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Los aprendizajes del caso Aristegui

Sigue la discusión sobre el caso Aristegui. Todo mundo opina, todo mundo tiene una lectura diferente. Las reacciones han sido de lo más diverso. La verdad, no me resisto a participar en este coro variopinto.


Libertad de expresión


En caso de que Usted haya estado en estado de coma en los últimos diez días, le haré un breve resumen de la situación: los hechos como yo los veo, tratando hasta donde sea posible de no sesgar mi resumen.

Una empresa de radio y televisión (MVS) despide a dos periodistas, argumentando el uso indebido de su marca. La jefe de estos periodistas, Carmen Aristegui, se inconforma y amenaza con renunciar si no se reinstala a los periodistas. La empresa responde dando por terminada la relación laboral. La periodista acusa a la empresa de cesarla por órdenes del Gobierno, en represalia por los reportajes que su grupo hizo sobre las casas de la familia presidencial y del secretario de Hacienda. El gobierno dice que es un asunto entre particulares. La empresa dice que tiene libertad de contratar y despedir, mientras  cumpla las leyes. La periodista dice que se irá a los tribunales.

Hasta aquí los hechos, como yo los veo, Todo lo demás han sido opiniones, muy respetables, pero no basadas en evidencia. ¿Dónde está la verdad? Está por verse ¿Qué lecciones podemos obtener de este caso?

Un grupo grande de periodistas han dicho que esto es un ataque a la libertad de prensa. Pero, curiosamente, otros muchos han dicho que no. Caso raro, el gremio está dividido en este asunto. No pocos atacan a la periodista, y la acusan de activismo, de falta de profesionalismo y de reportar de modo poco objetivo. Asimismo, la acusan de no rectificar reportes que, dicen, fueron falsos. Y de no pedir disculpas en esos casos. Otros opinan que hay una persecución gubernamental contra la prensa independiente y acusan al otro grupo de periodistas de ser “chayoteros” y lame… lo más asqueroso que usted pueda imaginar. Claramente, uno puede decir que cuando empiezan los insultos es porque se acabaron las razones y los argumentos.

¿Qué nos dice esto sobre el llamado “cuarto poder”? Una lección podría ser la necesidad de acotar una libertad, la de prensa, que no tiene contrapesos ni límites. ¿Es correcto que sea así? ¿No hay derechos para quienes son afectados injustamente por un periodista? ¿Cómo balancear ese derecho con los derechos de terceros? No hay respuestas claras, y tal vez debería haberlas.

Por otro lado, ¿cómo mejorar la seguridad y libertad de los comunicadores? Porque hay casos muy graves, que han terminado en el asesinato del periodista, impunemente. Hasta habrá quien diga que a Aristegui le ha salido barato el enfrentamiento.

Y por el lado empresarial. ¿Hasta dónde llega la libertad de contratar y despedir? Hasta donde sé, las leyes permiten despedir a cualquiera de una empresa, aún sin razón suficiente, siempre y cuando se le indemnice conforme a la ley. Sólo con una causa específica, demostrable a satisfacción de un juez, se le puede cesar sin indemnización.

Según Aristegui, sus abogados le dicen que tiene posibilidades de ganar su reinstalación en los tribunales. Le creo; sería muy raro que un abogado le diga que no tiene oportunidad, porque entonces no lo contratarían. Y un litigio laboral de una persona que gana un millón doscientos mil pesos al mes, sin duda será muy jugoso para el abogado que lo lleve.

Pero, vale la pena preguntar, ¿es justa esa legislación? ¿Basta con que haya una indemnización para que alguien pueda ser cesado injustamente? ¿El único criterio de justicia es la indemnización? Por otro lado, ¿es justo obligar a un empresario a tener en su empresa a alguien a quien no quiere tener? Claramente hay mucho por discutir en esta área.

Y el público en general, ¿tiene algún derecho en este tema? ¿Tiene derecho a recibir información objetiva y bien sustentada? Quien es acusado sin razón o difamado por la prensa, ¿a quién recurre? ¿Recuerda usted algún caso de un particular que haya sido difamado por un periodista, que haya sido reivindicado por un tribunal y haya recibido una indemnización? Yo no lo recuerdo. Puede que haya ocurrido, pero que no se haya publicado. ¿Necesitaremos tal vez un “ombudsperson”, un defensor de los derechos de los afectados por la prensa? ¿O seguiremos en total indefensión?

No me parecen temas menores. Un poder sometido a otro poder, es un gran obstáculo para la democracia. Un poder, cualquier poder, que no esté sujeto a responsabilidades, también es un gran obstáculo para la vida política de la nación.

Una ciudadanía que no tiene acceso a información veraz y objetiva, será fácilmente manipulable y no podrá construir una democracia sólida. El desequilibrio de poderes, en cualquier sentido, es un peligro para la patria. Y, al final, lo que nos debería importar a todos, es el bien de la ciudadanía, más que el bien de quienes nos gobiernan o nos informan.

La gran duda: ¿Estamos aprendiendo de este caso o pasará al almacén de anécdotas irrelevantes?

@yoinfluyo

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