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Elecciones 2015, ¿y el Bien común?

Comienza formalmente el periodo en el que los partidos políticos buscarán ganar el voto de los ciudadanos en esta elección a nivel nacional, llamada intermedia, porque justo se da a la mitad del sexenio en curso, en este caso presidido por el PRI con Enrique Peña como presidente del país.


Elecciones 2015


Todos los mexicanos habremos de elegir diputados federales, en 9 estados se elegirán gobernadores y en 14 alcaldes o jefes delegacionales.

Esta elección intermedia puede tener muchas lecturas de acuerdo a los diferentes especialistas en la materia. Algunos ven en estas elecciones un voto de aprobación o desaprobación para el presidente en curso, otros la ven como el inicio del camino para la siguiente elección presidencial.

Los ciudadanos de a pie vemos a través de los medios de comunicación un reflejo lamentable del nivel de debate político en nuestro país, el cual se reduce a denostaciones, campañas negras, resaltar las debilidades, las pifias y malas acciones de gobierno de cada contrincante.

Los partidos buscan mensajes, slogans e ideas que mercadológicamente impacten más a la población, ganando con ello el favor del voto de los que lo ejercerán libremente el día de la elección. Porque, a pesar de tantas reformas electorales y un sinnúmero de blindajes, los partidos políticos y sus gobernantes se las han ideado para mantener el famoso voto duro, el cual está formado por todos aquellos que votan siempre por el mismo partido, por convicción personal, y tristemente por los que votan por conveniencia, dados los beneficios obtenidos.

Algunos partidos políticos de reciente creación pretenden refrescar la agenda, pero caen atrapados por la vorágine electorera en lo que los partidos de siempre hacen. Alianzas inexplicables y “nuevas ideas” que a veces son tan ridículas, como la de presentar “partidos políticos sin políticos”.

Esta elección intermedia tiene también la característica de ser poco atractiva. Dada la historia centralista de nuestro país, pareciera que el único poder que realmente importa es el del presidente y, por lo mismo, una elección local y de diputaciones federales es poco atractiva.

El problema real detrás de todo este fenómeno político electoral que vivimos en México, es la falta de credibilidad que la ciudadanía tiene en los partidos y gobernantes debido a los escándalos, a la corrupción rampante y evidente, a las ridiculeces de algunos, a la vanidad y superficialidad de otros.

No es bueno generalizar; por eso, sería muy injusto decir que todos los políticos son corruptos e ineptos. Cuando se masifica la opinión pública y ésta es regida por la opinión publicada y la dinámica de las redes sociales -que forman también ya parte de esta masificación mediática-, es difícil rescatar a los buenos políticos que pertenecen a grupos y partidos en los que se vive o se ha vivido esta degradación.

Lo más triste y preocupante de la mala imagen de los políticos, es el desprestigio que se genera sobre una vocación tan indispensable para la sociedad. El Papa Francisco lo ha dejado claro: “la política es una de las formas más altas de caridad”.

La política, entendida de forma antropológica, es la búsqueda del Bien común. Éste se puede ejercer desde diferentes ámbitos, tanto desde el ejercicio del poder político como desde la sociedad.

A partir del poder político, el ámbito de influencia es mayor, ya que abarca -dependiendo del rango o puesto- a un mayor número de personas.

Desde la sociedad se puede ejercer de forma individual a través de la emisión del voto o de forma articulada a través de organizaciones o movimientos, que pueden trabajar en su propio ámbito de influencia -como lo hace una empresa-, hasta un ámbito de mayor alcance a través de la coordinación de esfuerzos en pro de una causa particular.

La búsqueda del Bien común o el ejercicio de la política, es algo propio de los seres humanos que vivimos en sociedad. Tiene como motivación principal que todas las personas tengamos la misma oportunidad para autorrealizarnos, ser libres y alcanzar la felicidad.

De tal forma que la política bien entendida es una vocación de los seres humanos, que nos lleva a hacer algo por los más necesitados, por otros como nosotros que no tienen las mismas oportunidades.

Desde esta perspectiva, el ejercicio de la política tiene un fin bueno y loable que abarca a todos, desde el recién concebido hasta el más anciano. Su objetivo es crear las condiciones para la igualdad de oportunidades, para el bien vivir. Implica un encuentro con la realidad, con aquellos que el Papa Francisco llama “periferias existenciales”.

En este orden de ideas, no debemos dejar a un lado nuestra misión de ver por los demás y crear las condiciones para eliminar la desigualdad de manera desinteresada. El funcionario público, el empresario y la sociedad organizada estamos llamados al ejercicio de la política.

La búsqueda del Bien común como objetivo primordial es una realidad muy lejana en nuestro país, por lo que es indispensable corregir el rumbo y buscar líderes que entiendan el verdadero ejercicio de la política, libres de ataduras ideológicas. Necesitamos una política de principios antropológicos que es la verdadera política para el Bien común.

Coyunturalmente estamos en medio de un proceso electoral, en un sistema democrático en el que reina la partidocracia, copada por intereses individuales, un sistema corrupto que requiere de líderes y personas que entiendan el verdadero sentido de la política y que con sus acciones sean el factor del cambio que necesita nuestro país.

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