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Persona, matrimonio, excomunión

Es natural que el lenguaje en la práctica sufra modificaciones de distinto tipo: pronunciación, extensión de su significado, exceso de uso o desuso. Sin embargo, aun con la salvedad anterior, siempre está la Real Academia para asegurar el legítimo sentido de las palabras, porque en el campo de la ciencia es imprescindible mantener el contenido originario de los vocablos. Cada uno puede pensar en la precisión que se requiere en el campo de la medicina, o del derecho y en los estragos que se pueden ocasionar por la falta de fijeza de las palabras.


México; lenguaje, manipulación


La confusión proviene de suplir una palabra por otra que parece equivalente, pero no lo es. Conocer el origen y el significado de la palabra, nos lleva a entender la esencia de las cosas. Por esa razón, es importante custodiar el verdadero significado.

Dos motivos pueden alterar los significados: la ignorancia o la malicia.

De la ignorancia se puede salir con el simple uso del diccionario y aficionarse a consultarlo, es una manera muy agradable de acceder al conocimiento.

Respecto a la malicia, es necesario estar alerta porque las consecuencias del mal uso de las palabras lleva al deterioro moral, y esto es muy grave pues se pervierten las costumbres. Quienes promueven estos fines, generalmente relacionan el vocablo que desean eliminar con alguna idea peyorativa, y así, sin darnos cuenta logran su propósito. Esto es lo que está sucediendo con la palabra Matrimonio aplicada a personas del mismo sexo.

La importancia del lenguaje es más profunda de lo que pensamos, por su estrecha relación con el conocimiento de lo que nos rodea. Por eso, hemos de usar el lenguaje con propiedad, prudencia y discreción. Las palabras nunca han de estar en contradicción con lo que uno es o con lo que uno hace, porque trastocar, a este grado, provoca un relativismo que enajena. Es pasar de la verdad y la vida a la mentira y la muerte.

Por su trascendencia, vamos a revisar el sentido de persona, matrimonio y excomunión.

Persona

La persona humana es corpórea y espiritual, creada por Dios a imagen suya, y la imagen se da en la espiritualidad. Solamente quienes tienen espiritualidad merecen el título de persona. De manera que quien promueve llamar a los perros “personas no humanas” muestran una ignorancia supina –de la que deben salir–, o una malicia extrema de la que deben alejarse.

Dios crea racional al ser humano, de allí se desprende su dignidad de tener iniciativa y dominio de sus actos, y sin coacciones llegar a la plena y feliz perfección, que consiste en conservar y mejorar la imagen de Dios en su vida. El cuerpo participa de la dignidad de la imagen de Dios, es cuerpo humano porque está animado por un alma espiritual. Los animales no tienen alma espiritual.

Las personas podemos falsear nuestra palabra, y de hecho la falseamos cada vez que no vienen refrendadas por nuestras obras; pero si somos fieles a la palabra, si no la falseamos, entonces nuestra vida se revela y se concentra en nuestra palabra. La relación entre lo que uno es, lo que uno dice y lo que uno hace, entre ser, palabra y obras, puede resumirse así: El ser de cada persona se concentra en sus palabras y se despliega en sus obras. En esto se fundamenta el reconocimiento de la propia identidad.

Matrimonio

La alianza matrimonial por la que varón y mujer constituyen un consorcio de vida, ordenado por su índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole.

Dios crea tanto al hombre como a la mujer a imagen y semejanza Suya, precisamente porque cada uno tiene alma espiritual. La íntima vida y vocación conyugal está fundada por el Creador y provista de leyes propias. Dios es el autor del matrimonio, por eso, es un despropósito dar el nombre de matrimonio a la unión de personas del mismo sexo. Hacer tal demanda es una ignorancia de la que se debe salir. Si hay malicia, acusan de discriminadores a quienes no modifican el sentido original de la palabra matrimonio; han de rectificar pues su postura es dramática y falsa. Falsa, porque saben que el elenco de los Derechos humanos incluye el de la libre asociación con quien se desee, e incluso todos podemos heredar a quien queramos, de manera que no sufren de coacción alguna. Lo que está mal es que quieran confundir la esencia del matrimonio. Viene al caso tener en cuenta que la palabra matrimonio tiene en su raíz la maternidad, y un hombre no fecunda a otro hombre, ni una mujer a otra.

La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar.

Excomunión

Ciertos pecados particularmente graves se sancionan en la Iglesia católica con la excomunión, la pena eclesiástica más severa, que impide la recepción de los sacramentos y ciertos actos eclesiásticos. La pena la perdona el Sumo Pontífice, los Obispos y algunos sacerdotes específicos. En caso de muerte, todo sacerdote puede levantar la excomunión, siempre que el excomulgado lo desee.

Dios siempre otorga el perdón a quien se excluye del pecado, y en los medios descritos se manifiesta Su querer.

La Iglesia tradicionalmente usa el término excomunión para quien, por un pecado gravísimo, queda fuera de la Iglesia, obviamente tampoco recibe la comunión.

Por cualquier pecado mortal cometido tampoco se puede recibir la comunión, pero en este caso no hay excomunión. Sin embargo, recientemente, algunos han generalizado la palabra excomunión e incluyen a todos los que no pueden comulgar. Esto es un deterioro del lenguaje técnico de una institución, y es inadecuado porque provoca confusión.

Conclusión

Tras ver la importancia del lenguaje, cabe decir que de todas las formas de manipulación de que podemos ser objeto -y no son pocas-, la más perversa, por su sutileza, es la manipulación del lenguaje. Manipular el lenguaje es interferir de manera interesada y solapada en el pensamiento. Trastocar el significado de las palabras es una de las más agudas formas de dañar al prójimo, porque es hurtar la luz que la razón necesita para encontrar la verdad y moverse en ella. Necesitamos la verdad para poder vivir y la verdad se expresa especialmente con la palabra. Cuando se roba a las palabras su verdadero significado, el robo tiene un alcance inimaginado.

FUENTE:

Catecismo de la Iglesia Católica, preguntas:

- Para persona: nn. 362, 364 y 1730.

- Para matrimonio: nn. 1601, 1602 y 1603.

- Para excomunión: n. 1463.

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