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Necesidad de cambio de la sociedad mexicana

Hace 4 años (marzo 2011) sucedió en Japón, un terremoto y como consecuencia, inmediatamente después un tsunami, ambos, fenómenos naturales de devastadoras consecuencias para una parte de ese país, una tragedia natural sin precedentes en el archipiélago que constituye esa nación, a la que se agregó el riesgo de daño por radiación nuclear, sin embargo, el mundo además de manifestar su solidaridad, contemplo sorprendido el comportamiento del pueblo japonés ante la tragedia, mucho se ha comentado del estoicismo con que los japoneses enfrentaron la pérdida de sus seres queridos y la devastación de sus ciudades. 



El pueblo japonés está caracterizado por un alto grado de civilidad y orden, en ningún momento se vieron actos de pillaje o motines por la obtención de alimentos, más bien en aquella ocasión observamos a un pueblo unido disciplinado y trabajando por superar la adversidad.

Ahora bien, es cierto, las comparaciones son odiosas pero no podemos dejar de observar con envidia el desarrollo que tiene una sociedad como la japonesa y compararla con la mexicana, la cual desgraciadamente en su gran mayoría dista mucho de tener el grado de civilidad que presentan los japoneses, esto, derivado de la simpleza con que los mexicanos hacemos las cosas, es decir como a cada quien le viene en gana y no como debería ser.

Hay quienes opinan que nuestra propensión a actuar desordenadamente y en contra de la ley como pueblo es genética, es decir nacemos con esa inclinación, y en menor grado es cultural pero para efectos prácticos la causa no es tan importante como los efectos.

Pasa que para nosotros como individuos siempre hay una razón que es mas importante que la ley o la ética para comportarnos como lo hacemos, así, violamos las reglas de todo tipo bajo el argumento de que son estúpidas, difíciles de cumplir, no nos gustan, o afectan nuestro interés, en contrapartida, el orden establecido, la honestidad, el bien común, la ética, atentan contra nuestra manera de pensar o de ser, actuamos de forma improvisada, negligente, corrupta. Al proceder así sabemos que nos comportamos mal pero no nos importa, “todos lo hacen”, “no es para tanto”, “nadie lo va a notar”, “la autoridad es corrupta”, “lo legal es caro”,   son algunas de las justificaciones que empleamos para actuar así.

Nuestro cotidiano como país esta impregnado de esta nefasta forma de ser en todos los aspectos que lo integran, el eje rector no es, ¿es lo correcto? si no, ¿me conviene? o, ¿como puedo sacar mejor provecho a costa de lo que sea?, lo mismo nos queda mal en un trabajo un artesano, que un constructor, o cualquier prestador de servicios, y la irresponsabilidad siempre se achaca de manera dolosa a todo menos a nosotros mismos, desgraciadamente en muchos ámbitos, se piensa y se inculca la idea de que hay que pasar sobre los demás como una norma de vida, pues el respeto, es muestra de incapacidad para convivir en sociedad, si no pasas sobre los demás eres una persona inepta, pusilánime y siempre estarás a la zaga en la sociedad.

Nunca será ocioso insistir en que nuestra sociedad tiene que cambiar pues si no siempre seremos una nación sub desarrollada. En contrapartida, hemos de ser limpios con nuestro entorno, ser éticos en nuestro quehacer, ser participativos en nuestras comunidades, ser respetuosos con las leyes, quitarnos la cultura de la deshonestidad, impuntualidad e irresponsabilidad, podemos ser mejores estudiantes y maestros a pesar del sistema educativo, empresarios socialmente responsables y trabajadores comprometidos, dejar de ser abusivos y tramposos, los políticos podrían quitarse el egoísmo, deshonestidad y posturas acomodaticias que caracterizan sus acciones y cumplir con la encomienda ciudadana.

Precisa que las familias que es donde se educa y las instituciones educativas que coadyuvamos a lo padres de familia llevemos a cabo la alta responsabilidad de formar a los futuros protagonistas sociales en el recto ejercicio de su libertad. Por lo que respecta a las instituciones educativas, el conocimiento de la ciencia no está reñido con humanismo, requerimos fomentar virtudes tanto intelectuales como éticas pues sin estas el conocimiento llega a volverse contra el hombre y en la historia tenemos múltiples ejemplos de esto.

Nuestra labor debe ir más allá de una pura transmisión de información, nuestra meta debe ser, hacer de nuestros educandos, personas capaces de practicar la virtud, lo que implica el desarrollo de la personalidad en una  relación equilibrada en sus aspectos físicos, morales e intelectuales, personas capaces de dar sentido a su existencia, con armonía entre los intereses propios y la sociedad en que viven.

*Egresados e Inserción Profesional - UPAEP

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