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El drama de “un mundo feliz” (“matrimonio” gay)

La reciente aprobación a través de un referéndum del matrimonio homosexual en Irlanda, nos obliga a volver a la reflexión de fondo de todo este fenómeno. Es fenómeno, por ser una manifestación real y aparentemente sin sentido de una moda ideológica que bien podría definir algunas de las características de nuestra época, que es el descubrimiento de los derechos por los derechos mismos (los llamados derechos de 2ª y 3ª generación). Este fenómeno no tiene sustento ni justificación en la realidad de la naturaleza humana.


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El matrimonio tiene dos claras dimensiones: El matrimonio en la realidad temporal como una característica propia de la naturaleza humana; y otra derivada de la evolución misma de la sana convivencia, que se ha traducido en el derecho civil que busca el Bien común, a través de la regulación de la unión entre un hombre y una mujer, y que define las obligaciones y los derechos de las partes. Ambas dimensiones buscan el mismo objetivo, que es la preservación de la especie.

No queda la menor duda que desde el punto de vista natural, el fruto del binomio hombre y mujer es un nuevo ser humano, ya que, como está demostrado biológicamente, no hay manera de que un ser humano venga a este mundo sin la intervención de un óvulo y un espermatozoide, células femenina y masculina.

En esta relación irrefutable en la que dos personas interactúan biológicamente, se involucra también esa otra parte del ser humano, que es a la que llamamos espiritualidad, que se manifiesta en la atracción, las emociones, la elección particular de esa persona, la cual implica una donación. De esto derivamos de forma lógica la existencia del matrimonio natural.

Por otra parte, la evolución de la sociedad humana desde el inicio de su existencia en la tierra y el natural desorden derivado del egoísmo, deseo, poder, dominación que se han manifestado en la convivencia social, surge la necesidad de crear reglas que han ido evolucionando en las diferentes épocas de la humanidad hasta la aparición del derecho civil, que tiene como objetivo regular la convivencia entre los seres humanos. Y cuando hablamos de dos personas que se unen para formar una familia dando vida a otros, se requiere un contrato que aclare en lo temporal, los derechos y obligaciones de ambos, en beneficio de toda la humanidad para su preservación.

Con esto podemos concluir, que el matrimonio natural es protegido por el matrimonio civil, debiendo este último buscar el mismo objetivo. Es importante recordar que, aun sin existir el matrimonio civil, el natural sigue existiendo, pero que el binomio virtuoso entre los mismos asegura una convivencia más ordenada en la sociedad.

Los que somos creyentes, sabemos que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza, de tal forma que lo “propio de la naturaleza humana” es sagrado, ya que refleja a Dios mismo. En este sentido, el matrimonio, que busca llevar a la plenitud cada uno de sus elementos (la preservación de la especie y la complementación), tiene una dimensión trascendente que es sagrada.

…¿Y ENTONCES LOS MATRIMONIOS HOMOSEXUALES?

Es incuestionable que personas del mismo sexo tengan el deseo de convivir y compartir una vida. También es incuestionable el hecho de que hay personas que tengan atracción por el mismo sexo. Dado lo anterior, también es incuestionable que esa relación de manera natural no abona al objetivo de la preservación de la especie, ya que nunca (de manera natural) dos células masculinas o dos células femeninas van a poder engendrar un nuevo ser humano.

Por lo tanto, las relaciones de personas del mismo sexo, se mueven exclusivamente en el ámbito del sentimiento y deseo sexual, dejando fuera una vocación social.

Sin embargo, algunos extrañamente han sentido la necesidad de darle tanta importancia y urgencia, como para regular estas relaciones de forma prioritaria por encima de problemas sociales mucho más apremiantes. Sin duda deben ser reguladas, pero las parejas homosexuales no representan un aspecto crítico de la sociedad, como sí lo representa la pobreza, la violencia, el crimen, etc…; y por lo mismo, se ha convertido en un asunto ideológico más que sociológico.

Algunos números nos dan la razón en este cuestionamiento, ya que, según diversos estudios y encuestas, el 1% de la población mundial es homosexual. Sin embargo, el 15% sufre algún tipo de discapacidad, el 17.6% vive en pobreza extrema, cada 10 años muere el 3% de la población de cáncer y cada 10 años es abortado el 6.2% de la población mundial… ¿Por qué entonces convertir este tema en prioritario cuando hay necesidades mucho más apremiantes que atender?

En un “mundo feliz”, para quien propaga el “matrimonio gay”, las parejas serían homosexuales y no habría ningún tipo de consideración sociológica, antropológica, ética ni económica que pudiera cuestionarlas. ¿Ese “mundo feliz” a dónde nos llevaría? En ese mundo lleno de parejas gays y lesbianas, la procreación sería imposible de manera natural, lo que llevaría a la extinción de la raza humana.

Por ello, hoy en la agenda homosexual también figuran “alternativas” para satisfacer el “derecho de ser padres” a través de vientres subrogados (mujeres rentadas porque el hombre no puede acoger en su vientre a un bebé) y donaciones de esperma (porque dos lesbianas no pueden generar espermatozoides).

Un mundo así nos llevaría a convertirnos en “productos”, “cosas que se pueden comprar y vender” o que “se rentan”; y por lo tanto, un mundo en el que los pobres seguirían siendo pobres, donde las diferencias serían aún más marcadas, porque siempre habría quien quisiera rentarse por necesidad, y otros que quisieran comprar personas por satisfacción o deseo. Un mundo sin VIDA, un mundo muerto que, si quisiéramos imaginar un poco más, lo podríamos ver en películas futuristas como “El juego de Ender”, “Los niños del hombre”, “Los juegos del hambre”, “Gattaca”, y muchas más.

No cabe la menor duda de que la única vía para construir un futuro próspero, es crear condiciones sociales, políticas y económicas para que el modelo familiar (hombre, mujer e hijos), que nos garantiza la subsistencia de la humanidad, sea protegido y resguardado por nosotros mismos, en lugar de dejarlo a un lado por la colonización de ideologías que pretenden el control de las naciones y por tanto de la humanidad.

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* Las opiniones expresadas en esta columna, son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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