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El futuro que queremos

A partir de la revolución industrial, cuando las formas de producir pasaron de una forma artesanal llevada a cabo en pequeños talleres familiares, al uso de formas de energía diversas para llevar a cabo la fabricación de productos a alta escala, la economía se desarrolló enormemente y con ella la tecnología. Sin embargo, ha sido muy grande el precio que hemos tenido que pagar en el impacto que este desarrollo ha tenido sobre nuestro medio ambiente y sobre el crecimiento de las sociedades, el cual se ha dado en forma inequitativa, lo que pone en riesgo el desarrollo sustentable, que implica usar los recursos naturales hoy sin poner en riesgo a las generaciones futuras.


Economía verde; sustentable


En este contexto, los educadores para la sostenibilidad aportamos a la formación de una conciencia para preservar el planeta e incidir en los responsables de esta preservación desde las esferas de gobierno.

En 1992 tuvo lugar en Rio de Janeiro la primera gran Cumbre de la Tierra (Rio 92) con asistencia de más de 100 Jefes de Estado y de gobierno y una amplia participación ciudadana a través de miles de ONGs. La importancia de este evento, es hoy unánimemente reconocida por haber logrado llamar la atención mundial acerca de la insostenibilidad del actual crecimiento económico depredador e insolidario, que se traduce en desequilibrios inaceptables (más de mil millones de personas padecen pobreza extrema) y una degradación ambiental que pone en peligro nuestra supervivencia, comenzado a mostrar, de forma fundamentada, la posibilidad de reorientar el modelo productivo y de sentar las bases de un futuro sostenible y satisfactorio para todos los pueblos.

Desde Rio 92 se ha profundizado en el conocimiento de los problemas a los que se enfrenta la humanidad y de las medidas que se pueden y deben adoptar para evitar un colapso. Hoy sabemos cómo producir una transición energética hacia recursos limpios y renovables y cómo desarrollar una Economía Verde y solidaria que permita superar la crisis sistémica en la que estamos inmersos, siempre y cuando seamos capaces de vencer los obstáculos que suponen los intereses particulares a corto plazo, la ignorancia y la falta de voluntad política.

24 años después, es cada vez más apremiante lograr una Economía Verde capaz de lograr la recuperación del medio ambiente y la inclusión social con la creación de millones de puestos de trabajo. Tenemos los conocimientos para lograrlo. Así lo han mostrado informes de numerosas instituciones como Green Economy Report, del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA); Energy for a Sustainable future, del Grupo Asesor del Secretario General de Naciones Unidas en cuestiones energéticas y de cambio climático (AGECC); “Resilient People, Resilient Planet. A future Worth Choosing”, del Grupo de Alto Nivel Asesor del Secretario General de Naciones Unidas en Sostenibilidad Mundial, etc. Pero ello no se producirá sin una fuerte presión social sobre quienes siguen apostando por el actual sistema productivo que externaliza los costes ambientales y humanos para maximizar beneficios particulares e inmediatos. Depende de nosotros, de todos nosotros, que esta presión se produzca y surta efecto.

Son muchos los problemas inmediatos que reclaman nuestra atención, comenzando por una grave crisis económica que afecta a buena parte del planeta y que se está traduciendo en graves pérdidas de puestos de trabajo y de derechos sociales. No será fácil movilizar a la ciudadanía si no logramos mostrar que estos y otros problemas están estrechamente vinculados y no pueden solucionarse reincidiendo en los comportamientos que los han generado, como pretenden algunos apostando por la continuidad suicida del crecimiento depredador disfrazado de “verde”.

Nos encontramos, pues, frente a un gran reto: Hemos de lograr que las voces de la comunidad científica y de la ciudadanía responsable, comprometidas en la construcción de un futuro sostenible, se alcen con más fuerza y argumentos que las de los depredadores. Necesitamos urgentemente una reorientación profunda del sistema productivo desde la actual economía “marrón”, contaminante y depredadora, a una Economía Verde y a un desarrollo realmente sustentable.

Pero, insistimos, esta transición necesaria y posible se enfrenta a serios obstáculos y no se producirá si no logramos movilizarnos y generar un clamor de exigencia fundamentada sobre los líderes políticos para que alcancen acuerdos vinculantes por un futuro sostenible. Contribuir a esa movilización es hoy nuestro principal reto y precisa una acción continuada, insistente, en todos los ámbitos y medios de difusión: educativos, culturales, sindicales, políticos etc. El futuro que queremos está a nuestro alcance y merece la pena el esfuerzo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com

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