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Participación a través de Cuerpos intermedios

En una sociedad compleja como la nuestra, la democracia formal es perfectible y estamos en ese proceso; pero no tiene sentido sin democracia participativa, pues ésta posibilita que los ciudadanos pasen de ser objetos sociales a sujetos sociales, es decir, actores de la transformación del medio y de las relaciones de poder. Democracia, entonces, implica un actuar democrático. En este enfoque, democracia y participación son sinónimos y complementarios.



La participación puede alcanzar distintos niveles y formas de expresión y se da predominantemente a través de los cuerpos intermedios. Éstos nacen de la necesidad que tienen las personas de agruparse en diferentes asociaciones que ayuden a su desarrollo; y son intermedios, porque en la estructura social se colocan entre la Sociedad y el Estado. Así, puede haber tantos cuerpos intermedios como actividades o necesidades presente la sociedad; luego entonces, están vinculados a ámbitos políticos, profesionales, culturales, sociales, religiosos, etc. (sindicatos, asociaciones de colonos, clubes deportivos, asociaciones profesionales, entre otros). Para que sean legítimas, estas agrupaciones deben surgir de la Sociedad y no del Estado y ser autónomas con respecto a éste, pues, si no, perderían su representación social.

Los cuerpos intermedios desarrollan el sentido de iniciativa y el ejercicio de la libertad de las personas, y constituyen órganos de defensa de los particulares contra acciones del Estado que les sean lesivas. Como se mencionó, la democracia en acción es participación, y si los cuerpos intermedios son una forma importante de participación ciudadana, su existencia es un indicador -tanto cuantitativo como cualitativo- del desarrollo democrático de una sociedad.

En las sociedades gobernadas por regímenes totalitarios no existen cuerpos intermedios porque la sociedad no tiene libertad de asociación. Los cuerpos intermedios son medios de participación de la sociedad; sin embargo, en cuanto a la praxis de la participación ciudadana, se requiere que la sociedad esté informada. A veces, el gobierno confunde información con participación; sin embargo, tener información y entenderla es el inicio de la participación social, pues tener conocimiento del quehacer gubernamental es imprescindible para a través de la participación calibrar el grado y cualidad del impacto que dicha acción tiene en la sociedad.

Derivado del acopio y procesamiento de la información, se da la consulta y el diálogo entre autoridad y gobernados, que tendrá que posibilitar llegar a acuerdos por consenso, y a un trabajo en común, cogestión y autogestión ciudadanas. Interactuar con nuestras autoridades a través de estar organizados en cuerpos intermedios, sustituye la presión tumultuaria y desordenada que se da a través de las manifestaciones por parte de los ciudadanos, ante la omisión e indiferencia por parte del gobierno a lo que aquellos interesa.

Ahora bien, un derecho fundamental es el derecho a ser diferente; por tanto, la sociedad es plural, y abundan la diversidad de intereses y puntos de vista sobre los problemas que la aquejan; y si queremos que los cuerpos intermedios sean un medio eficaz de participación social, hay una condición de la que no se puede prescindir, si queremos llegar a acuerdos que nos beneficien a todos, y es la tolerancia que nos debemos unos a otros.

La tolerancia tiene su origen en la razón, en el logos, como lo entendían los griegos, como razón y como palabra; esto es, como capacidad para comprender y para hacerse comprender. La tolerancia en una cultura de democracia y convivencia social, se da sobre la base del respeto a la dignidad humana en lo individual, y a la diversidad en lo social.

Respetar en convivencia significa intercambiar puntos de vista con otra u otras personas, con el reconocimiento implícito de que les puede asistir la razón, de que nadie ve la totalidad de la realidad humana; y en sociedad, política partidista o democracia, ningún proyecto reúne y satisface la gran variedad de aspiraciones y necesidades de la comunidad.

La tolerancia se da a través de una reflexión en torno al reconocimiento del otro, asumir la diferencia, la pluralidad, el multiculturalismo y la ética, como elementos fundamentales de la tolerancia para fundar una sociedad madura. Si no respetemos las ideas de los demás, no tenemos derecho a pedir que se respeten las nuestras. Sobre este supuesto se asume la tolerancia.

La tolerancia, como condición fundamental para una cultura de democracia, no implica estar de acuerdo totalmente y siempre; tampoco significa permisividad, porque la tolerancia también tiene límites, la sociedad no puede tolerar actos de corrupción, de anarquía o totalitarismo, por mencionar algunos, porque sería negarse a sí misma. La sociedad contemporánea tiene que educar al hombre desde el inicio de su desarrollo para participar asumiendo la razón de la tolerancia, una de las más importantes acciones para hacer de la nuestra una patria fuerte ordenada y en paz.

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