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La juventud: etapa de ideales y de asumir riesgos

Toda sociedad está formada por personas de muy variadas características, eso es una riqueza, aunque por falta de apertura y comprensión, también puede ser causa de desavenencias. En esta ocasión, solamente veremos las diferencias por las edades.


 Los jovenes de mexico tienen potencial


La juventud es el tesoro del futuro. Afirmación aceptada por todos, pero en el día a día, a veces los adultos la cuestionamos, sin darnos cuenta que muchas veces somos la causa de los problemas de los que nos quejamos.

Ante el sorprende ejemplo que los jóvenes han dado de generosidad, valentía, ingenio y colaboración para atender las imperiosas necesidades de los damnificados del pasado sismo de septiembre, necesariamente los adultos debemos reconocer que los jóvenes son sensibles y responden, pero necesitan un ideal noble que les mueva.

Los jóvenes se unieron para trabajar, recorren la sociedad y detectan dónde hacían falta. Aprovecharon la tecnología que dominan y organizaron redes para decir dónde y qué hacía falta: llevan víveres, buscan médicos y además, impidieron injusticias aún de las mismas autoridades y vigilan los centros de acopio y detectaron dónde no había llegado la ayuda. También rezan y consuelan. 

Saben que aún queda mucho por hacer y reconstruir. Están dispuestos a combinar las actividades ordinarias a las que se han reincorporado con seguir ofreciéndose como voluntarios. Después de estas lecciones no podemos decir que la juventud está ensimismada, que es apática, que no tiene fe. Tal vez tengamos que reconocer que no les hemos dado buen ejemplo o no hemos sabido abrirles el horizonte con ideales que valgan la pena.  

La Iglesia reconoce el potencial de la juventud. Preparan para  octubre del año próximo un Sínodo de Obispos donde el tema gira entorno a “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. El Santo Padre en la Audiencia del 4 de octubre, en la Plaza de San Pedro, anuncia que también quiere oír a los jóvenes –católicos, de diferentes confesiones cristianas, de otras religiones y no creyentes-, y les cita a una reunión pre-sinodal del 19 al 24 del próximo mes de marzo.

El Papa Francisco como Padre común de todos los cristianos, y de algún modo, de todos los jóvenes, no se cansa de motivarlos y de hacerles ver su dignidad. Hace dos años  Francisco, en el Mensaje de preparación para la JMJ de Cracovia, el 15 de agosto de 2015, decía: ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo?

Sin embargo, los padres son los primeros responsables de sus hijos. Ahora han de sentirse interpelados y seguir haciendo lo que ya hacen pero con más esperanza. Y, los que han hecho poco, es el momento de rectificar y de recuperar el tiempo perdido. Es importante descubrir sus ideales y acompañarles en esa búsqueda. Es necesario darles buen ejemplo. Reconocer que si son consumistas es porque los padres lo son. Si son frívolos es porque los padres lo son. Si son egoístas lo han aprendido de sus padres. El Papa ayuda, pero es más fácil que esa ayuda dé resultados si los padres preparan el terreno. 

Una meta noble es lograr que los hijos sientan el orgullo de pertenecer a su familia, pues allí encuentran a sus padres dispuestos a escucharles, les toman en serio, les quieren como son; les saben exigir, les ayudan a aceptar el sufrimiento y la fragilidad. Valoran la fe y les ayudan a valorarla, sólo así les será más fácil escuchar lo que Dios tiene pensado para ellos y lo llevarán a cabo.

Los maestros, como colaboradores de los padres, también tienen una gran tarea, y así como los jóvenes han de sentir el orgullo de su familia, es de esperar que también estén orgullosos de su escuela y de sus maestros. El rigor con que les acercan a los conocimientos, la dedicación al estudio, la preparación de las clases les dan buen ejemplo y les alientan a corresponder con aprecio por lo que aprenden.

La juventud se caracteriza por ser una etapa de grandes ideales y con capacidad para asumir riesgos. Es muy grave asfixiar esos ideales, esas ilusiones, esos grandes sueños por mejorar el mundo.

El contacto con la juventud estimula a los adultos a mantenerse jóvenes, descubriendo puntos de vista y enfoques novedosos y muchas veces muy creativos. Aparecen otras formas de resolver los problemas.

La juventud que nos circunda es un don que Dios nos da, así hemos de verla y allí hemos de colaborar para que descubran su camino. Es la herencia más noble que podemos dejar.

Con todas estas ayudas, los jóvenes estarán preparados para aprovechar la invitación de Su Santidad. Cuando el papa presentó el plan de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dirigió una carta a los jóvenes, por ser los protagonistas de ese Sínodo. Allí indica que ha querido que los jóvenes ocupen el centro de la atención porque los lleva en su corazón.

Les recuerda que Dios les invita a “salir” para lanzarse “hacia un futuro no conocido pero prometedor de seguras realizaciones, a cuyo encuentro Él mismo los acompaña”. 

También les habla a los jóvenes sometidos al chantaje de la violencia y les recuerda que Jesús les dirige su mirada y les invita a ir hacia Él. “¿Han encontrado esta mirada, queridos jóvenes? ¿Han escuchado esta voz? ¿Han sentido este impulso a ponerse en camino?”, les pregunta. Y añade: aunque el ruido y el aturdimiento parecen reinar en el mundo, esta llamada “resuena en el corazón de cada uno para llevar a la alegría plena”. 

Además, en su carta, el Santo Padre recuerda a los jóvenes que un “mundo mejor se construye también gracias a ellos, que siempre desean cambiar y ser generosos”. El Papa les pide que no tengan miedo de escuchar al Espíritu “que les sugiere opciones audaces”, “no pierdan tiempo cuando la conciencia les pida arriesgar para seguir al Maestro”. 

También les asegura que la Iglesia desea ponerse a la escucha de la voz, de la sensibilidad, de la fe de cada uno; así como de las dudas y las críticas. Para terminar, el Santo Padre asegura que a través de este Sínodo, los Obispos y Él mismo quieren “contribuir cada vez más a su gozo”.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

 

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