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¿Para qué quiere el DF una nueva Constitución?

La semana pasada, la nueva Constitución del DF fue el tema de conversación. Primero por su aprobación (dos días antes de que concluyera el período ordinario de sesiones). Tras de solo de tres años de deliberaciones en el Senado, no crea usted que con gran prisa. Luego, de acuerdo con los H. Senadores, eso se iba a aprobar en un día, el último día de sesiones de la Cámara de Diputados. 


Reforma Política  del DF


Pero la Cámara Baja no consideró que el tema estaba suficientemente discutido, por lo que lo dejaron para mejor ocasión. Esto refleja, para este ciudadano, que a nuestros Patricios no les corre prisa por nada. Pero, por otro lado, refleja la división interna de los partidos. Sí, como partidos, ya habían llegado a un acuerdo, ¿por qué no cumplieron ese acuerdo? A lo mejor hay otra explicación, pero la más simple es qué, al interior de  los partidos, no se hablan entre sí. Y, generalmente, la explicación más simple es la más certera.

Pero, honestamente, no veo un gran interés por el tema entre los “chilangos”. No se nota un gran entusiasmo por la Reforma Política ni la nueva Constitución del DF. Tampoco una gran molestia porque no se haya aprobado. La verdad, la gran mayoría de los chilangos somos muy desconfiados hacia los gobernantes. Casi,  casi un tanto anarquistas. Darles nuevos poderes a los gobernantes, ampliarles las facultades, aumentar el número de las leyes, no nos vuelve locos de contento.

El tema se ha discutido en el “círculo rojo” de los poderosos, pero no se le ha dado difusión y discusión pública. El ciudadano ¿qué gana o que pierde con esta reforma? Misterio. Y, por lo mismo, el ciudadano no le ve ventajas y sí teme que le traiga nuevas imposiciones, nuevas  cargas fiscales, más burocracia, un gobierno más caro y más intervencionismo estatal. 

¿Temores? Muchos. El temor de que se dé al gobierno de la Ciudad de México la facultad de endeudarse sin restricciones. Deuda que, finalmente, pagaremos los contribuyentes. Y que esta deuda se emplee en pagar bailes de quince años, roscas de reyes que rompen el record Guinness, tamalizas en el Zócalo, playas artificiales, pistas de hielo y otros muchos eventos que, creen los políticos, son necesidades de los capitalinos. El temor de que, al crearse los cabildos de las delegaciones, 16 en total, se construya una nueva estructura burocrática, que aumente el ya elevado costo de este Gobierno de la Ciudad. Y por supuesto, otra vez sería el contribuyente el que pagará este costo. El que haya más puestos a repartir como botín político, por supuesto, siempre será interesante para los políticos. Habría que preguntarle a la ciudadanía.

¿Y la nueva Constitución? ¿No bastaría con adoptar la Constitución Federal como propia? De todas maneras, la Constitución se viola todos los días. ¿Quieren tener otra para hacer lo mismo? No queda claro para este ciudadano que ventajas nos dará una Constitución local. ¿Qué beneficios nos dará? ¿Qué derechos nuevos, de los que hoy no gozamos, nos dará? Si dice lo mismo que la Constitución federal, ¿Para qué crear otra Constitución? Si dice cosas distintas que la Constitución Federal, ¿cuál será la aplicable? Lo predecible es que se requerirá un ejército de abogados para resolver las inconsistencias. A no ser que el propósito sea aumentar el empleo formal, tema en que los gobiernos de la  Ciudad han tenido un desempeño bastante mediocre.

Es cada vez más clara la divergencia de criterios entre políticos y ciudadanía. Y esto se ve con toda claridad en la Ciudad de México. Dedicados a crear leyes y reglamentos que la ciudadanía no está solicitando, sin darse cuenta de que muchas veces no tienen la capacidad de hacerlos cumplir. Como botón de muestra: el reglamento que hacía obligatorio quitar los saleros de todos los restaurantes, fondas, taquerías, etc. Hasta que se dieron cuenta que no había el número de inspectores suficiente para hacer  cumplir ese reglamento. 

Se dedican a crear nuevas leyes y reglamentos y hacerlos  cumplir no les preocupa. Ellos creen que con crear leyes ya cumplieron, y que si no se obedecen las leyes, es porque el ciudadano no se compromete. La obligación de hacer cumplir las leyes no pasa por las cabezas de la mayoría de los políticos.

¿Por qué los gobiernos en general, y los de la Ciudad de México en particular, están creando leyes que la ciudadanía no está solicitando? Tal vez por el prurito de parecer “progresistas”, adelantándose a las necesidades qué, ellos creen, la ciudadanía  va a tener. Y ellos, por supuesto,  se creen infalibles en interpretar las necesidades del pueblo. 

Una especie de “infalibilidad laica”. ¿No se dan cuenta de que el ciudadano ya no quiere más leyes, sino que se hagan cumplir las que existen? Y, sobre todo, que los políticos de todos los  niveles sean los primeros en cumplirlas, así como los más  exigentes en el cumplimiento con su propia casta política y con toda su cauda de parientes, compadres, amigos y aliados.

@yoinfluyo


 

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