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Guanajuato, la arriesgada apuesta (que parece funcionar)

El pasado 22 de diciembre, la periodista Perla Oropeza publicó en El Financiero una entrevista a Héctor López Santillana, titulada: “Guanajuato: el poderoso clúster automotriz en el que nadie creyó”, la cual vale la pena leer y comentar, no sólo porque nos ofrece una ventana en primera persona al proceso que dio como resultado el gigantesco clúster guanajuatense, sino porque constituye un excelente punto de partida para analizar en su mérito y en sus riesgos la gran apuesta que ha consolidado el gobierno de Guanajuato desde mediados de los años noventa.


Guanajuato


Hace un par de décadas, el estado donde “la vida no vale nada” tenía frente a sí un futuro complicado. Su gran vocación era la agrícola; pero, después de ser “el granero de México” a mediados del siglo XX, las perspectivas estaban a la baja, y una historia similar contaban los ganaderos en la zona de Pénjamo. El corredor industrial lo era más de nombre que en los hechos y León era la única ciudad que medio se defendía gracias a su industria de la piel y el calzado, pero incluso esta actividad (mal pagada y muy contaminante, en términos generales) estaba en riesgo ante el proceso de globalización, que inevitablemente abrió los mercados de México a la producción de países como China y Vietnam.

La respuesta de las administraciones estatales fue una apuesta tan audaz como arriesgada para transformar radicalmente la vocación productiva y el rostro de la sociedad, pasando de la agroindustria al sector automotriz-tecnológico (y por consecuencia, el de servicios). Para ello, necesitaban inversiones internacionales multimillonarias, y las consiguieron a través de subsidios, fideicomisos y apoyos varios.

En la práctica, los ciudadanos de a pie y las empresas locales subsidian a las multinacionales (a través de los impuestos que se usan para financiar los grandes proyectos), con la esperanza de que éstas, a su vez, detonen un círculo virtuoso de inversión, empleo y consumo, que eventualmente beneficiaría a las empresas locales, al convertirlas en proveedoras de los recién llegados y aumentar el tamaño de los mercados estatales con los nuevos ingresos de los empleos generados.

¿El resultado? Hoy Guanajuato es uno de los mayores imanes para las inversiones a nivel nacional; de 2006 a 2015 llegaron al estado casi 13 mil millones de dólares en inversión productiva, que se traducen en casi 100 mil empleos comprometidos. Irapuato es uno de los más claros ejemplos de la apuesta guanajuatense. Era un municipio casi únicamente agropecuario, que tan sólo de 2012 a 2015 atrajo inversiones por 2 mil millones de dólares y 13,400 empleos.

La transformación va a la velocidad del rayo y, sin embargo, como bien nos recuerda López Santillana en la citada entrevista, no son resultados de la noche a la mañana, sino que se trata de los frutos de un trabajo que se extiende durante más de 10 años.

Lo interesante del caso guanajuatense no es en sí la planeación, pues prácticamente todos los gobiernos, en todos los estados del país, han proyectado delirios semejantes, pero que nunca pasan de la etapa de los planes o se convierten en elefantes blancos. Guanajuato es la excepción. El clúster está funcionando, los planes están dando resultado. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia en Guanajuato? Van algunas consideraciones:

* En Guanajuato se trabajó con una misma visión a lo largo de varias administraciones.- Aunque la grilla noventera y de los dos-miles no fue tan monocromática como la planteaba en sus delirios el señor Álvaro Delgado, es indudable que desde 1992 en el estado gobierna, si no necesariamente el mismo grupo político, al menos sí la misma brújula administrativa. Las bases las sentó Carlos Medina Plasencia, las consolidaron Vicente Fox y Juan Carlos Romero Hicks, y las cosechó Juan Manuel Oliva, junto con Miguel Márquez. El propio López Santillana señala que “pasamos siete secretarios de Desarrollo Económico y seis gobernadores trabajando bajo el mismo proyecto. Hubo mucha continuidad”. Esta perseverancia es en sí misma un extraordinario mérito de la clase política guanajuatense, que, al menos en este tema, resistió la tentación de reinventar el mundo con cada nuevo burócrata. Ese trabajo de largo plazo es, de fondo, la gran ventaja competitiva de Guanajuato.

