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Mayorías con calidad, imprescindibles en la democracia

En general podemos decir que garantizan buenos resultados las propuestas hechas por un grupo plural de personas preparadas, para conseguir beneficiar a todos los miembros de una comunidad. Sin embargo, entre el diseño teórico y la aplicación hay que sortear una serie de imprevistos. Unos pueden facilitar el proyecto. Otros, necesariamente aparecen porque las previsiones humanas no pueden detectar los imponderables.



El aspecto más serio es la dimensión ética de la condición humana que se debate entre el bien y el mal. Aunque la meta sea buscar el beneficio comunitario, siempre ronda la tentación del privilegio personal o del grupo cercano, en detrimento de los demás. Entonces, para llevar a buen término los propósitos, se necesitan dos tipos de supervisión: una, sobre la marcha del proyecto en sí y de la manera de sortear los imprevistos; la otra, sobre la conducta de quienes llevan a cabo el proyecto.

La segunda, muchas veces se omite por considerar que los colaboradores se han elegido bien. Este supuesto encierra una falacia, porque la mejor manera de proceder es facilitar el buen comportamiento y poner obstáculos a las tentaciones.

En la práctica de la democracia se frustran los resultados precisamente por la falta de vigilancia; ésta es necesaria al inicio del trabajo para salir al paso de la falta de experiencia, y es indispensable cuando se domina el proceso, porque entonces es más frecuente optar por la excesiva gratificación personal en detrimento del bien común con el que el funcionario está comprometido. Supervisar no es falta de confianza, sino prueba de la más alta fraternidad que busca eliminar la caída en despropósitos. En este sentido, los trasgresores de la ley dan ejemplo de previsión, tienen redes de control para impedir cualquier posible traición.

Los sistemas de control y vigilancia no han de entenderse como un espionaje frío e inhumano. El sistema ha de respetar la libertad de acción para resolver honestamente las tareas. Tampoco es una imposición de un único modo de actuar, porque en la solución de los problemas hay muchos caminos, el requisito es que sean caminos buenos en sí y para conseguir bienes para todos. Así también se elimina la posibilidad de entender a la democracia como un sistema que admite cualquier tipo de irregularidad.

Actualmente, encontramos muchas trasgresiones que han desencadenado diversos fenómenos, por ejemplo la pérdida de confianza en los partidos políticos y, en consecuencia, el apoyo brindado a candidatos independientes que destacan por algún aspecto: honestidad, prestigio académico, éxito laboral… También, cuando el pueblo es ignorante, lo que les deslumbra es la apariencia. En estas circunstancias, la relación es de cada persona con quien vaya a tomar las riendas de la sociedad, ya no aparece la institución intermedia. Los particulares necesitan estar mejor informados, para desenmascarar, si sucede, el caso de que algún partido pudiera “fabricar” sus candidatos independientes, para seguir en el poder.

Otros problemas que enojan al pueblo son la inseguridad y la impunidad. La inseguridad provoca desconfianza y falta de solidaridad porque las personas se mantienen a la defensiva contra posibles agresiones, estar a la defensiva impide la cordialidad y la sensibilidad para detectar necesidades que podríamos minimizar. La inseguridad empuja al individualismo.

La impunidad provoca hondo sentido de impotencia y mucho enojo ante la injusticia. Esto puede desencadenar un problema gravísimo, tomar la justicia por cuenta propia. Tarde o temprano el sistema de gobierno pierde fuerza y el pueblo acaba cometiendo injusticias, porque toma un papel que no le corresponde. Paradójicamente, buscando la justicia se cometen injusticias.

Es evidente que la democracia exige mayor responsabilidad en los ciudadanos, más preparación para no quedarse en la superficie de los acontecimientos e ir a las causas y proponer modos de resolver los problemas. La justicia se consigue siendo justo cada uno y exigiendo que los demás también practiquen esa virtud.

La preparación nos da una visión completa de los problemas, no nos dejamos llevar por la visión economicista, aunque la dimensión económica exige atender estos asuntos, el crecimiento económico no es infinito, por lo tanto, para aplicar la justicia en este terreno, es necesario reducir la desigualdad entre ricos y pobres, es necesario abrir más campos de oportunidad.

La visión completa de los problemas nos hace descubrir que más grave que la pobreza económica es la pobreza moral. La extracción social de personas con escasos recursos puede ayudar, si saben dar a conocer sus carencias y los apoyos imprescindibles que requieren. Compartir para eliminar esas circunstancias es mucho mejor que una propuesta revolucionaria que provoca odios, revanchas y divisiones.

Propuesta de plan de acción para mayorías de calidad

Un requerimiento para ser mayoría de calidad es contar con ciudadanos que estudian los problemas, actúan solidariamente, respetan la auténtica libertad de cada uno y defienden los derechos humanos. Este último aspecto es el único que garantiza actuar según derecho.

Para una propuesta de acción se puede tomar como punto de partida unas palabras de San Juan Pablo II y un elenco de puntos donde intervenir.

San Juan Pablo II, en la Encíclica “Centesimus annus”, n. 46, señala al agnosticismo y al relativismo escéptico como las posturas generalizadas en las formas políticas democráticas, y ven como antagónicos a quienes alcanzan la verdad y se adhieren a ella con firmeza. Éstos no son fiables, pues no aceptan que la verdad sea determinada por la mayoría o que sea variable según los diversos equilibrios políticos. Entonces, si niegan una verdad última, guía y orientación de la acción política, las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder. Así, una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como lo demuestra la historia.

Con la convicción de que de las crisis salen nuevas propuestas, a continuación se muestra el siguiente elenco:

Actuar de acuerdo a la dignidad humana y con responsabilidad de los propios actos, que es el modo de ejercer la propia libertad.

Participar en asociaciones sociales, que sean instituciones democráticas, como recursos para hacer posible la influencia y el control del pueblo en las decisiones del gobierno. Con ellas se puede evitar la concentración o la dispersión del poder, y el desarrollo de las personas al participar activamente en las dimensiones políticas, económicas y sociales.

Defender los grupos intermedios entre individuos y Estado que promueven el bien común.

Supervisar la actividad de los poderes: que el Legislativo promulgue auténticas leyes, que el Ejecutivo aplique las leyes y que el Judicial sancione el incumplimiento de las leyes.

Revisar la obediencia al Principio de legalidad, por ser el soporte de la estructura institucional democrática, para someter las acciones del Ejecutivo y de su administración a las leyes, la jerarquización de las normas y, cuando haga falta, el recurso a la constitucionalidad de toda ley.

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