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La Madre de la humanidad

Si por motivos complejos, una persona piensa que es huérfana, y en realidad tiene la mejor madre del mundo, con bastante certeza podríamos decir que es una de las desgracias más grandes que alguien pueda sufrir. Y esto no es una suposición sino una realidad. Es tener a la madre más bella, buena y misericordiosa, y vivir como huérfano. 


Centenario de la Virgen de Fatima


Ya es tiempo que quienes sabemos que tenemos una Madre común, además de nuestra respectiva madre biológica, nos decidamos a compartir esta verdad y a lograr que quienes la rechacen, observen sin prejuicios algunos sucesos ocurridos a lo largo de la historia.

En el primer siglo de nuestra era, alrededor del año 33, murió Jesucristo crucificado. Antes de morir le dijo a María, su madre, que le acompañaba al pie de la Cruz: “he ahí a tu hijo”, y señaló a Juan, el discípulo más joven, que no se separaba de ella. En este testimonio recogido en la Sagrada Biblia, el Magisterio de la Iglesia siempre ha visto a Juan como representante de la humanidad. Y allí inicia esta maternidad.

A lo largo de la historia María se ha hecho presente y ha dado mensajes para ayudarnos a ser mejores y para salvarnos de calamidades. En México tenemos a la Virgen de Guadalupe que desde hace más de cuatro siglos nos acompaña y nos escucha. Y, tenemos la prodigiosa conservación de la tilma que reta las explicaciones de los científicos. 

En el siglo XVI, el Papa San Pío V agregó a la letanía de la Virgen el título de Auxilio de los Cristianos e instaurado una fiesta litúrgica el 7 de octubre, para conmemorar la victoria en la Batalla de Lepanto, donde las fuerzas cristianas derrotaron a los turcos musulmanes que invadían Europa, denominando tal solemnidad Nuestra Señora de las Victorias. En la nave capitana llevaban la imagen de Guadalupe.

Su sucesor, Gregorio XIII, cambió el nombre de la festividad por Nuestra Señora del Rosario, y poco más de un siglo después, el papa Clemente XI ordenó que esa fiesta la celebrara la Iglesia universal debido a la victoria cristiana contra la agresión turca de Temesvár, en 1716, y atribuida por el Papa a la protección de la Santísima Virgen.

Hace cien años, en Fátima, del 13 de mayo al 13 de octubre de 1917, la Virgen María se aparece seis veces a tres pastorcitos. En la aparición de junio les pide que recen el rosario y les enseña una oración donde muestra su preocupación por salvar a todos: “¡Oh Jesús! Perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva a todas las almas al cielo, principalmente las que más lo necesiten”.  Les confía tres secretos que ahora ya se conocen, primero ven el infierno; luego les pide orar para que en la segunda guerra mundial el comunismo no extienda sus errores; en el tercero veían caer a un hombre vestido de blanco. Sabemos que Juan Pablo II colocó en la corona de la Santísima Virgen la bala que le hirió en la plaza de San Pedro.

 El 27 de octubre de 1917 (7 de noviembre en el calendario ortodoxo ruso) Lenin toma el poder instalando a los bolcheviques y destituye el gobierno provisional al mando de Kerenski que había derrocado al zar.

Así se implanta en Rusia el materialismo histórico difundido por Marx, compendio de gravísimos errores. Afirma que los valores espirituales se deben a los hechos materiales. La creatividad de las relaciones sociales es fruto de la producción. 

Por tanto, la producción es la infraestructura de los acontecimientos humanos. Y, explican: el molino de brazo hizo la esclavitud, el molino de agua originó el feudalismo, la máquina de vapor la sociedad capitalista. Las relaciones constituyen la estructura económica de la sociedad y sobre ella está la superestructura jurídica y política. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino su ser social lo que determina su conciencia. Así se explica que digan que en la producción social los hombres contraen relaciones determinadas, necesarias e independientes de su voluntad. 

Con lo cual revierten el orden de la naturaleza, la dimensión ética desaparece. La relación de las premisas es totalmente errónea. No existe diferencia entre el reino de la necesidad –naturaleza- y el reino de la libertad –historia-. Y, de esta difusión de ideas nos salvó nuestra Madre Santa María.

El santo Cura de Ars enseñaba que un Ave María tiene más poder que un proyectil de cañón. Estamos en el mes del Rosario y sabemos que a Ella le gusta especialmente este rezo. Allí en las letanías lauretanas la invocamos como Reina de la Paz. 

El comunismo hubiera desterrado de nuestra mente los principios de la religión católica, que es una religión interior, se alimenta en la vida sobrenatural del alma. Esta religión interior, precisamente porque es interior, es capaz de transformar profundamente la civilización, las costumbres, las mentalidades, rediseñar a la sociedad a partir de lo interior, como lo hizo el cristianismo con el mundo pagano.

El santo rosario es un medio para meditar y contemplar los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. La Virgen María siempre busca para nosotros lo mejor, nos facilita el camino para llegar a Dios, por eso cada vez que contemplamos los misterios de Dios nos unimos más estrechamente a Él.

Múltiples encíclicas y alocuciones papales recomiendan el rezo del santo rosario a todos los fieles y en las familias. Esto nos hará corresponder como hijos que nos proponemos ser buenos y ayudar a otros para que lo sean. Especialmente sensibles a la conmemoración del centenario de las apariciones de Fátima.

 

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