* Los panistas de Guanajuato son más competentes (y decentes) que los de otros estados.- Ciertamente, personajes como Fox, Oliva o Márquez no son damas de la caridad, pero al menos nunca vimos a Oliva recitando necedades de borracho (como Emilio González en Jalisco) o a Márquez construyéndose represas en su rancho (como Padrés en Sonora) y respecto a Fox, cuando fue Gobernador, el señor tuvo el buen juicio de dejar la administración cotidiana del estado en las mucho más capaces manos de Ramón Martín Huerta (q.e.p.d.), mientras que Chente se dedicaba a posar para las fotos. Al evitar los errores no forzados que tanto acosan al resto del panismo, los azules del estado han logrado aprovechar la confianza de la sociedad (y los rasgos compartidos entre la filosofía panista y la identidad guanajuatense) para evaporar a la oposición y tener el margen de maniobra que permitió trasladar los proyectos del papel a la vida real.

No todo en esta historia es color de rosa. Incluso en el mejor de los escenarios, la planeación central es incapaz de prever todas las consecuencias y los costos de oportunidad que implican sus políticas. Guanajuato ha ganado mucho, pero queda en el aire lo que hubieran hecho los individuos con ese mismo dinero, que en justicia les pertenecía a ellos y que el estado absorbió a través de los impuestos.

Al mismo tiempo, el propio éxito del clúster automotriz plantea los desafíos que lo ponen en riesgo. Las palabras de Gabriel López, presidente de Ford en México, deben sonar como gritos de alarma en los oídos de los gobernantes guanajuatenses “Infelizmente la infraestructura no está creciendo a la velocidad que crece la inversión; en consecuencia, van a tener problemas serios de infraestructura, problemas serios de capacidad… van a tener serios problemas para poder movilizarse y mantener la eficiencia que ha traído las inversiones a Guanajuato”. Y cierra con una admonición que suena a amenaza: “No van a querer que esa misma razón por la cual vinieron las inversiones, haga que se vayan, que tiene que ver con mantener la eficiencia y el bajo costo”.

El ominoso tono del señor López se vuelve un poquito más tétrico cuando recordamos aquella frase del gobernador Miguel Márquez, cuando proclamó que Guanajuato se está convirtiendo en “el nuevo Detroit de México”. El problema es que Detroit, justamente por poner todos los huevos en la canasta automotriz, es una metrópoli en crisis: Su población se redujo en casi dos terceras partes durante los últimos 50 años y en 2013 fue considerada como la ciudad más miserable y la más violenta de Estados Unidos. No suena como un ejemplo a seguir.

La apuesta de Guanajuato todavía está en el aire. Hay cifras esperanzadoras, hay historias de éxito, flota en el aire la gran esperanza de un futuro cada vez mejor; pero también permanecen los problemas (de infraestructura, de preparación de los trabajadores, de seguridad pública) y el trágico ejemplo de Detroit, para recordarle a gobierno y empresarios que las inversiones no son como el matrimonio (para toda la vida) y que el éxito de Guanajuato en el largo plazo no depende de las grandes empresas internacionales, ni de la planeación gubernamental, sino del espíritu, la creatividad y la perseverancia de los emprendedores guanajuatenses.

La apuesta está sobre la mesa y las cartas están echadas; pero, al final de la partida, sólo ganarán desde la iniciativa privada y sólo desde el libre mercado y desde la innovación (por eso es tan preocupante la oposición de Márquez a empresas como Uber). Tarde o temprano, las armadoras de autos se irán por donde llegaron, y lo que dejen a su paso dependerá de la acción voluntaria de los guanajuatenses: Si se echan en la hamaca se quedarán en ruinas; si aprovechan la bonanza para crear sus propias empresas, Guanajuato será la nueva capital económica y productiva de la región.

Para decirlo claro: El emprendimiento es el verdadero camino de Guanajuato; quedarse quietos los convertirá en Detroit, y eso sería desastroso.

Por cierto…

El hecho de que el Partido Acción Nacional respalde la candidatura a Gobernador de un personaje tan deleznable como Jorge Luis Preciado (Colima) es una señal de que el divorcio entre doctrina y realidad del panismo está casi firmado… y un panismo sin principios es tan sólo priismo a medios chiles.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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