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Tolerancia hacia los intolerantes

El fin de semana pasado, entre tantas fotos de perfil multicolor en ‘Facebook’ y ‘Twitter’, quedé impactado por el peso mediático que tienen las minorías (que no por ser minorías debe discriminárseles), aunque claro, financiadas por la ONU, el Banco Mundial, la UNICEF, y muchas otras asociaciones y fundaciones en pro de la decadencia de la sociedad pueden lograr ese impacto tan grande.


Ya lo tienes


Pero, dejando a un lado las creencias, las ideologías y los argumentos “religiosos”, me puse a analizar a detalle los pros y los contras de la decisión de la corte en México, en Estados Unidos y en muchas partes del mundo que se permiten las uniones civiles homosexuales y son mal llamadas “matrimonio”.

Por un lado, el argumento tan repetido de que todos somos iguales no es válido para mí. Primero, porque yo no soy igual a nadie, tengo los mismos derechos que todos, como lo es el de la vida, la libertad, la propiedad y los demás derechos que de ahí derivan; pero yo no soy judío, yo no soy homosexual, yo no soy hijo de una madre que renta su vientre. Sin embargo, sé que todos tienen los mismos derechos que yo por el simple hecho de ser personas.

Por otra parte, la justicia en México (y en muchos países del mundo) se ha distorsionado de la realidad, y se ha convertido en una definición de diccionario obsoleto, ya que por “justicia” muchos entienden que es dar lo mismo a todos. La verdadera Justicia es dar a cada quien lo que le corresponde; no puedes ponerte unos zapatos del número 6 si tú calzas del 9, porque no te van a quedar, es simple lógica, así como no pueden un puñado de magistrados crear leyes que van en contra de la naturaleza humana, tal cuestión no daña los derechos de nadie, el hecho de reconocer que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer y que esto es naturalmente distinto a cualquier otra relación.

Y con esta postura no estoy discriminando a nadie. Un homosexual tiene primero que nada el derecho a ser respetado, ya que es una persona, con la misma dignidad que un heterosexual; tiene el derecho a vivir una vida privada como mejor le plazca, siempre y cuando no sobreponga sus gustos por encima de los derechos de los demás. Pero el hecho de llamar “matrimonio” a una unión de dos personas del mismo sexo, no es concebible; un matrimonio es una institución que a través de la historia y la tradición ha sido el inicio de una familia, y por consecuencia, es el primer pilar que sostiene una sociedad. Por lo tanto, si lo que se pretende es denunciar la discriminación o reclamar los derechos humanos, no se debe re-definir el matrimonio, ya que se mueve la fibra más fuerte de la base de la sociedad: la familia.

Y el triunfo de la perversa Ideología de Género (que no es una simple ideología ya que tiene caras y nombres) no es el reconocimiento de las uniones civiles homosexuales; el verdadero triunfo es el primer paso y la apertura a la decadencia de la sociedad hacia una cultura donde los valores se perderán totalmente. No es necesario inventar el hilo negro, lo hemos visto en otros países, primero el “gaymonio”, posteriormente la adopción de niños como si fueran juguetes u objetos para diversión, sin pensar que antes que el gusto de tener un “juguete nuevo” está el derecho del menor a tener un padre y una madre; junto con esto, la “renta de vientres”, como si las madres fueran máquinas para fabricar bebés que muy probablemente serán violentados (no necesariamente en forma física, sino en forma psicológica y probablemente sexual). No justifico así la violencia en las parejas heterosexuales; y por último la deshumanización de la sociedad, logrando una insensibilidad y un egoísmo tan grande, que difícilmente nos acordaremos de los valores, de las costumbres y finalmente de Dios.

Es momento de que despertemos como sociedad y exijamos a la Corte y a los gobiernos que se dejen de estupideces y legislen en pro del Bien común. Hay tantos temas tan urgentes como necesarios: la pobreza, el hambre, la educación, el medio ambiente, etc., y sólo están actuando en beneficio de intereses particulares de mafias y sociedades secretas que buscan su beneficio propio sin importar si al resto del país se lo lleva la desgracia.

@magallonluis

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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