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¿Qué tan libres somos?

No mucho, parece. Un estudio mundial realizado por The Cato Institute y otras organizaciones, titulado “El Índice de Libertad Humana”, coloca a México en el lugar 77º de 159 naciones en el aspecto humano, 86º en el índice de libertad personal y 88º en el índice de libertad económica. Calificación: 6.85 sobre 10. De panzazo, dirían. Nada para presumir. El estudio citado cubre la situación en el año 2016 y viene realizándose desde 2008 aunque para la mayoría de los países, sus datos se inician en 2014.


Índice de libertad


Estas calificaciones nos colocan por debajo de varios países de América y de algunos africanos. Por cierto, los EE. UU. quedan en el lugar 23º. Empatados en primer lugar están Suiza y Hong Kong. En últimos Irán, Yemen y Libia. Venezuela en el lugar 154º, a cuatro lugares del último puesto.

Los aspectos que nos dan esas calificaciones tan bajas hacen sentido para los que vivimos nuestra realidad nacional. Algunos ejemplos. La calificación máxima es de 10. Nuestras calificaciones más bajas son: Presión política para controlar los medios (2.25), Homicidios (2.43), Integridad del sistema legal (2.50), el costo del crimen para los negocios (2.77), la confiabilidad de la policía (3.03), la imparcialidad de los juzgados (3.43) y la independencia del poder judicial (3.62). Las mejores calificaciones tienen que ver con libertad de movimientos (10 en varios indicadores), de relaciones (10 en varios indicadores) y la salud de la moneda (8.06).

Un tema muy discutible y hay que discutirlo. Desde luego, cuestionar este estudio: su método, los indicadores, el modo como se hicieron las preguntas y quién proporcionó las respuestas, todo es tema opinable. Pero tal vez podríamos empezar discutiendo que entendemos por libertad. No es tan simple. Y si en algo se da un gran relativismo, es este tema. Por supuesto, en esto influyen ideologías, filosofías, creencias religiosas, tradiciones y costumbres. Lo que es falta de libertad para algunos, no lo es tanto para otros.

Un modo de entenderla es verla como autodeterminación, auto causalidad, sin condiciones ni límites, En ese concepto, solo Dios es totalmente libre. A todos los demás, la realidad, la sociedad, los derechos de los demás nos ponen límites.  Por lo tanto, otro modo es ver la libertad como la posibilidad de elección, dentro de los límites de la naturaleza humana y de la realidad.

Hablando de libertad económica, Chesterton decía que no hay libertad económica en el socialismo, donde unos pocos toman decisiones sobre todo el sistema económico. Y tampoco en los monopolios, donde unos pocos toman dichas decisiones. Y, continuando con el razonamiento, tampoco en la plutocracia (gobierno de los ricos), ni en el populismo donde unos cuantos se hacen los intérpretes infalibles de lo que el pueblo quiere y necesita, ni tampoco en el “capitalismo de cuates” donde los “conectes” y las amistades influyen en las decisiones económicas sin participación de la mayoría.

Este tema podría fácilmente proyectarse a otros tipos de libertades. Porque, en resumen, la libertad es para la gran mayoría o ya no es libertad. Cuando es para unos pocos, se vuelve privilegio. Debe ser para los muchos. Siempre, por supuesto, acotada por la realidad y los derechos de los demás.

En otras palabras, la democracia rectamente entendida y aplicada, donde la ciudadanía toma en sus manos las grandes decisiones y las quita a una minoría, es una de las mejores maneras de tener libertad. Y requiere, por supuesto, de ciudadanos interesados, informados y participativos en las cosas de la política. 

En México, después de muchas décadas de dictadura perfecta, como dijo Vargas Llosa, nos cuesta mucho trabajo entender la libertad. Porque el éxito de una dictadura perfecta es que no se note la falta de libertades. La clase política sigue pensando que no estamos preparados para ser libres y que debemos ser conducidos, manejados, manipulados “patrióticamente”. Por nuestro propio bien. Como decía Martínez Domínguez hablando del “fraude patriótico”.

No sabemos a qué sabe la libertad. Pero, sobre todo, no nos queda claro que la libertad conlleva responsabilidades. Es una situación de adultez. Algunos ejemplos. La libertad de expresión conlleva hacerse responsables de los efectos de nuestras expresiones y sujetarlas a la verdad. La libertad de manifestación lleva anexa la responsabilidad hacia los derechos de Los demás. La libertad de emprender está sujeta a cumplir responsabilidades legales, fiscales, laborales.

Un gran tema. Al final, todos queremos libertad. Todos la buscamos. No todos estamos dispuestos a asumirla plenamente, con todas sus consecuencias. Probablemente la solución está dada hace casi 2000 años, cuando un joven Rabí de Galilea nos dijo que la Verdad nos hará libres. La verdad, sobre todo, como nuestro modo de ser y de vivir.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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