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¡México, vuelve a Dios!

Nuestra Patria mexicana enfrenta grandes retos y momentos difíciles como no hubiéramos imaginado no hace mucho.

La canonización este domingo 27 de abril, día de Jesucristo Señor de la Misericordia, de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II (quien precisamente decretó la fiesta de Nuestro Señor de la Misericordia, como se aparece Jesucristo a la monja polaca Faustina Kowalska, canonizada también por el Papa Juan Pablo II), nos debe mover a la reflexión, a la oración y a pedir por su intercesión (por tanto que amó el Papa polaco a México) que Cristo Rey de la Historia se apiade de los mexicanos que sufren por la violencia extendida en nuestro país.

Pero nosotros hemos sido causantes de la delicada situación que hoy padecemos, desde que permitimos la legalización del crimen del aborto en la capital de nuestro país, que precisamente cumple el 27 de abril 7 años. Se ha asesinado aproximadamente a 126 mil personas concebidas, en el vientre de sus propias madres, solamente en los hospitales e instalaciones de salud pública del gobierno perredista del Distrito Federal, lo que equivale a la población completa de una ciudad media de nuestra nación. La sangre de esos inocentes clama al cielo más que la sangre de Abel sacrificado por envidia por su hermano Caín. Un número semejante de personas muertas por la violencia criminal en el país desde entonces, 14 mil 739 ejecuciones en los 16 meses del Gobierno del presidente Peña Nieto.

Como dijera Santa Teresa de Calcuta: la permisividad del crimen del aborto provoca también la violencia contra las personas ya nacidas y la violencia no encuentra freno; un número semejante de mexicanos ha muerto desde esa fecha a manos de las bandas criminales que se extienden por nuestro país. Hemos visto casos espeluznantes de servicia y de tortura en ejecuciones, que sólo pueden explicarse en almas y mentes totalmente depravadas y desquiciadas.

Pero reflexionemos que es igualmente monstruoso, o peor, asesinar en el vientre materno una vida inocente que no puede defenderse y que cuenta tristemente con la complicidad de su propia madre.

No podremos resolver la situación de la violencia criminal de la delincuencia organizada y desorganizada, si no rescatamos el valor de la vida humana y se respete y proteja por el Derecho desde su concepción hasta la muerte natural- ¿De dónde vendrán los policías que vigilen y cuiden nuestras ciudades?

El Gobernador de Nuevo León tuvo que promover la contratación de policías poniendo anuncios y buscando personal en Chiapas o en el Distrito Federal; las policías del mando único de Morelos están siendo detenidas por su vinculación con el crimen; en Michoacán los alcaldes de importantes ciudades han sido aprehendidos por estar comprados por el narcotráfico (ya Felipe Calderón procesó decenas de funcionarios y alcaldes que después  fueron exonerados); los enfrentamientos en Tamaulipas son como de guerra civil; se ordena la creación de nuevas fuerzas únicas de policía en el Estado de México, donde se reconoce que el problema se ha desbordado. ¿Pero con quiénes se formarán dichos nuevos cuerpos? La nueva gendarmería nacional sigue pendiente. ¿Qué se hará con los 425 mil policías que hay en el país, de los que en su mayoría se desconfía?

¿Qué persona sin principios y sin un sentido trascendente de la vida puede acercarse a entrar a los cuerpos de policía sin buscar cómo sacar provecho indebido, o caer rápidamente ante el amague de "plata o plomo" de las bandas criminales?

No, el país no la tiene fácil y "el cucharón no saca más que lo que hay en la cazuela", dice el adagio popular. Nuestro México no tiene salida si no vuelve los ojos a Dios!

Necesitamos pedir, clamar al cielo por misericordia y pedir perdón a nuestro Dios providente y siempre misericordioso, por haber abandonado el sendero de los valores familiares y sociales, por perder el sentido de la moral pública y las buenas costumbres, reconocidos no hace mucho en nuestras leyes y Códigos Civiles y hoy proscritos de la legislación, ante un relativismo en donde se han perdido los principios más elementales del orden natural de la creación y ya todo es verdad o es mentira dependiendo del color del cristal con que se mira.

Para todo hay tolerancia, salvo para llamarle a las cosas por su nombre, cuando se plantea en países "avanzados" reconocer el "derecho" a la inclinación sexual, de la pedofilia o a la zoofilia; no se diga que las relaciones homosexuales son antinaturales, pues puede causar un escándalo y ser denunciado por homofobia. Ya en algunos países no se puede señalar el crimen del aborto, pues se corre el riesgo de ser perseguido por “abortofobia”.

Hemos abandonado en las familias la educación y formación de los hijos, que han quedado en manos del Internet y las redes sociales; hemos arrinconado a Dios en el recinto de los templos y lo hemos expulsado de la vida social y su mención esta proscrita de nuestras conversaciones.

Pero todo eso tiene un precio y hoy lo estamos pagando con aflicción, con agobio y con dolor, ante las extorsiones, los secuestros, los asaltos y los crímenes. Pero no nos engañemos: no bastarán las mejores alternativas en las leyes penales y los cuerpos de seguridad, si México no vuelve a Dios.

Pidámoslo a través de Nuestra Señora de Guadalupe, madre del VERDADERISIMO Dios por quien se vive, y que no ha hecho cosa igual con ninguna otra nación.

Como dice nuestro Himno Nacional: “¡en el cielo tu eterno destino por el dedo de Dios se escribió!

Fundación Miguel Palomar y Vizcarra

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