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Diagnosticados muertos, pero estaban ¡conscientes!

Diagnosticados muertos. Un reciente artículo del periódico inglés Dialy Mail (1), presenta una entrevista realizada con el Dr. Sam Parnia, titulada “Los científicos ahora creen que la consciencia continúa aún después de la muerte”.


Defensa de la vida


Sam Parnia es jefe de un equipo multidisciplinar de la Universidad de Southampton, que publicó un estudio en la revista Resucitation en el que estudia a más de 2,000 personas que sufrieron paros cardíacos y respondieron al tratamiento de resucitación con éxito, en 15 hospitales del Reino Unido, Estados Unidos y Austria. Es este el mayor estudio realizado, hasta ahora, utilizando una metodología rigurosa, con el fin de excluir todos aquellos casos que pudieran estar basados en impresiones particulares, respetables, pero sin interés científico.

Jerry Nolan, Editor Jefe de Resuscitation, que no participó en el estudio, pero es considerado una autoridad en la materia, se refirió así a esta investigación: “Parnia y sus colegas deben ser felicitados por haber realizado un estudio fascinante, que abrirá la puerta a una investigación más amplia de lo que sucede cuando morimos”. (2)

Los resultados revelaron que el 40 por ciento de los que sobrevivieron al paro cardíaco tuvieron conciencia durante el tiempo en que estaban clínicamente muertos y antes de que se reiniciara la actividad cardíaca.

Sam Parnia afirma en esta entrevista: “La evidencia, hasta ahora, sugiere que en los primeros minutos después de la muerte, la consciencia persiste. Si se desvanece después, no lo sabemos, pero inmediatamente tras de la muerte, la consciencia no se pierde. Sabemos que el cerebro no puede funcionar cuando el corazón ha dejado de latir, habiéndose podido constatar que entre 20 y 30 segundos después de que el cerebro deja de ser irrigado por el flujo sanguíneo, éste no puede realizar sus funciones. Pero en estos casos, que investigamos, la consciencia continuó durante, al menos, tres minutos después que el corazón dejara de latir”.

Esto es importante, ya que hasta ahora se ha supuesto que las experiencias recordadas por personas que habían pasado por esta situación, eran alucinaciones o ilusiones, o que se producían antes de que el corazón dejase de latir o después que el corazón volviera a funcionar”.

“Ahora se ha podido constatar, que estas experiencias, en muchos casos, se corresponden con acontecimientos reales, ocurridos cuando el corazón no estaba latiendo. Es así como se pudo verificar que los recuerdos que hacían referencia a percepciones visuales o sensoriales concordaban con eventos verificados”.

Continúa el director del estudio afirmando que “se estudiaron un total de 2,060 pacientes que habían sufrido paro cardíaco y habían sobrevivido; de ese número, 330 no recordaban del periodo durante el cual el corazón estuvo inactivo y 140 manifestaron haber estado conscientes durante ese tiempo. De estos últimos, afirma Parnia, “39 por ciento describieron una percepción de la consciencia, pero, sin embargo, afirmaron no tener ningún recuerdo de haber percibido los acontecimientos que ocurrieron en su entorno, lo que sugiere, según Parnia, que otras personas pueden haber estado también conscientes en ese período, pero perdieron totalmente la memoria, ya sea debido a los efectos de la lesión cerebral o de los sedantes”.

Sam Parnia continúa diciendo: “La evidencia hasta ahora sugiere que en los primeros minutos después de la muerte la consciencia persiste, a pesar de que la experiencia científica sugiere que las funciones cerebrales ya no pueden ejercerse. Algunos, incluso, recordaron explícitamente ‘ver’ y ‘escuchar’ los acontecimientos después de que sus corazones se hubieron detenido. Varios pacientes coincidieron en afirmar que habían tenido experiencias similares; uno de cada cinco especificó haber sentido una sensación de tranquilidad en el mismo período en el que se supone no hay actividad cerebral; 13 por ciento de los entrevistados manifestaron haber tenido una experiencia fuera del cuerpo; otros experimentaron una sensación más desagradable, de temor, de ahogarse o ser arrastrados por las aguas”.

Parnia opina que, “contrariamente a la percepción que se tenía hasta ahora, la muerte no es un momento concreto, sino un proceso, eventualmente reversible, que tiene lugar después de cualquier enfermedad o accidente grave que da lugar a que el corazón, los pulmones y el cerebro dejen de funcionar”.

Continúa el director del estudio: “Hemos querido, en este estudio, ir más allá del término ‘experiencias cercanas a la muerte’, que contiene aspectos emocionales difíciles de definir científicamente, para poder analizar objetivamente lo que sucede cuando se nos considera muertos”.

Concluye el entrevistado: “Si bien no fue posible probar absolutamente qué es lo que le ocurre exactamente a todos los pacientes que sufren paro cardíaco y han vuelto a vivir, porque los que recuerdan explícitamente haber tenido consciencia visual, sensorial o la llamadas experiencias fuera del cuerpo que pudieron ser verificados, fueron relativamente pocos –sólo 2 por ciento–; sin embargo, es imposible negar que estas experiencias hayan sido reales, pero se necesita más trabajo en esta área”.

Citamos, finalmente, la opinión que manifiesta David Wilde, psicólogo de la Nottingham Trent University (Reino Unido), y que actualmente está recopilando datos sobre las experiencias fuera del cuerpo, en un intento de definir un patrón que vincule cada episodio. Wilde afirma que “la mayoría de los estudios analizan el tema de forma retrospectiva. En cambio, los investigadores de este trabajo han evaluado a pacientes que habían sido atendidos en diversos hospitales de diferentes países, utilizando una muestra de gran tamaño, seguida durante cuatro años, lo que le da al trabajo gran validez.

Por lo que se puede afirmar que hay evidencias que lo percibido por las personas declaradas médicamente muertas, ocurrieron en realidad, aunque no sabemos lo que está pasando. Estamos todavía en la oscuridad acerca de lo que sucede cuando uno muere, por lo que este estudio ayuda a comprender más este fenómeno y anima a continuar las investigaciones científicas en este campo.

En nuestra opinión, el estudio dirigido por Parnia merece una atención especial, por su rigor científico y la prudencia de sus conclusiones, que se apoyan en hechos comprobados científicamente. Esperamos que este trabajo pueda ampliarse, también, a aquellos que han sido diagnosticados de muerte cerebral y han vuelto a vivir.

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