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Se acabaron las patadas bajo la mesa

Para el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se acabó la etapa de las patadas bajo la mesa. Una vez nombrado el precandidato, todo priista de hueso colorado se desvivirá por hacer muy visible su apoyo al precandidato, al que le endilgarán toda clase de virtudes y de quién dirán que siempre estuvieron a su favor. Ahora las patadas ya no serán entre los integrantes del partido, ni serán bajo la mesa. Ahora serán entre contendientes y serán “patadas voladoras” como las que se estilan en la lucha libre.


Precandidato 


Una vez que terminen los fuegos artificiales, las matracas y toda la parafernalia priista, empezarán comentaristas de todas las tendencias y miembros de todos los partidos a buscar con lupa defectos al precandidato. ¡Que digo con lupa! ¡Con microscopio electrónico, si pueden!

No cabe duda de que, en lo electoral, seguimos en un profundo subdesarrollo. Seguimos pensando que todo depende del candidato que nos quiere gobernar, como si fuera el factor único y fundamental de un buen gobierno. Por lo tanto, lo importante es demostrar que ese candidato tiene fallas, para restarle votos.

En la práctica, por supuesto es importante que los candidatos sean gente decente, patriotas y bien intencionados. Yo estoy dispuesto a creer en que así es el Dr. Meade. Eso, sin embargo, no hace que esté convencido de votar por él. Hay muchas cuestiones que entender para normar mi voto. Con quien va a gobernar, por ejemplo. Quien será su equipo. Cosa que, en general, nos enteramos en la víspera de la toma de posesión. Cuál será su programa de gobierno, más allá de sus promesas de campaña. Cómo y con que recursos lo llevará a cabo. Cual será su estrategia para resolver los grandes problemas que su partido le heredará, como la corrupción, la violencia, el poder de los sindicatos y otros muchos problemas más. Cómo se sacudirá de la pesada carga de su partido y de los muchos compromisos que han tomado por él. Y, por supuesto, no espero menos de los otros candidatos.

Ojalá estas sean unas elecciones que no se ganen a billetazos. Que la mercadotecnia política no nos pueda influir hasta el grado de la ceguera. Que no sea la campaña del “mal menor”, del voto del miedo ni siquiera del “voto útil”. Estoy seguro de que la ciudadanía ya está más que preparada para ello. No estoy tan seguro de la clase política, la formal (los partidos) ni la informal (los independientes). Ojalá, por una vez en nuestra historia, tengamos candidatos de tan alta calidad que nuestro problema sea elegir entre tantas buenas propuestas.

 

 

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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