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Lo demás es verso…

Estimado lector, le propongo este ejercicio de calistenia política, para retomar el ritmo tras las fiestas navideñas que terminan hoy y ceden su espacio a la “fiesta” electoral, de aquí hasta los comicios intermedios del 7 de junio.


Los partidos políticos en México


El ejercicio consiste en lo siguiente: a continuación le comparto 4 frases: 1 de Enrique Peña Nieto, 1 de Ricardo Anaya, 1 de Andrés Manuel López Obrador y 1 más de Miguel Ángel Mancera. El reto consiste en identificar quién dijo qué:

a) “La actual crisis es una crisis de consumo, la gente no tiene para comprar más que lo indispensable, por eso no se reactiva la economía; si la gente tuviese más dinero, se beneficiaría la industria, el comercio, habría bienestar y desarrollo para todo”.

b) “…trabajando con determinación, firmeza y claridad en el rumbo; poniendo todas las reformas en acción. Con unidad y ánimo renovado, demostremos la fortaleza y grandeza de los mexicanos”.

c) “Hoy estamos claros de que la corrupción es un mal que lacera, que desgasta, que denigra, que corroe y que por supuesto puede terminar con muchas de las líneas de tejido social”.

d) “La sociedad mexicana es cada vez más crítica y participativa, y exige cambios de fondo frente a las situaciones límite que han surgido en los últimos meses”.

Como podemos ver, resulta cada vez más difícil identificar las diferencias entre un partido y otro, entre un líder de “izquierda” y uno de “derecha”, entre la oposición y el gobierno. Esto se debe fundamentalmente a dos razones, ambas dignas de enorme preocupación:

La primera, es que la clase política recurre cada vez más a encuestas, focus groups y demás argucias de la mercadotecnia, ya no sólo como herramientas de apoyo, sino como la base a partir de la cual construyen su imagen, sus propuestas de gobierno e incluso su propia ideología y personalidad. Los dos últimos presidentes son un claro ejemplo de ello:

• Felipe Calderón siempre tuvo en mente el tema del combate a la delincuencia y el fortalecimiento de la autoridad presidencial; tan es así que su lema en la campaña interna fue “Mano Firme, Pasión por México”. Meses más tarde, su equipo se dio cuenta que ese no era el tema que le preocupaba a los electores, así que se sacaron de la manga lo del “Presidente del Empleo”. Ya en la silla, Calderón completó su giro de 360 grados para regresar al inicio y lanzar una guerra generalizada contra el narcotráfico, que nunca puso a consideración de los votantes, mientras que lo del “empleo” quedó bien guardado en el cajón de los recuerdos.

• Peña Nieto es enteramente una ficción publicitaria, una botarga construida por el Grupo Atlacomulco y sus grillos afines, que más tarde fue proyectada a todo el país por “cortesía” de las grandes cadenas mediáticas, especialmente Televisa. Para entender tal generosidad, es necesario recordar que Peña aumentó en más de un 1,300% el gasto en comunicación social durante su administración como Gobernador del Estado de México, y eso es sólo considerando los montos oficiales.

El resultado es un “líder” que actúa bien su papel y funciona cuando el entorno está bajo control, pero que es dolorosamente incapaz de improvisar y carece de peso político propio. Si Fox era, parafraseando al fallecido Aguilar Zínser “una Coca-Cola vacía”, Peña es un poster: unidimensional, que no puede mantenerse en pie por sí mismo y, por lo tanto, está en una posición de debilidad ante la oposición y, sobre todo, ante sus rivales al interior del PRI.

La segunda, es que todos los partidos hablan prácticamente igual porque en los hechos proponen prácticamente lo mismo, en desarrollo social, en salud, en seguridad, incluso en materia energética, pues, a pesar de la ruidosa oposición de la izquierda en los medios, en la práctica sólo se trata de qué tanto por ciento de maniobra cede el gobierno, pero ni López Obrador ni Peña quieren que la “nación,” es decir, la burocracia, suelte el control del petróleo.

Las diferencias que vemos plasmadas en la prensa son, generalmente, más campañas publicitarias o pleitos de ego que conflictos racionales; y las pocas que sí que existen suelen ser de forma o de grado, pero no de fondo. “Cruzada contra el Hambre”, “salario digno”, “defensa del petróleo”, “Sistema Nacional Anticorrupción”, no son ideas, son eslogans diseñados para desecharse después de usados como instrumentos de publicidad electoral.

Colando la propaganda, todos le apuestan a una economía mixta y un sistema corporativo, una especie de socialismo subcontratado en el que los burócratas ceden espacios a los individuos, pero sin quitarles el pie del cuello, a través de una pesada bota de interminables regulaciones e impuestos, que se acumulan con el paso de cada legislatura.

De los nuevos equipos de este juego ni hablar; por el momento, tanto Morena como los Humanistas y Encuentro Social, son una mezcla de liderazgos desconocidos y otros que son muy conocidos… pero por sus viejas mañas. Aunque se visten de novedad, traen la misma tonada que ya hemos escuchado mil veces de los partidos “viejos”.

Para romper con esta uniformidad tan aburrida como peligrosa, es necesario que -ya sea desde los partidos o desde los espacios independientes- se ofrezcan nuevas ideas. De lo contrario, el colapso del sistema social completo, con todos los riesgos que ello implica (la última vez, hace 100 años, el costo fue de 1 millón de muertos, para quedar peor que antes) será inevitable conforme cada vez más personas se dan cuenta de que la “partidocracia” es como la lucha libre: un show de enmascarados, golpeándose en público mientras gritan las sandeces que acordaron de antemano y en privado.

¿Cuáles podrían ser estas nuevas ideas?: Reducir en lugar de ampliar el número de leyes, acabar con los monopolios institucionalizados, replantear la política de desarrollo social para que deje de ser un “despensas=votos”, eliminar trámites y regulaciones, dejar de combatir plantas a balazos y enfocarse en proteger el derecho de cada persona a su vida, libertad y propiedad. Sería un soplo de aire fresco para la vida política de México.

Lo demás será escuchar a los candidatos de todos los partidos mientras promueven frases e ideas intercambiables y lanzan patadas por debajo de la mesa. Lo demás será lo de menos. Lo demás es verso.

Por cierto…

Las respuestas son: a) López Obrador, b) Peña Nieto, c) Mancera y d) Ricardo Anaya.

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