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¿Ya se fue el Papa?

Es verdad que la presencia física de un ser querido es muy importante, aunque, por diversas circunstancias, no siempre podemos estar cerca de quienes queremos. Sin embargo, hay otras maneras de estar presente, e incluso la relación deja una huella más profunda porque se ejercita la voluntad, hay un querer consciente de conservar vínculos.


Papa Francisco


Cuando se ausenta una persona querida, se pone a prueba el verdadero cariño; por eso, ingeniosamente fomentamos la manera de permanecer relacionados. Actualmente la tecnología es una gran ayuda porque podemos vernos, oírnos o enviar y recibir mensajes de manera inmediata.

En México hemos gozado de la visita de Su Santidad, planeamos el modo de seguirle, de enterarnos de sus actividades y del contenido de sus mensajes. Procuramos verlo, acompañarlo; rezamos para que disfrutara su estancia aquí. Sentimos un cierto orgullo porque sabemos acoger, hubo fiesta para hacerle disfrutar de “lo nuestro”. Manifestamos nuestra fe, el Papa es Pedro, es la Cabeza de la Iglesia, es el representante de Cristo en la tierra.

Nos llegaron sus palabras, las comentamos… El peligro está en darle la vuelta a la página, precisamente porque estamos acostumbrados a pasar de un suceso a otro debido a las muchas actividades que tenemos entre manos, y a que, lo que sale en los medios de difusión es para ese día, mañana aquello “ya es historia”, queda atrás. Darnos cuenta de este peligro ya es el primer paso para evitar ese error; pero, para conservar los beneficios de la presencia del Papa, conviene reflexionar en la trayectoria de su viaje, y sobre todo, ser interlocutores activos de sus palabras.

El Papa Francisco, como acostumbra, diseñó al detalle su viaje. En primer lugar, visitar a la Virgen de Guadalupe; por eso estuvo en la Ciudad de México e hizo la excepción de llegar a un sitio donde antes ya había estado un Papa. La Ciudad de México es capital del país, por lo tanto, en Palacio Nacional se reunió  con las autoridades civiles y en Catedral con las eclesiásticas. Después elige zonas representativas de problemáticas sociales apremiantes: Ecatepec, populoso poblado con serios problemas de civilidad y urbanismo, celebra la Misa dominical. Por la tarde, el Hospital Infantil Federico Gómez, donde los niños sufren enfermedades terminales.

El lunes viaja a Chiapas. Por la mañana el encuentro es en San Cristóbal de las Casas, muy cerca de la frontera sur con una población mayoritaria de indígenas marginados y con manifiesto flujo migratorio de los países vecinos. Allí los destinatarios son las comunidades indígenas. Por la tarde, en Tuxtla Gutiérrez, el encuentro es con familias.

El martes, es Morelia, Michoacán, zona central de la República Mexicana azotada por la inseguridad. En la Santa Misa se dirige principalmente al clero, a religiosos, a consagrados y a seminaristas. Por la tarde con la juventud.

El último día: miércoles 17 de febrero, en Ciudad Juárez, población de la frontera norte, con seria problemática de desaparecidos y muertos. Visita a los presos, se reúne con el mundo del trabajo y, por la tarde, celebra la Santa Misa muy cerca de la frontera, también con la participación –vía mediática– de un buen grupo del país vecino, reunidos en el Estadio de la Universidad de El Paso.

Queda claro que les da la primacía a los de las periferias, a los indígenas, a las familias, a los jóvenes, a los migrantes y siempre a los enfermos, especialmente a los niños.

Podemos agrupar los mensajes de Su Santidad en homilías y en discursos. Las primeras siempre se apoyan en los textos bíblicos propios del día. En los discursos hay una interacción muy especial con el público participante.

Las homilías:

Conviene darnos cuenta que antes de las previsiones humanas, Dios tenía sus contenidos para el pueblo mexicano en las lecturas de las celebraciones litúrgicas. El sábado, en la Basílica de Guadalupe, el Evangelio habla de la Visitación de la Santísima Virgen a su prima Santa Isabel. El Papa dice: “Escuchar este pasaje evangélico en esta casa tiene un sabor especial. María, la mujer del “sí”, también quiso visitar a los habitantes de estas tierras de América en la persona del indio San Juan Diego”.

