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El odio como instrumento político

Entramos en lo que podríamos llamar la auténtica campaña política 2018 (después de las precampañas e inter-campañas) y el nivel de odio y crispación más parece el de la preparación para una guerra civil que para una contienda democrática. Parecería que alguien está interesado en aumentar el odio entre los mexicanos para que, si los resultados no son del agrado de alguno de los bandos, los agraviados tomen las armas para saciar su enojo.


Candidatos a presidencia


Ya estamos más allá del punto donde los insultos son meramente un modo de evitar que se note que se nos acabaron los argumentos. Estamos, creo yo, en el nivel de insultar por herir, por hacer sentir mal al otro. El insulto gratuito, solamente por lastimar, sin otro propósito. “Chairos estúpidos e ignorantes” gritaban unos. “Fifís, pirrurris, lame pies de la mafia del poder”, respondían los otros. Sin base en la lógica, ni siquiera deseo de convencer. A no ser que alguno crea que se puede convencer a los demás a base de insultarlos. Que sería muy raro.

Un buen ejemplo fue el sainete en las redes, en los días pasados, después de que se ofendió a los egresados del ITAM, acusándolos de ineptos, de corruptos y de sirvientes de la mafia en el poder. El debate (es un decir) rápidamente degeneró en insultos y en argumentos que no venían al caso. Como demostrar que también ha habido presidentes corruptos egresados de las universidades públicas. Lo cual estrictamente no demuestra la aptitud y la honradez de los egresados de dicho Instituto. O volvernos a recordar que el candidato de Morena tardó 14 años en graduarse, lo cual no demuestra la aptitud de los demás candidatos. De ahí a calificarse mutuamente de estúpidos, de chairos, de fifís y de enemigos de pueblo, solo siguió un paso. Y al final realmente se pierde la lógica. Con esos argumentos solo se convence a los que ya están convencidos, a los que ya están resentidos, a los que ya odian y solo se les aviva aún más su odio.

¿Qué clase de sociedad nos va a quedar después de esta siembra sistemática, casi científica del odio? ¿Quién gana con una situación donde el país sea ingobernable porque a nadie le convenció el proceso electoral? ¿Qué ganamos los mexicanos con esa cosecha de odio que busca el desquite a toda costa?

Sí, algún memorioso me recordará la frase de Harry S. Truman, presidente de Estados Unidos a un político que se estaba quejando de los ataques injustos que recibía. La respuesta de Truman fue decirle: “Si no aguanta el calor, no se meta en la cocina”. Cierto: el odio de los demás en un riesgo profesional de los políticos. Pero aquí ya estamos hablando de mucho más. Ya no es odio entre los políticos, es el odio entre los ciudadanos. Ya no importa convencer y ganarse al votante. Se trata de agredir, de lastimar, de avergonzar y, en el extremo, hasta de poner al que piensa diferente en peligro de ser objeto de violencia.

Aquí tenemos otro punto a considerar para dar nuestro voto. ¿Cuál de los candidatos es el que más incita al odio? ¿Estoy dispuesto a dejar que alguien así nos gobierne? Buena pregunta. Y tenemos poco menos de tres meses para responderla.

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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