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La JMJ Cracovia 2016 y la violencia

El clima de violencia que se puede considerar una guerra mundial, fue parte de la temática de la Jornada Mundial de la Juventud. El Papa estuvo en la vigilia para orar con los jóvenes y escuchó los testimonios de quienes viven de primera mano esa violencia. Violencia física, pero también violencia interior, por las luchas que la situación del mundo nos plantea entre nuestros valores y otros valores que, gracias a los medios tradicionales, se están imponiendo en muchas partes. Guerra entre países, violencia dentro de los países, guerras interiores, en nuestras almas.



Lo primero es ponerle rostro, nombre y apellido a las víctimas. Las pantallas, las estadísticas tienen un modo de quitarle importancia, su rostro humano a las tragedias de las personas. Por eso fue tan importante que en la vigilia los jóvenes escucharan y vieran de primera mano a una joven pidiendo que no dejaran de orar por su país. La violencia se ve de otro modo cuando tiene rostro, historia, sentimientos y pérdidas muy concretas.

“Debemos comprender de una vez por todas –dijo el Papa– que nada justifica la sangre de un hermano, que nada es más valioso que la persona que tenemos al lado”. “Y la respuesta a este mundo en guerra tiene un nombre: se llama fraternidad, se llama hermandad, se llama comunión, se llama familia”, dijo el Papa. Y agregó: “Nosotros no vamos a vencer el odio con más odio, vencer la violencia con más violencia, vencer al terror con más terror”. Yo, en lo personal, creo que no hay nada más triste que ver a una persona, en particular a un joven, consumido por el odio y actuando en consecuencia.

La respuesta personal a este clima generalizado de violencia puede tener por lo menos tres opciones negativas, diferentes de la respuesta positiva que propone el Papa.

Una es el miedo, un miedo que paraliza, el sentir que ya no hay futuro y encerrarnos. No por nada a esta violencia se le llama terrorismo. Su propósito es dominar a través del miedo. Provocar la desesperanza, la inacción, la huida, el encierro. Esa situación en que estaban los apóstoles antes de Pentecostés.

La segunda opción es la parálisis. Sentirnos impotentes, ser muy conscientes de nuestra pequeñez y de lo poco que podemos hacer frente a fuerzas que nos rebasan, Porque en, lo humano, somos poco. No valemos para el mundo. El mundo tiene actitud como la de Stalin al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando le dijeron lo que el Papa pedía para construir la paz. Stalin, uno de los grandes asesinos de la Historia respondió: “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” En otras palabras: ¿Cuál es su poderío militar para imponernos su visión?

Cierto, militarmente no contamos. En recursos económicos tampoco. Sólo tenemos, y no es poco, la fuerza de la oración, de nuestro convencimiento, de la fraternidad y la solidaridad. La fuerza del amarnos los unos a los otros, la de amar a nuestros enemigos y orar también por los que nos odian.

Pero hay otra opción todavía más peligrosa, dice el Papa: la de la comodidad. El sofá. Creer que para ser feliz basta con un buen sofá. Quedarnos instalados en nuestra parálisis silenciosa, como dice el Papa, y dejar que otros tomen las decisiones por nosotros. En particular, que otros tomen las decisiones que les toca a los propios jóvenes.

Jesús –dice el Papa– no es el Señor del confort. Para seguir a Jesús –continúa– hay que tener una cuota de valentía. A eso nos convoca el Papa, a todos los católicos, pero en particular a los jóvenes, a los que están en la edad de las decisiones valientes. Para esta llamada, dice el Papa, los elegidos son todos aquellos que están dispuestos a compartir su vida con los demás.

Una llamada fuerte, a ser protagonistas de la historia, a defender nuestra dignidad y no dejar que otros sean los que decidan nuestro futuro. A construir con las manos el mundo de hoy. A dejar huella en la vida. Y necesitamos, dice el Papa, que nos enseñen a los adultos a ser valientes, a construir puentes, a responder a Jesús.

El Papa no está diciéndoles a los jóvenes que sigan un camino cómodo, de triunfos y prestigio fácil. Y, por cierto, tampoco nos está pidiendo nada fácil a los demás seglares. Tal vez lo está pidiendo a los jóvenes porque confía en su generosidad, en su fuerza, en su capacidad de tomar y llevar a cabo esta encomienda. Y para que nos sirvan de ejemplo a los demás; para que veamos que todo lo que nos pide es factible.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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