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¿Familia o profesión?, la nueva incógnita de la mujer

Una gran incertidumbre que sentimos muchas profesionistas al momento de hacer un proyecto de vida, es sobre cómo sobrevivir entre tener una familia (con hijos y todo el paquete) y ser exitosas en la profesión que elijamos.



Pareciera que tendríamos que sacrificar alguna, porque en la práctica vemos que así es: “Si tengo éxito en mi trabajo, casi es seguro que terminaré divorciada”; o “Si me dedico sólo a la familia, entonces para qué ‘pierdo’ el tiempo estudiando tal carrera”.

Tras la grave problemática social de desintegración familiar, ¿fue un error que la mujer se saliera del hogar?, ¿a la basura la lucha por la equidad? La realidad es que la familia donde papá llevaba el sustento al hogar y mamá se quedaba trabajando en el mismo, ha cambiado drásticamente. ¿Entonces que los hijos se críen solos? Pero, ¿y los derechos de las mujeres?

Para tranquilizar el estrés mental, hay que considerar ciertos conceptos que el sociólogo José Pérez Adán nos ejemplifica:

La funcionalidad de la familia no radica en si tienes una familia tradicional, aquellas donde hay una separación de trabajo productivo (laboral) del trabajo reproductivo (trabajo en el hogar), o moderna, donde ambos cónyuges realizan ambos roles. Pues una familia que funciona a la sociedad asegura buenos ciudadanos y es capaz de:

* Transmitir cultura a las siguientes generaciones (una lengua, cultura, arte, tradición, religión).

* Mantener un control social (evitando conductas socialmente dañinas).

* Generar la socialización entre sus miembros (la familia aporta condiciones que permite a sus integrantes actuar en sociedad).

* Garantizar una equidad generacional (a través del afecto y solidaridad diacrónica).

Lo que consiste realmente equidad: la gran tortura mental que me provocó la ideología de género fue la sexualización del mismo género, cuando el sexo es biología (nuestra genética es XX o XY); y el género, por otro lado, adoptado el término en sociología por Ann Oackley, es cultura (valores masculinos o femeninos) y cambia conforme se modifican los roles sociales. Por lo tanto, sexo y género no son lo mismo:

* Valores masculinos

- Competitividad

- Iniciativa

- Lucro (interés propio, si no sirve lo desecho)

- Autonomía

- Fuera del hogar

* Valores femeninos

- Comprensión

- Complementariedad

- Servicio (protección por el débil)

- Interdependencia

- Dentro del hogar

Tras la innegable confusión de conceptos, se ha encadenado que haya personas que piensan que tanto el sexo como el género son constructos sociales, así como para otras el género es mera invención ideológica. Ambas son erróneas. Yo puedo optar conscientemente por valores masculinos y seguir siendo de sexo femenino; pero son los valores femeninos, que tanto hombres, mujeres e instituciones deberán optar por justicia social.

La integración de la mujer al ámbito empresarial, político y social no significa el culmen de la equidad de género. sino a la integración del hombre a las labores del hogar. El gran reto aquí es que los trabajos dentro del hogar (vivencia de valores femeninos), como no aportan capital en el mercado en nuestra odiosa economía neoclásica, se le da al rol de ama de casa un estatus social nulo, generando muchos hombres (y mujeres también) machistas.

Por lo tanto, tener una familia y laborar, sí pueden ser posibles; pero encontrar a la pareja con la cual compartir esa responsabilidad… ese es otro cantar.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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