en el fondo ni el PAN, ni el PRD, ni el PT (y tampoco Morena) son más que una franquicia intercambiable. Sus principios son meras estrategias publicitarias para ganar los votos de un público determinado. Son como las estrellas de lucha: “tipos rudos” que se gritan en público las sandeces que acordaron de antemano. Sin embargo, incluso en la lucha libre es necesario por lo menos conservar las apariencias, y el problema es que, en su avaricia, los partidos mexicanos ya ni siquiera están cumpliendo con ese requisito elemental. Ya ni siquiera tienen la decencia de esforzarse para engañarnos.

Ante lo grotesco de esta realidad, sólo queda una cosa por decir: Estimados minions de la partidocracia, entendemos que les valen gorro los principios de su partido, que no tienen ni una pizca de vergüenza o que a cambio de un cargo están dispuestos a venderle el alma al diablo y el cuerpo al carnicero, pero, por lo que más quieran (si es que quieren algo) y por vergüenza (si es que algo les queda), por lo menos disimulen.

Por cierto…

Muchos se quejan del silencio de Peña Nieto ante las sandeces de Donald Trump, pero esta vez el copetudo (el de nuestro lado del río, aclaro) tiene razón. ¿Por qué habría de responderle el Presidente de México a un tipo que no sólo no es presidente, sino ni siquiera candidato de su partido? Peña ha hecho bien en no entrarle al juego de Trump, responderle sería engordarle el caldo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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