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Ser feliz ¡Se puede!...

¡Qué impresión, qué encontronazo a mis emociones al entrar a la capilla de la funeraria donde velaban el cuerpo de José Eduardo! Estaba su familia, además de amigos, compañeros, y un jardín de arreglos de flores rodeando la caja.


Análisis Social


Nunca visto

Cuando llegamos, la puerta de la capilla estaba cerrada, mi esposa la abrió con cuidado y entramos despacio. Que sensación, un hombre interpretando un solo de violín frente al féretro. El hijo mayor de José Eduardo, notoriamente conmovido explicaba con detalle el significado de las melodías que se interpretaban relacionadas con su papá. Entre tantas cosas que mencionó Pepe, su hijo, me calaron estas: “Mi papá fue mi amigo. Su único amor, mi mamá, ¡cómo la quería…!”.

Ah, déjame que me emocione más. Había una arreglo de flores blancas con un follaje verde sobre el féretro, con un listón cuya leyenda decía “Siempre una sonrisa”.

Fueron dos o tres tangos, el músico nada menos que un profesional, dejaba desmayar algunas notas en el violín que me hacía poner la carne de gallina y los ojos jugosos. Por fin la última canción, la dejó al final porque era la preferida de su papá, el tema de la película Casablanca: A medida que pasa el tiempo, (As time goes by).

Pepe agradeció con aprecio las manifestaciones de cariño a todos quienes conocieron a su padre. No faltó, la espontaneidad de algunos de sus coetáneos para expresar su sentido dolor y amor por José Eduardo.

Casi el final

Faltaba una media hora para llevar el cuerpo a incinerar y Guadalupe pidió a mi esposa que dirigiera un Rosario antes de que se lo llevaran al crematorio. Fue un rato familiar, cariñoso, con algunos sollozos, pero solidario a la familia. Quizá, las cosas que aun siendo emocionantes, son más bien para la mente, la reflexión y el corazón, las voy a narrar.

La despedida. Abrieron la tapa del frente del féretro y Guadalupe con sus hijos despedían a José Antonio, en silencio, con ternura, como contemplándolo. Ella puso su Rosario sobre el vidrio mientras pensaba: rezaban, recordaban, agradecían, y le daban el hasta luego.

Cuando ya no estaba en la sala, Guadalupe dijo “ahora sí siento el hueco”. Algunas, le dijeron que no, no debía sentirte así…, pero alguien más la acogió, y le dijo que sí, la entendía y así era, y la abrazó.

María la mayor de las hijas, nos comentaba que se hacía esta pregunta: ¿Cómo se le había ocurrido morir a su papá el mismo día de su aniversario de bodas? Se respondió, que algo tendría que sacar de provecho de esta coincidencia.

Mis conclusiones

Por último, déjame explayar en esto que me hace decir ¡Ser feliz, ser feliz, se puede…!

Guadalupe estuvo en los últimos momentos de vida de su esposo en el hospital. Los signos vitales se venían abajo poco a poco, los padecimientos que tenía eran prácticamente letales. Sin embargo, el médico le dio la opción de hacerlo reaccionar, y ella prefirió no tomarla.

Mientras llegaba el momento, ella le hablaba al oído. Algunas de las cosas que le dijo y nos contó fueron estas: “Estarás pronto en el Cielo, allá, estarás con muchas personas que te quieren y quieres, te vas a encontrar con Dios, con la Virgen, con…, y con…; y muchas cosas bonitas”. Ella veía mientras le platicaba, como el monitor, junto a la cama, expandía hálitos de vida, como si reaccionara positivamente…

La noche anterior fuimos a una boda, fue en la Iglesia de la Sagrada Familia. Siempre en las ceremonias de casamiento, pongo atención mucha atención a las fórmulas. Una de ellas, cuando el sacerdote les dice a los recién casados, “y que encuentren en los amigos un consuelo…”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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