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Calaveras y diablitos

Ludwig von Mises escribió que todo socialista es un dictador disfrazado. Comprobando por enésima vez que tenía razón, durante las semanas de vacaciones la izquierda española nos regaló otros dos claros ejemplos de esa tendencia despótica, que ocultan justo por debajo del gastado sombrero de la justicia social, porque, aunque el socialista se disfrace de demócrata, el azufre y los cuernos de su tiranía eventualmente lo reflejarán de infierno entero.


Análisis Internacional


La primera joyita del día se la debemos al estratega de “Podemos”, Íñigo Errejón (uno de los ideólogos detrás de Pablo Iglesias, el López Obrador de España), que se embriagó en el 20% de la votación obtenido por su partido en las elecciones del 20 de diciembre (cifra a todas luces insuficiente para justificar su euforia), proclamando que “No estábamos haciendo campaña electoral, estábamos haciendo patria. Estamos fundando un pueblo. Hay un futuro para nuestra patria”.

Esa obsesión con la patria nos recuerda (y con buena razón) la verborrea del “tenemos patria” de la mafia Chávez/Maduro en Venezuela. El concepto de “patria” implica, en la más podrida tradición del polilogismo marxista, el planteamiento de una lucha, ya no entre adversarios, sino enemigos, entre “nosotros” y “ellos”, donde quien se oponga a la voluntad del partido es presentado no sólo como un rival político, sino como un apátrida, cuyos argumentos son por tanto desechados de antemano, mientras que incluso las peores estupideces de la secta socialista encuentran cobijo y defensa en la “lógica” del patriotismo, donde lo que manda son las emociones y la razón es herejía.

La segunda joyita nos la regalan Sergio Gálvez Biesca y Julián Vadillo Muñoz, representantes de la Cátedra de Memoria Histórica del siglo XX de la Universidad Complutense, que junto con el Ayuntamiento de Madrid se ha lanzado a la tarea de purgar la toponimia madridista de cualquier nombre franquista que moleste la fina sensibilidad de los citados caballeros.

Lo más grave no es que eliminen de las calles de la capital española los nombres de la banda rival de socialistas de derecha que gobernaron junto con Franco (los franquistas se pueden defender solos y no seré yo quien los ayude aquí), sino los mecanismos y la perversión política de los que echa mano la izquierda española para “ganar” sobre la mesa una guerra que su ineptitud les llevó a perder en 1939.

Con una desvergüenza que linda en la esquizofrenia, los señores denuncian a las “élites políticas conservadoras madrileñas” por oponerse “a reelaborar un callejero democrático entre todos”; pero, apenas 4 párrafos después, asumen dicha tarea para sí y para la camarilla encabezada por Manuela Carmena. Lo mismo en Venezuela que en España, cuando el neolenguaje de la izquierda habla de “democrático entre todos”, lo que quiere decir es “impuesto por el caudillo a sugerencia del comité”.

Acto seguido, se refieren al “gran salto adelante” en una apenas velada e indigna referencia en admiración al “gran salto adelante” del comunismo chino, que costó la vida de 32 millones de personas (por lo visto, para los memoriólogos españoles el que una calle de barrio lleve el nombre de Franco es indignante, pero engordarle el caldo al recuerdo de Mao Tse Tung de algún modo es kosher).

Más adelante acusan a los franquistas de “la planificación y el desarrollo… de un Plan de Exterminio contra el adversario político” (a diferencia de los comunistas de la “república” que seguramente mataban a sus víctimas al estilo de Alejandro Fernández, con besos y caricias), por lo que anuncian la determinación de “reconvertir el callejero de Madrid bajo estrictas bases científicas, jurídicas y académicas”, lo que traducido al castellano significa “en base al capricho de la pandilla gubernamental y sus minions de la Cátedra Complutense Memoria Histórica del siglo XX (incluso se toman la molestia de añadir las impronunciables iniciales “CCMHSXX” de ese mamotreto pseudoacadémico), que junto con el Ayuntamiento presentarán el Plan Integral de Memoria de Madrid (una vez más, en la neolengua de la izquierda, “memoria” significa olvidar la mitad de la historia e inventarse el resto).

Asimismo, lo acompañarán de “no pocas dosis pedagógicas” (léase, de mareas de propaganda) para dejar a las próximas generaciones un legado de convivencia democrática (“democrática” aplastando a una buena parte de la población que, para bien o para mal, simpatizó con el franquismo), pues las “nuevas generaciones… tienen que conocer qué sucedió en su ciudad”, es decir, tienen que tragarse la versión que la izquierda se sacó de la chistera en los últimos años.

Por último, le recuerdan a los habitantes de esas calles su papel como masas inertes, invitándolas a que “cada cambio de calle, plaza, avenida... lo celebren como una fiesta democrática”, porque ni la burla perdonan. De entrada, y como muy bien apunta Juan Ramón Rallo, “si de verdad se desea un callejero ‘democrático y popular’, permitan que los vecinos de cada calle escojan ‘democráticamente’ su nombre, no que lo elija centralistamente un burócrata según sus preferencias e intereses político”. Ahí sí se justificaría la pachanga, mientras tanto no.

El problema, una vez más, es que, en el mundo de los socialistas, la democracia es la del politburó y la patria es el partido. Hoy, con esa lógica manipulan la historia, manosean las calles o deliran patriotismo, pero todavía no es, ni de lejos, lo peor en su arsenal. Si los dejamos, mañana, igual que ayer en China, en Rusia, en Cuba, en Vietnam y en Corea del Norte, llenarán al mundo de calaveras en los campos y diablitos en la burocracia, porque no importa el disfraz, los cuernos son los mismos. Todo socialista es un dictador disfrazado, y el que no le entienda es una víctima esperando a sufrir.

Por cierto…

Todavía no la legalizan, pero el PRD-DF ya quiere formar un instituto de investigación de la mariguana. Definitivamente la adicción más peligrosa no es la de fumar una planta, sino la de fumarse el dinero de los demás en mariguanadas sin sentido.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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