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El socialismo está en griego

Friedrich Hayek, economista y premio Nobel, le dedicó su obra más importante “The Road to Serfdom” (“Camino de servidumbre”) a los socialistas de todos los partidos, porque tenía claro que la visión socialista, con su carga de planeación central, demagogia, crisis, pobreza y fracaso, no se limita a los partidos que tradicionalmente consideramos de izquierda, sino que constituye una grave tentación para todos los colores políticos.


Análisis social

 


En efecto, nadie duda que Fidel Castro, Mao Tse Tung o Stalin hayan profesado el socialismo, pero igualmente socialistas fueron Francisco Franco o Videla, entre muchos personajes tradicionalmente considerados como de “derecha”. A éstos se suma, por supuesto, Adolfo Hitler, canciller alemán, líder y fundador del partido Nazi (es decir: Nacional Socialista), quien, por cierto, se consideraba a sí mismo un enemigo declarado del capitalismo liberal.

La referencia histórica viene al caso a la luz de la crisis financiera en Grecia, que se profundizó tras el referéndum celebrado recientemente, en el cual más del 60% de los electores rechazaron el plan de rescate y disciplina financiera propuesto por la Unión Europea, lo que deja a la nación helénica con un pie y medio fuera de la Zona del euro, al tiempo en que han recrudecido en todo el continente los debates sobre qué tanto las naciones que sí han hecho su tarea en materia económica deben pagar la cuenta de las que han dilapidado sus recursos.

Si ustedes han seguido esta noticia durante las últimas semanas, pareciera que el desastre es responsabilidad exclusiva del gobierno de extrema izquierda, liderado por Alexis Tsipras; pero, en realidad, el culpable directo de la crisis es el supuestamente conservador partido Nueva Democracia, que falseó las cifras del déficit nacional, alegando que éste rondaba el 4%, cuando en realidad superaba el 12.7%, cifra escandalosamente por encima del máximo teóricamente autorizado en la Unión Europea.

En Grecia, tanto la izquierda como la derecha consideran al gobierno como una máquina mágica de dinero y lo emplearon como tal, aprobando y ejerciendo presupuestos con una vocación displicente digna de junior recién heredado. Creyeron, como buenos socialistas, que los problemas se resuelven con planeación central y estaban muy equivocados.

Para muestra van un par de ejemplos: El presupuesto griego destina cientos de millones de euros anuales a decenas de “comités” burocráticos, incluyendo uno que está encargado de administrar el lago Kopais ¿El problema? Que ese lago ¡desapareció hace 80 años! Otro más: los pasteleros y locutores griegos (al igual que los practicantes de otras 600 profesiones) se pueden retirar a los 50 años de edad, recibiendo una pensión gubernamental del ¡95%! Ahora quieren que el resto de Europa les pague la cuenta y a eso los fans de Tsipras le llaman “dignidad”. No tienen vergüenza.

El dispendio griego se convirtió en problema para todas las demás naciones de la zona porque los burócratas continentales, impulsados por su insaciable hambre de poder y por el delirio de un Estado paneuropeo con base en Bruselas ampliaron las fronteras de la Unión Europea y más tarde impusieron el Euro como moneda común, armados con un discurso de solidaridad internacional que en el fondo era simple, llana y común ambición.

Originalmente la idea era que sólo se unieran a la zona europea y disfrutaran de sus beneficios aquellas naciones que cumplieran con una estricta serie de requisitos financieros que garantizaran la seriedad y la fortaleza de todos los participantes. Dichos lineamientos, aprobados en el Tratado de Maastricht (1992) incluían mantener el déficit por debajo del 3% del PIB y la deuda pública en un nivel menor al 60%, cifras que la administración de Atenas no cumplía ni a años luz.

¿Por qué las autoridades continentales no actuaron en su momento? La irrealidad de las cifras griegas era notoria para cualquier persona con dos centímetros de frente que se tomara la molestia de ver qué era lo que estaba sucediendo en ese país, pero destapar la mentira significaba poner en riesgo el delirio europeo, y ese era un riesgo que Bruselas no estaba dispuesta a tomar. Siguieron la estrategia del avestruz, hasta que al gobierno de Atenas le fue imposible continuar con la charada.

Y el problema no se limita a la nación helénica. La deuda promedio de los países de la Eurozona es de 93%, muy por encima del límite original (de 60%). Mientras tanto, al cierre del 2014, el déficit alcanzó un 8.3% en España, 6.6% en el Reino Unido, 6.3% en Polonia, 9% en Finlandia, 10.7% en Letonia y 4.9% en Suecia, mientras que el desempleo supera el 10% en 17 de los 28 países de la Unión Europea, más del doble del 4.8% registrado en México.

Debido a ello, la crisis desatada en Grecia (y las que están en peligro de suceder en muchos otros países de la zona) significa un terrible golpe para la fortaleza del Euro como moneda y para la credibilidad de la administración europea como alternativa de gobierno. Por eso, Francia y Alemania están presionando para realizar esta misma semana una cumbre al más alto nivel, conscientes de que está en juego mucho más que los pagarés firmados por Atenas.

A más tardar en 2017, el Reino Unido realizará un referéndum para definir su permanencia o su salida de la Unión y, a la luz de las actuales circunstancias, lo más probable es que los británicos pongan mar de por medio, dejando que alemanes y franceses enfrenten solos las consecuencias de su buenoidismo.

Entiéndanlo, amigos socialistas de izquierda y de derecha, bienintencionados, buenoides y demagogos por igual: La escasez es parte de la vida y de la acción humana; No hay dinero ni recursos para todo lo que quisiéramos hacer; la pobreza no se puede resolver desde la burocracia; los servicios no pueden ser gratuitos y los que ofrece el gobierno siempre acaban siendo los más caros de todos. El Estado Merlín, Zeus o Santa Claus es, para decirlo claro, pura mitología griega.

Por cierto…

Peña Nieto propondrá la creación de Zonas Económicas Especiales para impulsar el desarrollo de regiones marginadas, con un marco fiscal menos pesado y buen clima de inversión. Excelente idea. Señor Presidente, aquí va una mejor: Haga UNA sola de estas zonas, pero que abarque a TODO México. El libre mercado funciona, y usted lo sabe, deje entonces de estorbarlo.

 

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