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La Familia Ecológica

El Papa Francisco ha dedicado su reciente Encíclica Laudato Si’ (Alabado seas) al cuidado de la casa común, es decir, de la tierra que habitamos, la cual sufre y clama al verse maltratada y saqueada por el hombre. El Papa nos llama a una conversión ecológica que nos lleve a tomarnos en serio el respeto y cuidado de la naturaleza.


Sínodo de la Familia


Porque, para un cristiano, la protección del medio ambiente no es una opción, sino un compromiso esencial: “Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios -dice el Papa- es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana”.

La Encíclica está dividida en seis capítulos. El último nos insta a esa conversión ecológica, para la cual son básicas la educación y la formación. El Papa nos invita a “ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social” con el fin de “modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los modelos de producción”. También nos recuerda el poder liberador de la sobriedad, esa virtud que nos ayuda a limitar algunas necesidades que nos atontan, sin menospreciar los gestos y hábitos cotidianos, como son la reducción del consumo de agua, el control del gasto energético o la separación de residuos, algo que se aprende, sobre todo, en familia.

La Familia, como decía su antecesor Juan Pablo II, “es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano”. La Familia constituye la sede de la cultura de la vida y en ella se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado, que se expresa en aspectos tan concretos y cotidianos como:

  • Uso correcto de las cosas
  • Orden y la limpieza
  • Respeto al ecosistema local
  • Protección de todos los seres creados

La Familia, continúa el Papa, es el lugar de la formación integral, donde se desenvuelven los distintos aspectos, íntimamente relacionados entre sí, de la maduración personal. Porque en la Familia se aprenden cuatros cosas fundamentales:

  • Pedir permiso sin avasallar
  • Decir “gracias” como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos
  • Dominar la agresividad o la voracidad
  • Pedir perdón cuando hacemos algún daño

Estos cuatro “pequeños gestos de sincera cortesía” contrarrestan ese ímpetu avasallador de la razón tecnológica, dominadora y explotadora, la cual no pide permiso para tomar de la naturaleza lo que desea, no siente gratitud porque no acepta que todo le ha sido dado, es agresiva con el medio para poder someterlo y es incapaz de pedir perdón porque su soberbia no le deja ver más allá de los resultados.

Estos gestos, que aprendemos en Familia, “ayudan a construir una cultura de la vida compartida y de respeto a lo que nos rodea”, y ponen freno al control y la explotación de la naturaleza por parte de la cultura moderna. Por eso, la Familia es ecológica por definición (oikos, en griego clásico, significa casa, hogar, familia), porque gracias a ella hemos adquirido los hábitos imprescindibles para poner límite a esa tendencia avasalladora, ingrata, agresiva y soberbia de la razón tecnocrática.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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