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Persona y Libertad

El pasado 28 de septiembre, en el marco de los Espacios de Reflexión Jurídica, la Facultad de Derecho de la UPAEP organizó una Jornada de Reflexión Sobre el Derecho a la Vida. A continuación les comparto mis reflexiones planteadas al inicio del evento y aprovecho para agradecerle una vez más a Aurora Espina, Roberto Funes, Gabriel Meneses, Alejandro Fabre y Jorge Delgadillo, por su destacada participación como conferencistas y panelistas.


Libertad


La ley consiste, en palabras de Frédéric Bastiat, en el derecho a la legítima defensa de la vida, la libertad y la propiedad. Sólo en este ámbito su acción es legítima. Por eso, cuando la norma jurídica, en lugar de protegerlas, las destruye, tanto la ley como el Estado que la encarna, se corrompen y se convierten en un instrumento de la propia tiranía que teóricamente deberían prevenir.

La triste realidad de este concepto se refleja en múltiples ámbitos donde los esbirros de la maquinaria estatal emplean la violencia para construir, desde la base de la coerción, los delirios de su utopía. Quizá los casos más claros los tenemos actualmente en las ejecuciones del Estado Islámico, el autoritarismo de las dictaduras en China o Cuba y la incompetencia generalizada del régimen venezolano. Pero el hecho es que, ante estos cargos, todos los Estados son culpables, en forma más o menos evidente.

De entre todas las tiranías, la del aborto es la más dramática y grave de nuestros tiempos. Esta tragedia va mucho más allá de la esfera personal o del derecho penal y tiene profundas implicaciones jurídicas y políticas, tanto respecto a la construcción de la ley como a la identidad misma del Estado.

¿Por qué? Porque la legalización del aborto implica el peor trastorno de la naturaleza de la ley, que se vuelve contra su más profunda vocación, contra su razón misma de ser, sometiendo ilegítimamente el concepto de persona al capricho de los burócratas. En pocas palabras, el Estado simplemente declara que ciertas clases de seres humanos, discriminados con base en su estatura o capacidades, no tienen derechos. Por lo tanto, los excluye de la protección de la ley y se adjudica la facultad de destruir la vida, y con ella, la libertad y propiedad de millones de personas.

No es coincidencia que el mayor promotor del aborto a nivel mundial lleve por nombre Planned Parenthood, ni que su fundadora, Margaret Sanger, fuera una ferviente seguidora de la eugenesia (una pseudo-ciencia y movimiento político que proponía emplear la acción estatal para “purificar” la raza e impedir/limitar la reproducción de aquellos que consideraba inferiores), que es simplemente una muestra del concepto de ingeniería social que convierte al individuo en esclavo de los planes de la casta de “iluminados” que dirigen las estructuras de gobierno.

Esta tiranía existe hoy, esta corrupción de las leyes y de los poderes del Estado existe hoy, estos asesinatos de la peor calaña existen hoy; y como ciudadanos, tenemos la obligación jurídica, política y moral de oponernos a ella, porque la libertad sólo es posible cuando las personas son un fin en sí mismas y no un medio a disposición del alguien más.

Por ello, el ex congresista y ex candidato presidencial estadounidense Ron Paul, lanzó alguna vez la pregunta: “¿Si no puedes defender la vida, cómo podrías defender la libertad?” Pues cuando el gobierno absorbe para sí la definición misma de la existencia y la dignidad humana, no hay nada que pueda escapar a su dominio. Sin garantía del derecho a la vida, no hay libertad de acción; sin ella, no hay libertad económica o política; y, sin estas libertades, todos somos esclavos.

Te invito a reflexionar sobre este tema y construir, desde el espacio universitario, una respuesta de vida que reconozca la dignidad de todas las personas, porque incluso el más pequeño de los individuos tiene derecho a su vida, desde el momento de la concepción.

Por cierto…

* Hillary Clinton es incapaz de entender que violó la ley al manipular los correos electrónicos del Departamento de Estado... * Mariano Rajoy quedó en ridículo cuando un periodista exhibió su ignorancia respecto a la legislación sobre la nacionalidad. La incompetencia no es monopolio de Peña Nieto, sino consecuencia de la partidocracia.

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