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La JMJ y el sufrimiento

Uno de los eventos a los que asistió el Santo Padre en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) fue el Viacrucis, que ocurrió en la noche del viernes.


JMJ Cracovia 2016; sufrimiento


En un mundo que predica como uno de los valores importantes el alejarse del sufrimiento, el Viacrucis, que es la conmemoración del sufrimiento de Jesucristo por toda la humanidad, no deja de ser un elemento discordante con la cultura posmoderna que hoy domina. Aún más, si pensamos en los jóvenes. Los medios en general, y los de entretenimiento en particular, tratan de ocultar esa realidad y, cuando la reportan, la presentan de tal modo que se ve deshumanizada, como números, como hechos lejanos, sin rostros y nombres. En el Viacrucis no se oculta nada. Los actores tienen nombre y rostro: María la madre de Jesús, María Magdalena, la Verónica, Simón de Cirene y, por supuesto, el mayor de los sufrientes: Jesús de Nazaret.

El relato evangélico del Viacrucis no nos ahorra detalles. El sufrimiento de Jesús se refleja en toda su magnitud. La crucifixión, en particular, era un suplicio espantoso. Tanto, que tuvieron que pasar varios siglos para que se representara a Jesús en la cruz, para evitar el espanto provocado por ver su suplicio.

En esto, el Papa no se anda con medias tintas. Ante tanto sufrimiento, señala el Papa, ¿dónde está Dios? El argumento de muchos ateos. Si Dios es tan bueno, dicen, ¿por qué permite tanto sufrimiento? ¿Por qué a la gente buena le pasan cosas malas? El Papa no oculta la pregunta, aún más: la amplia dando muchos casos de dolor que tienen que ver con la guerra, el hambre, la delincuencia, la corrupción, la enfermedad y otros muchos temas.

Para esto, dice el Papa, no hay respuesta humana. Sólo podemos mirar a Jesús y preguntarle a Él. Y la respuesta de Jesús es esta: Dios está en ellos. Jesús, agrega el Papa, está en ellos, sufre con ellos, profundamente identificado con cada uno. Y esa es la explicación del viacrucis: Jesús asumiendo toda clase de dolores físicos y morales de toda la humanidad.

Esto puede llevar a todos nosotros, los seglares, a reflexionar cuál es nuestro papel ante tanto sufrimiento. Es cierto: Jesús está con los que sufren. Está permanentemente sufriendo todos los males de la humanidad. Pero hay otro modo como Jesús está presente en el sufrimiento de las personas. Un modo más tangible, más inmediato, más en el mundo que en lo espiritual. Jesús, cuando deja este mundo, nos deja a su Cuerpo Místico. Nos deja a todos nosotros, los bautizados que creemos y profesamos la doctrina de Cristo. Porque ser cuerpo de Cristo no es una figura retórica, no es una metáfora simpática. Es una realidad viva y actuante. Cristo está verdaderamente presente ante el dolor mediante su Cuerpo Místico. No sólo con consuelos espirituales, inmensamente valiosos, sino también con el apoyo que nosotros, Cuerpo Místico de Cristo, podemos dar en la medida de nuestras débiles capacidades, precisamente con la misericordia.

En este sentido fue el espíritu de este Viacrucis, en el cual se hermanaron las estaciones tradicionales con las 14 obras de misericordia, materiales y espirituales. Es que esa presencia de Cristo se da fundamentalmente a través de la misericordia de nosotros, de su Cuerpo Místico. Una realidad viva y actuante, a la cual muchas veces no le ponemos suficiente atención. Sí, nosotros somos ese Cuerpo. Somos nosotros los que continuamos su presencia en la tierra, y es a través de nosotros como Él actúa.

Hoy la humanidad, dice el Papa, necesita hombres y mujeres y en especial jóvenes dispuestos a entregar sus vidas para servir generosamente a los hermanos más pobres y débiles, a semejanza de Cristo. A los jóvenes, dice el Papa, Jesús les señala la necesidad de compromiso personal y sacrificio de sí mismo. Es la vía de la Cruz.… La vía de la felicidad de Cristo hasta el final. La única que vence al pecado, el mal y la muerte porque desemboca en la resurrección.

Un llamado fuerte del Papa, un llamado gozoso con la plena certeza de que será escuchado por corazones jóvenes y generosos. Aunque, como en todos los demás eventos de esta Jornada, el mensaje no es exclusivo para ellos. Es un mensaje para todos, clérigos y seglares, jóvenes y viejos, ignorantes e ilustrados, ricos y pobres. Porque, sin duda, todos tenemos algo que dar y siempre habrá alguien que nos necesite.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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