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Los independientes y las leyes

El caso de las candidaturas independientes y el modo cómo se crearon y aplicaron las leyes para normarlas es un gran ejemplo de cómo se crean y se aplican las leyes en nuestro país. Y también de algunas de las razones por las cuales no las tomamos en serio.


Independientes y firmas


Las candidaturas independientes tienen su historia, breve pero aleccionadora. Hace un sexenio, Jorge Castañeda trató de ser candidato independiente a la presidencia. Se le negó la posibilidad porque las leyes no contemplaban esa opción. Demandó, fue a cuantas instancias se le ocurrieron, incluso las internacionales. Todo en vano. Lo único que demostró es que al electorado le interesa tener otras opciones más allá de las de los partidos.

Finalmente, en este sexenio se crea esa posibilidad. Pero, a la hora de implementarla, se ve que las condiciones son más estrictas que las necesarias para registrar un nuevo partido político. Nadie lo notó cuando se discutió esa ley y su reglamento. La impresión que dieron los partidos fue de que pusieron condiciones casi imposibles de cumplir para proteger sus privilegios.

A la hora de hacer las cuentas, resulta que solo una candidata junta el número necesario de firmas válidas. Abundaron falsificaciones, fotocopias, credenciales duplicadas y una cantidad respetable de difuntos que volvieron a la vida para apoyar a sus preferidos. Un cochinero. La candidata que menos “errores” tuvo en proporción fue Marichuy, apoyada por el Congreso Nacional Indigenista y no alcanzó el número necesario de firmas.

Para coronar el desaguisado, ahora el Tribunal Electoral avala, por votación dividida, la candidatura de “El Bronco”, con el argumento de que no tuvo tiempo de revisar las firmas. Argumento absurdo: si su revisión fuera la correcta, se hubiera cancelado la misma cantidad de firmas inválidas. Una revisión con más tiempo no habría aumentado el número de firmas legales.

Y luego nos admiramos de que la población no tiene fe en el imperio de la Ley. La impresión que deja todo este episodio es doble. Primero, que se crean leyes que no se pueden cumplir o solo lo logran con gran dificultad. A no ser que se encuentre el modo de hacer trampa. En segundo lugar, que se hacen leyes que no se pueden hacer cumplir o que, como es el caso, no se tiene la voluntad de cumplirlas.

Para resolver nuestro grave problema de falta de respeto por las leyes, la solución no es crear más leyes. Posiblemente se necesitan menos. Necesitamos leyes que la ciudadanía pida. Necesitamos leyes que se puedan cumplir y que se puedan hacer cumplir. Todo lo demás es un juego inútil. Y ya no estamos para jugar.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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