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Tú estás mal, yo estoy bien

A menos de tres meses de las elecciones federales y todavía no sabemos bien a bien qué proponen los candidatos y candidatas. No es que hayan estado callados; al contrario. Es que lo que han comunicado no es útil para elegirlos.


Proceso Electoral 2015


Las clásicas frases publicitarias: “Estoy contigo”, “Soy tu voz”, “Busco tu felicidad”, “Sí se puede”, y otras muchas, están siendo repetidas de tal modo, como si quisieran que las memoricemos. Parece que nos consideran realmente tontos, incapaces de usar la razón para tomar nuestras decisiones. Por eso apelan a nuestras emociones y no a la razón.

Por otro lado, lo que nos dicen es tan parecido, que no los distingue. Quieren hacernos creer que se identifican con nuestras necesidades, como si las necesidades de los que ganarán salarios fabulosos fueran las mismas del ciudadano promedio. Nos dicen que son nuestra voz, pero no se han molestado en consultarnos; meramente suponen que su ideología tiene que ser la nuestra. Nos dicen que quieren nuestra felicidad, sin pensar que para muchos ciudadanos la mayor felicidad sería que no hubiera políticos.

En otras palabras, señor candidato: si los partidos quieren nuestra felicidad, lo mejor que pueden hacer es regresarse a sus casas y dejar que otros gobiernen.

No faltan los mensajes motivadores, del tipo de: ¡si se puede! Muy efectivo en un partido de fútbol, pero poco útil para saber si ustedes tienen las capacidades para gobernarnos. Y, la joya de los argumentos, de qué color son los candidatos. Como se nos importara mucho si son amarillos, verdes o rojos con puntitos blancos.

Recientemente tuve el honor de estar en un Estado que está por elegir a su nuevo gobernador. El debate se estaba centrando sobre si una de las candidatas se había hecho o no el Photoshop y las respuestas eran en el tenor de decir que los hombres también se hacen Photoshop. Todavía no alcanzo a comprender si una persona que no se hace Photoshop en sus fotos es más hábil o más idónea para gobernar que quienes sí lo hacen. Pero aparentemente ése es el tema de la discusión.

En el centro de la mayoría de los argumentos (es un decir) está una falacia, una artimaña de lógica que es la favorita de la mayoría de los políticos mexicanos. Esta falacia consiste en creer que si yo puedo demostrar que mi contrincante está mal, en automático estoy demostrando que yo estoy bien. Lo cual es un absurdo.

Demostrar que el otro falla, no es lo mismo que probar que yo haré las cosas bien; pudiera ser que los dos fuéramos ineptos. El demostrar que el otro es corrupto, no es lo mismo que demostrar que yo soy honesto. Puede ser que los dos seamos deshonestos. Demostrar que el otro no supo gobernar, no es lo mismo que demostrar que yo seré mejor gobernante.

Pero eso es lo que estamos recibiendo: un debate electoral de ínfima calidad. Un ciudadano sensato y consciente se encuentra en este momento en un dilema. Debe y quiere votar, pero no tiene ni los conocimientos mínimos sobre los candidatos, más allá de si usa Photoshop o no, ignora cuáles son sus argumentos, no conoce sus antecedentes. ¿Cómo votar sensatamente?

Señores candidatos: ¿Por qué no usar una ínfima parte de los enormes (y ultrajantes) recursos que han recibido para esta campaña para informarnos ampliamente quiénes, qué han hecho y qué se proponen hacer, de una manera clara y detallada, al alcance de los votantes, no con un lenguaje que sólo los expertos entienden?

¿Por qué no prueban, por esta vez, un arma electoral que casi nunca han usado: la Verdad?

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