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En defensa de Peña Nieto

Enrique Peña Nieto es el tipo más ignorante del mundo y el peor de los gobernantes, el más inepto corrupto y sanguinario en ocupar la silla presidencial. Al menos esta es la conclusión a la que arribaría cualquier persona después de leer las secciones de comentarios de las páginas políticas y los memes/desahogos en redes sociales. No es cierto, y la manía de colgarle todos los sambenitos al maniquí de Los Pinos tiene dos graves problemas: el diagnóstico y la recetita propuesta para curarlo.


Aniversario EPN


Empecemos con el diagnóstico, ¿en serio es Enrique Peña Nieto el Presidente más ignorante? La verdad es que Peña es sólo tan burro como el político promedio. Pregúntenle -sin guion de por medio- a cualquier candidato profesional si ha leído tres libros y se decepcionarán con los resultados. El hecho es que entre más “democrática” sea una sociedad, menor será el nivel intelectual de los que gobiernan. ¿Por qué? Entre reuniones de “trabajo” y de campaña para acumular y mantener apoyos, los políticos simplemente no tienen tiempo (ni en términos generales de disposición) de leer. Por supuesto, hay excepciones, pero los Peña Nietos son la regla.

¿En serio es el más inepto? No, obviamente ese puesto le corresponde con mucha mayor justicia a otros próceres, como Luis Echeverría o Pascual Ortíz Rubio. Peña no es Winston Churchill, pero su administración sí ha tenido cierta capacidad política; ejemplo de ello es el Pacto por México, que unió durante año y medio a los 3 principales partidos políticos. Que haya servido o no ese pacto es otro boleto, pero el sólo hecho de su existencia es señal de talento burocrático y negarlo es de necios.

¿Es el más corrupto? Hasta el momento de Peña Nieto conocemos el muy probable -por no decir seguro- tráfico de favores que tuvo como resultado la famosa “casa blanca”. Sin embargo, el problema no es únicamente él. El reparto de favores es una costumbre muy arraigada de ese amasiato inmoral entre “empresarios” y gobernantes. Muchos gobernadores han recibido (al menos) casas como regalo de parte de los fraccionadores y ni hablar del “diezmo” en la obra pública. En esos temas, cada que los panistas y perredistas escupen al cielo quejándose de Peña, los moches les caen en la cara. Basta recordar las acusaciones contra los hijos de Marta Sahagún en 2000-2012, a Moreira en Coahuila, Granier en Tabasco o Ebrard en el D.F. La malversación de fondos y el tráfico de influencias no distinguen colores.

¿Es el más sanguinario? No, simplemente no. Los muertos a causa del narcotráfico son tan culpa de Peña como lo fueron de Calderón, es decir: no son su culpa. Los muertos son responsabilidad de sus asesinos e indirectamente de una estrategia prohibicionista internacional, definida por fuerzas que van mucho más allá del inquilino presidencial, sin importar su partido. Respecto a lo de Ayotzinapa ¿En serio hay gente tan absurda como para creer que Peña ordenó el asesinato de 43 vándalos de pueblo? A quien menos le convenía el escándalo y el cambio de agenda política que significó este crimen es justamente al Gobierno Federal, que por entonces estaba muy ocupado presumiendo la aprobación de sus reformas.

El caso Ayotzinapa, y especialmente la fuga del “Chapo” -que ocurrió justo el fin de semana en que Peña buscaba relanzar su gobierno y presumir la importancia de México en el desfile del día nacional de Francia) llegaron en momentos tan “oportunos” que, pensando mal, parecerían estar diseñados para dañar a la administración presidencial. Tienen toda la pinta de “fuego amigo” en la guerra subterránea que libran las mafias priistas. Y créanme, Peña no es, ni de lejos, el peor de los tiranos en ese combate.

Así que el diagnóstico no es tan exacto como proclaman las redes sociales, pero el verdadero problema es la recetita que proponen a continuación.

Los azules dicen que todo se resolvería regresando a Calderón a la presidencia, instalando comités burocráticos anticorrupción y dándole un salario digno a Madero. La izquierda proclama que la solución es simplemente quitar a Peña y poner al Peje, para que todo sea maravilloso.

No se dan cuenta de que, aunque es cierto que Peña Nieto es un tipo ignorante, demagógico y autoritario, estos son vicios que él comparte con la abrumadora mayoría de la clase política, incluyendo, por supuesto, a López Obrador. El problema de fondo es la partidocracia y la visión socialdemócrata que comparten tricolores, morenos, azules y amarillos.

Cuando se cree que el gobierno debe hacerle al Chabelo, repartiendo despensas, entregando tablets, medidas contracíclicas, subsidios, apoyos económicos y demás chucherías, inevitablemente se catafixia cualquier esperanza de justicia a cambio del paternalismo que siempre provocará corrupción, porque la raíz del mal no se encuentra en las pintadas canas presidenciales, sino en la esencia misma del sistema de gobierno que usa la violencia para arrebatarle cada vez más espacios a la sociedad por medio de impuestos, leyes, decretos y demás, a cambio de la delirante esperanza de que una casta de funcionarios decidirán sobre nuestro dinero y nuestra vida mejor que nosotros mismos.

No podemos sorprendernos de que, cuando el Estado institucionaliza el saqueo, en lugar de prevenirlo, sean justamente los ladrones quienes lleguen el poder; de que, cuando el Estado usurpa y centraliza las decisiones individuales, sean las mafias quienes se aprovechen de todos o de que, cuando la imagen se convierte en la legitimidad del atraco, ganen los maniquís.

En pocas palabras: Peña Nieto no es la excepción, sino la regla; no una simple aberración, sino la compleja consecuencia; no es el problema, sino el síntoma y no es el peor, sólo es el decepcionante estándar de la partidocracia nuestra.

Por cierto…

Juan Silva Meza se despidió de la Suprema Corte quejándose de que la desigualdad es el principal problema del país, pero siendo ministro ganaba cerca de 400 mil pesos al mes y ahora recibirá una pensión vitalicia de hasta 260 mil pesos. Señor Silva, si quiere hablar de lastre, mírese en el espejo y luego cómprese un poquito de vergüenza, si es que le alcanza.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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