Últimas noticias:

Medios y responsabilidad social

Karl Kraus, (Bohemia 1874-Viena 1936), periodista, ensayista, poeta y dramaturgo austriaco, no hizo más que escuchar las distintas voces de la sociedad de su tiempo para concebir la obra teatral “La última noche de la humanidad”, escrita durante la época de la Primera Guerra Mundial, porque en ese tiempo cada quien opinaba, a su manera y desde su posición cultural, sobre la guerra que estaba por estallar, y Kraus, convencido además de que los medios de comunicación eran capaces de anular a la opinión pública en tanto exaltaban la guerra, escribió en dicha obra, a similitud del Génesis: “Al principio era la prensa, después apareció el mundo”.



Con estas palabras Kraus mostró la arrogancia del periodismo escrito, que era el medio de comunicación predominante en su época; sólo existe lo que la prensa consigna, no hay nada por encima de los medios, denunciaba el crítico austriaco.

¿Tiene vigencia después de tantos años la posición de Kraus?

Cabe preguntar en la actualidad si los medios de comunicación, los mass media, tienen patente de corso para actuar como quieran, o su proceder debe obedecer a una actitud ética y socialmente responsable.

El tema salta una vez más a la palestra, después de los acontecimientos que suscitaron la salida de la periodista Carmen Aristegui de la empresa de comunicación MVS.

En México, donde la honestidad desgraciadamente es un valor permanentemente en entredicho, desde la tarea del gobierno hasta el  actuar ciudadano, y por tanto, la verdad es tan débil que prácticamente cualquiera tergiversa la realidad y sigue tan campante, quienes menos pagan por la mentira son los profesionales de la comunicación. Si se descubre la mentira de un político, puede ser devastador para él; pero si un reportero miente, no pasa nada.

En México hubo una época en la que los medios de comunicación se dedicaban a exaltar a los gobernantes en turno, pues si no, la concesión, la dotación de papel o la publicidad se ponían en entredicho; por tanto, esa actitud les garantizaba viabilidad financiera y operativa. Sin embargo, la globalización y la transición política mexicana trajo entre otras cosas, medios de comunicación más independientes y poderosos que nunca, así como  un público más informado, y por tanto, los periodistas tienen una mayor libertad para decir lo que quieran sin consecuencias para el medio al que pertenecen.

Incurriendo muchas veces en mentira, difamación, deshonra o injuria hacia quien sea; y hay de quien se atreva a cuestionar esta actitud, pues, se vuelve enemigo de la libertad de expresión, y será acusado de intimidar al periodismo independiente y querer volver al pasado autoritario. Inmediatamente los comunicadores se solidarizarán con el colega señalado, quien se mostrará indignado por la imposibilidad de realizar su trabajo. Además, congruentes con la debilidad en materia de honestidad, el trabajo periodístico no puede detenerse ante lo engorroso de la comprobación, aquí se hace periodismo crítico.

Y volvemos al cuestionamiento: ¿Debe existir responsabilidad por el trabajo de los medios ante la sociedad?

Mi opinión es que sí. El argumento que esgrimen algunos, de que los periodistas responden ante el rating, no puede ser aceptado, pues la popularidad no puede ser la medida de la responsabilidad profesional. La información, sobre todo la que determina reputaciones y carreras, la que forma la opinión sobre la personalidad de los personajes públicos, debe ser precisa, cierta, verosímil.

No se vale, ni con las personas ni con las instituciones, jugar al rumor o a las profecías, como sucedió con el supuesto alcoholismo del presidente Calderón, un infundio que nació con el rumor que manejó un periodista que se ha equivocado en muchas de sus apuestas profesionales, y que hace algunos años inventó que el Presidente era alcohólico.

Necesitamos medios independientes y críticos que muestren con honestidad lo que sucede en México y que denuncien lo que esté mal; sin embargo, no podemos aspirar a que la antigua sumisión de la prensa a la política sea sustituida por la sumisión de la política a la prensa. Tan grave es un periodista intimidado por el gobierno, como un político sometido a los medios. Y lo mismo podemos decir de la relación de los medios con el resto de los actores sociales, ciudadanos de a pie incluidos.

Una sociedad cada vez más exigente e informada requiere medios de comunicación responsables, éticos, que contribuyan a su pluralidad, y no medios arrogantes que confunden libertad de expresión con libertinaje erigidos en jueces implacables.

@yoinfluyo

comentarios@yoinfluyo.com

* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

Lo más visto

Síguenos en nuestras redes sociales

Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo Yoinfluyo