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Brexit: un efecto de la democracia

Llevamos más de un siglo con la democracia como sistema para organizarnos en sociedad. Sabemos que todo planteamiento humano, por muy bueno que sea, requiere de aplicación, observación de los hechos para comparar expectativas con resultados y ajustes con el fin de lograr los propósitos. Pero, como la participación democrática tiene repercusiones para todos los ciudadanos, la aplicación no puede apoyarse en el ensayo-error, sino en un estudio serio en donde se incluyan posibles escenarios y modos de afrontarlos.


Gran Bretaña; Brexit


También, hemos escuchado que hay muchas formas de democracia. Esto tiene lógica porque un rasgo característico de la democracia es la participación de todos, y en cada región hay culturas propias que dan modos de proceder específicos. Además, es imprescindible saber cómo permea la cultura en los diversos estratos de la sociedad, pues quien es inculto poco puede aportar, o incluso, posiblemente aporte como sujeto manipulado. Y no se trata de excluir sino de educar para conseguir aportaciones de calidad.

Por lo tanto, un deber ineludible de los gobernantes en sistemas democráticos es elevar la educación del pueblo y, cuando haya que tomar una decisión, es imprescindible dar a conocer pros y contras veraces de las disyuntivas presentadas por expertos. Así el voto de los ciudadanos será ponderado y más confiable porque, de alguna manera, se compensa el natural desconocimiento de temas para los que no están preparados.

Aunque los gobernantes hablen de respeto a la democracia, muchas veces no actúan democráticamente, pues saben de la complejidad del sistema y prefieren simular. El sistema democrático, bien entendido, busca formar a todos y gobernar a un auténtico pueblo. El pueblo está conformado por personas que escuchan los diferentes planteamientos y, por encima de intereses personales, eligen el bien común, con pleno ejercicio de su libertad porque no temen represalias. Saben que a la larga el individualismo aísla y empobrece, en cambio, la solidaridad abre al beneficio de todos, porque todos tienen satisfechas las necesidades básicas y aportan desde su actividad laboral, tienen convicciones y son responsables. De esta manera puede alcanzarse un alto porcentaje de concordia. Lógicamente, se dan diferencias, pero éstas no propician la envidia. Se respeta cada uno y se respeta a los demás.

La masificación de la gente es lo opuesto al progreso de un pueblo. La masa equivale a una multitud amorfa, sin criterio sobre las consecuencias de sus actos, que tarde o temprano se les revertirán. Carecen de convicciones, siguen a quien estimula sus pasiones. No actúan libremente porque intelectualmente siguen ideas ajenas, además temen represiones, ocultan sus actos y dan zarpazos a los demás para conseguir lo que no procuran noblemente. Proclives a la discordia ante las injusticias y a la envidia por la inequidad. Caen con facilidad en la lucha de clases.  Pero, entonces ¿quién se beneficia? Se benefician los líderes ambiciosos que seducen a las mayorías masificadas con promesas de futuros utópicos.

Una reciente decisión democrática es la de Gran Bretaña de salir de la Unión Europea. La mayoría que inclinó la balanza fue muy escasa. Los efectos inmediatos alarmaron, por ejemplo: la devaluación de la libra esterlina. Algunos votantes manifestaron desconocer ésa y otras consecuencias. Aseguran que las personas de mayor edad optaron por salir, los más jóvenes por permanecer.

Los estrategas que diseñaron la Unión Europea buscaron la ayuda mutua entre los pueblos que conforman Europa, sin borrar las nacionalidades. Un ideal de colaboración entre pueblos con su propia historia y tradición. Una ayuda colaborativa que muchas veces debe ser generosa con los demás, pero no para propiciar las dependencias, sino para impulsar el desarrollo. Es procurar cimentar el ideal del respeto a la libertad y a la dignidad de todo pueblo.

En una votación que afectaba a otros pueblos, los ciudadanos conscientes del ejercicio de su libertad debieron asumir no solamente los deberes y derechos con respecto a su propio pueblo, sino respecto a los demás, con espíritu de comunidad y de fraternidad.

Se habla de que los separatistas defienden su identidad nacional amenazada por la inmigración, defienden sus puestos de trabajo ocupados por extranjeros.

No es fácil aprender en cabeza ajena, pero hay que intentarlo. Los principios son para aplicarlos. Es más difícil aplicarlos en niveles internacionales, pero es necesario sortear la dificultad. Es legítimo y noble velar por la propia identidad, pero también es cierto que cuando esa identidad se valora, ningún extraño la altera y los contrastes fortalecen lo propio. Por lo tanto, no es bueno el aislacionismo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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