En Ecatepec, primer domingo de Cuaresma, el Evangelio narra cómo el diablo tienta tres veces a Jesús después de los cuarenta días de ayuno. Francisco nos hace ver: “Hemos optado por Jesús y no por el demonio, queremos seguir sus huellas, pero sabemos que no es fácil. Sabemos lo que significa ser seducidos por el dinero, la fama y el poder. Por eso, la Iglesia nos regala este tiempo, nos invita a la conversión con una sola certeza: Él nos está esperando y quiere sanar nuestros corazones de todo lo que lo degrada, degradándose o degradando. Es el Dios que tiene un nombre: misericordia. Su nombre es nuestra riqueza, su nombre es nuestra fama, su nombre es nuestro poder, y en su nombre una vez más volvemos a decir con el salmo: «Tú eres mi Dios y en ti confío». Podemos repetirlo juntos: «Tú eres mi Dios y en ti confío»”.

En San Cristóbal de las Casas, la primera lectura de la Misa habla de los Mandamientos que Dios le da a Moisés. Su Santidad nos comenta: “Esa es la ley que el Pueblo de Israel había recibido de mano de Moisés, una ley que ayudaría al Pueblo de Dios a vivir en la libertad a la que habían sido llamados”.

En Morelia, el Evangelio recoge la oración del Padre Nuestro que Jesús nos enseñó. El Papa desgrana esa oración: “A este Padre nuestro es a quien rezamos con

insistencia todos los días: no nos dejes caer en la tentación. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos –de ayer y de hoy– no cayéramos en la tentación”.

En Ciudad Juárez, la lectura señala cómo Jonás predica el castigo a Nínive por su degradación. El Papa Francisco Hace ver: “Ese es precisamente el misterio de la misericordia divina. Se acerca, invita a la conversión, invita al arrepentimiento, invita a ver el daño que a todos los niveles se está causando. La misericordia siempre entra en el mal para transformarlo. Misterio de nuestro Padre Dios: Envía a su hijo que se metió en el mal, se hizo pecado para transformar el mal”.

Hay una secuencia clara y misteriosa: María viene a nosotros para ayudarnos, descubrir nuestras faltas para convertirnos; la ley de Dios nos ayuda, Dios es nuestro Padre, Jesucristo es nuestro salvador.

Los discursos:

En Palacio Nacional habla a las autoridades civiles fundamentalmente del bien común del que son custodios y difusores. A los Obispos les habla como pastor y responsable de su grey. Convendrá revisarlos aparte.

En Tuxtla Gutiérrez, a las familias: “Cuando parecía todo perdido esa tarde, en el jardín del Edén, el Padre Dios le echó ganas a esa joven pareja y le dijo que no todo estaba perdido. Y cuando el Pueblo de Israel sentía que no daba más en el camino por el desierto, el Padre Dios le “echó ganas” con el maná. Y cuando llegó la plenitud de los tiempos, el Padre Dios le “echó ganas” a la humanidad para siempre y nos mandó a su Hijo”.

En Morelia, a los jóvenes: “Me han pedido una palabra de esperanza, la que tengo para darles se llama Jesucristo. Cuando todo parezca pesado, cuando parezca que se nos viene el mundo arriba, abracen su cruz, abrácenlo a Él y, por favor, nunca se suelten de su mano, por favor, nunca se aparten de Él. (…) Por eso, queridos amigos, de la mano de Jesús les pido que no se dejen excluir, no se dejen desvalorizar, no se dejen tratar como mercancía”

A los presos en Ciudad Juárez los alentó: “Hoy, junto a ustedes y con ustedes, quiero reafirmar una vez más la confianza a la que Jesús nos impulsa: La misericordia que abraza a todos y en todos los rincones de la tierra. No hay espacio donde su misericordia no pueda llegar, no hay espacio ni persona a la que no pueda tocar“.

Para el mundo del trabajo dijo: “Hoy están aquí diversas organizaciones de trabajadores y representantes de cámaras y gremios empresariales. A primera vista podrían considerarse como antagonistas, pero los une una misma responsabilidad: buscar generar espacios de trabajo digno y verdaderamente útil para la sociedad y especialmente para los jóvenes de esta tierra”.

A los niños enfermos los impulsa a la gratitud: “Acá yo los bendigo a ustedes, los médicos los bendicen a ustedes cada vez que los curan, las enfermeras, todo el personal, todos los que trabajan los bendicen a ustedes, los chicos. Pero ustedes también tienen que aprender a bendecirlos a ellos y a pedirle a Jesús que los cuide, porque ellos los cuidan a ustedes”.

En síntesis: a las familias les pide que cuiden ese tesoro, a los jóvenes que no suelten la mano de su tesoro: Jesús, a los trabajadores que colaboren y a los enfermos agradecimiento.

Todo esto es una pequeñísima muestra de lo que nos ha dejado el Papa Francisco. Por eso, si nos preguntan: “¿ya se fue?”, hemos de responder que sigue con nosotros, porque nos hemos tomado en serio la tarea que nos pidió.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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