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Lo que coma le hace daño

Hace unos días, la Organización Mundial de la Salud causó un escándalo global en Internet, al publicar los primeros resultados de un informe de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, donde se afirma que el consumo de carne procesada (jamón, salchichas, hamburguesas) eleva en por lo menos un 18% el riesgo de cáncer colorrectal, lo que ameritó colocar a ese producto en el Grupo 1 del registro de dicha agencia, junto con el gas mostaza, la radiación de neutrones y el plutonio 239.


OMS


De inmediato, las redes sociales se llenaron con publicaciones como las siguientes: “Podrías empezar una dieta orgánica”, “afortunadamente tienes y tenemos opciones como tomarnos el tiempo de ir al tianguis y tiendas donde vendan productos directamente del pequeño productor al consumidor” o “podrías poner tu propia granja, cultivar tus propias verduras, legumbres y cereales, y tratar de llevar una vida saludable”.

Por debajo de la sensiblera superficie de todos estos comentarios encontramos el mismo razonamiento: Que la comida industrializada (especialmente los alimentos transgénicos) es dañina para la salud y que, por el contrario, una dieta natural es la solución para prevenir las enfermedades. No es cierto.

De entrada, el informe de la OMS no distingue un beneficio de comprarle "pequeño productor" y las tiendas o tianguis no anulan los efectos cancerígenos. La carne causa cáncer debido a que la procesamos (en una cocina orgánica o en una cocina industrial da lo mismo) y a que la cocemos. De hecho, probablemente, al menos la carne roja es cancerígena para los humanos, incluso cruda. Asimismo, muchos productos aunque sean "naturales" y “orgánicos”, como, por ejemplo, las hojas de tabaco, son cancerígenos. Igualmente “naturales” son muchos de los venenos más poderosos, así que pensar que todo lo natural es sano no es buena idea.

Digámoslo claro. Es un mito que sólo haga daño la comida procesada; al contrario, como civilización justamente comenzamos a procesar la comida porque, en estado natural, se “echa a perder” rápidamente y nos causa enfermedades. El desarrollo de los jamones serranos y los quesos son dos ejemplos tempranos de esta modificación humana, como alternativa a un alimento que de otro modo es poco confiable para su consumo después de unas cuantas horas, lo que implicaba la imposibilidad de preservarlos para el consumo posterior y significaba que los seres humanos estaban amenazados permanentemente por el látigo del hambre.

Con el paso del tiempo, estos procesos se volvieron más amplios y más efectivos, lo que hizo posible la multiplicación de los seres humanos, hasta llegar al siglo XX con la Revolución Verde, encabezada por Norman Borlaug, cuyo trabajo permitió multiplicar por cinco la productividad de los cultivos en países en vías de desarrollo, llegando en 2004 a cerca de 3 toneladas de trigo por hectárea. De hecho, México fue el país pionero de los estudios de Borlaug, y en buena parte gracias a ellos, nuestro campo prácticamente ha quintuplicado su productividad en los últimos 60 años.

Esta transformación ha salvado directamente las vidas de por lo menos MIL MILLONES DE PERSONAS que de otro modo habrían muerto de hambre, y lo hizo a través de la tecnología, seleccionando y desarrollando granos de mejor calidad, que resisten las enfermedades y dan más fruto.

Gracias a esta monumental industrialización se evitó el cataclismo de la “sobrepoblación” y, a despecho de los temores, los alimentos no sólo se han mantenido, sino que han aumentado al grado de dejar atrás las hambrunas en masa que durante cientos de miles de años pusieron en riesgo incluso la sobrevivencia de nuestra especie.

Todavía en la época colonial de México o en la Irlanda del siglo XIX, una serie de malas cosechas provocaba la muerte de miles de personas, incluso en tiempos de paz. Hoy esto, por primera vez en la historia, es cosa del pasado. Donde existe hambruna (a escalas mucho menores que las de siglos pasados), éstas se deben a motivos políticos.

Al mismo tiempo, la industrialización de los alimentos, la adopción de los conservadores y de los saborizantes ha permitido poner al alcance de la gran mayoría de la población una serie de manjares que antes estaban reservados para los ultra ricos o para los habitantes de una pequeña región. Basta ir al supermercado para encontrar bacalao noruego, salsas italianas, comida oriental, carne de incontables países, y todo ello a precios al alcance de cada vez más personas.

Por eso es tan preocupante el tono del movimiento de los “alimentos naturales”, porque no sólo busca ofrecer una alternativa “orgánica” para los ricos que puedan pagarla, sino que, aderezada con delirios políticos, pretende retroceder el reloj y dar al traste con los avances del último siglo, lo que significa matar de hambre a por lo menos dos billones de personas, equivalente a 20 veces la población de México y condenar a las demás a convertirse en esclavas de los caprichos del clima y de las plagas, con la ingenua complicidad de muchas personas que impulsan desde sus redes sociales al totalitarismo alimentario que, si triunfa, les quitará el taco de la boca (literalmente).

Para decirlo en cristiano, tenemos dos opciones: o respaldamos el desarrollo científico de los alimentos en un marco de libre mercado, para aplicar la creatividad humana al gran desafío alimentario, resolviendo sobre la marcha las desventajas que surjan, o regresamos al pasado de las hambrunas y sacrificamos a dos billones de seres humanos ante el altar del esnobismo ecologista.

Usted elige entre comida industrializada, con los beneficios y problemas que implica, o comida “natural”, con la incertidumbre, enfermedades y escasez que conlleva. En pocas palabras: Comer puede hacerte daño, pero no comer nos mata de hambre.

Por cierto…

El 29 de octubre Ron Paul recibió el premio “Una Vida por la Libertad”. Es un reconocimiento muy merecido a su extraordinaria trayectoria como impulsor de la economía Austriaca, del libertarismo y las ideas de pensadores como Ludwig Von Mises, Friedrich Hayek y Murray Rothbard.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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