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En la madre

El pasado 18 de diciembre, la ex gobernadora de Yucatán y secretaria general del CEN del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Ivonne Ortega, celebró el 85 aniversario del PRI publicando en su cuenta de twitter: @IvonneOP, dos auténticas joyas que, involuntariamente, reflejan a cuerpo completo el verdadero problema de fondo de la partidocracia y la política mexicana en general.


El Sistema Político Mexicano


Con un candor mitad admirable y mitad indignante, la señora Ortega señaló que “El @PRI_Nacional es como el padre que hace lo correcto, aunque no sea lo popular”; y, para darle un toque digno de la novela de las ocho: “El @PRI_Nacional es como una madre que quiere a todos sus hijos, pero protege al más débil”.

Esta visión de los políticos y del gobierno como el papá de la sociedad es la raíz de la gran mayoría de los problemas nacionales, porque corrompe en su propia esencia el ejercicio de la política y del poder público, neutralizando la dinámica republicana y convirtiendo al sistema mexicano en una mera monarquía electiva, en la que las autoridades se consideran a sí mismas, no como representantes, sino como guías o, usando el término de la época colonial, como “encomenderos” a quienes se les asigna un puñado de almas para que trabajen sus tierras.

Algunos encomenderos –léase, gobernantes– serán benevolentes y tratarán a sus súbditos con generosidad e incluso les dejarán un pequeño espacio de libertad (buena parte del centro y el norte del país caen en esta descripción). Otros serán perversos y asegurarán la lealtad de sus súbditos a través de la intimidación e incluso de la violencia (el estado de Guerrero es típico de este segundo caso). Los métodos de unos y otros son radicalmente distintos, pero el razonamiento subyacente es el mismo: que ellos, al ser gobernantes, ejercen una paternidad social, que están por encima del resto de las personas y, con esta base, asumen el derecho a elegir por ellos –por todos nosotros– lo que ese político en turno considera mejor.

Es decir, no entienden que son nuestros representantes, creen que son nuestros papás. Por eso aplican impuestos y lanzan guerras inútiles para –según ellos– disuadir el consumo de substancias que les parecen nocivas.

Por eso se inventan infinidad de leyes, que regulan cada vez más aspectos de la convivencia e incluso de la vida individual y no siempre es con mala fe. Muchos de ellos son tiranos de “buena voluntad” que se van a dormir cada noche con la tranquilidad de que cumplen su papel de padres al castigar a los “hijos desobedientes” con una loza cada vez mayor de impuestos y leyes a cumplir.

Por eso, se asumen con el derecho de dilapidar miles de millones de pesos en proyectos faraónicos, mal planeados o condenados al fracaso, como la “nueva” refinería de Hidalgo, el aeropuerto de Tizayuca o la línea 12 del metro del D.F.

Por eso, se lanzan, en el paroxismo de su soberbia –caudillil o tecnocrática– a la elaboración e implementación de engorrosos planes nacionales de desarrollo en los que definen, “con la sabiduría de papá y el amor de mamá”, el rumbo del país, es decir, las vidas de millones de personas, cuya dignidad tiempo, dinero, trabajo y esperanzas son, para los políticos paternales, tan sólo un montón de lodo con el cual le darán forma, ahora sí, a la utopía de la felicidad para todos.

Por eso, despilfarran miles de millones de pesos de dinero ajeno en programas de “desarrollo social” que, en palabras del propio Luis Videgaray, no han reducido el nivel de pobreza en los últimos 30 años, y se sienten con el derecho de quitárselos discrecionalmente a quienes no apoyen a su partido.

Eso hacen actualmente los priistas en Valle de Santiago, amenazando –de acuerdo con la información que publica Zona Franca– con retirarle los apoyos a quienes no respalden al PRI en el 2015; y no son los únicos: Azules y amarillos también consideran que las “despensas son votos” y han recurrido a amenazas semejantes en el 2013 (en Tlaxcala, en el caso del PAN) y 2011 (en Michoacán, en el caso del PRD).

Por supuesto, la culpa no es sólo de la partidocracia. La sociedad, que consiente y fomenta esta visión paternalista, es tan culpable de ella como los líderes políticos que han sabido manipularla a su favor. Ciudadanos de izquierda y derecha denuncian con indignación semejante que el gobierno es una cueva de ladrones, las leyes un choro ineficiente y el Estado un ente en crisis; pero, al mismo tiempo, esperan que esas mismas leyes les resuelvan la vida, que el gobierno reparta honestamente la riqueza y que el Estado siga siendo su papá.

¿En serio queremos un cambio, uno de a de veras, uno que trascienda los comerciales de la tele e impacte en la vida real?

No es necesario votar por un partido en específico. Lo que necesitamos es comprender nosotros mismos y hacerle entender a la “partidocracia” que no son nuestros papás, son nuestros representantes; que el gobierno no es un concilio de sabios, sino un grupo de personas encargadas de proteger la vida, libertad y propiedad de sus mandantes.

Que el rumbo lo marca la gente, a través de las acciones e interacciones voluntarias; que los gobiernos no son guías, sino guardianes de los derechos individuales; que la nación no es más que la suma de sus individuos; que al final del día las personas son lo único que importa.

Si logramos asimilar y multiplicar esta certeza, persona a persona, tenemos una gran oportunidad para evitar lo peor del desastre y lograr que el inevitable colapso de las instituciones políticas sea para bien. En caso contrario, si seguimos aferrados a que los gobernantes sean nuestros padres, nos van a seguir dando en la madre.

Por cierto…

Muy feliz Navidad a todos, en especial a los próximos candidatos. Por favor, procuren no agobiarnos con publicidad sensiblera y mal hecha. Ojalá se pueda.

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