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Ambiente en Ciudad de México, el día que llega el Papa

Este viernes 12 de febrero estuve  en las estaciones del Metro: Insurgentes, Cuauhtémoc y Balderas, después en la  Línea 3.


Visita del papa


A partir de las 13 horas empecé a darme cuenta que las personas de a pie aumentaban. Entonces los vagones venían bastante llenos. A las 17 horas, notoriamente llenos. Yo pude subir gracias a quienes amablemente se compadecieron y milagrosamente entré. Todos los pasajeros de la dirección Pantitlán:permanecían, nadie salía y otros querían entrar. Nos compadecimos de un señor, así como se habían compadecido de mi, y pudo entrar. Ese fenómeno sucedió en las siguientes estaciones sólo que la compasión fue impotente. La gente seguía entrando a las estaciones. Dejamos un ligero espacio cuando salimos otra persona y yo. El mismo fenómeno en la otra línea, saturada hacia el norte.

Estoy segura que todos sabíamos que Su Santidad ya volaba para nuestra patria. Efectivamente, las imágenes trasmitidas del vuelo, indicaron que ya estaba sobre tierras mexicanas.

Muy contento se veía al bajar del avión y disfrutó con la bienvenida. Como siempre, saludó con detenimiento a quienes estaban cerca, como si antes no hubiera tenido una intensa e importante reunión con el Patriarca Kirill de Moscú y de toda Rusia, el largo recorrido desde Italia y la rueda de prensa con los periodistas en el avión.

Además, su calidez llega a detalles increíbles, así lo muestra la carta que pide a su secretario que haga llegar al Arzobispo de Monterrey. El párrafo central dice:

“Su Santidad el Papa Francisco mientras se dirige en vuelo hacia México y profundamente apenado por la noticia de los trágicos incidentes ocurridos en la cárcel del Topo Chico, de Monterrey, que han provocado numerosas víctimas, ofrece sufragios al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, a la vez que desea hacer llegar a sus familiares su más sentido pésame, así como su cercanía espiritual, junto con el deseo de un pronto y total restablecimiento de los heridos”.

Monseñor Pierre, Nuncio Apostólico en México, se une a esas palabras, y así lo expresa: “Uniéndome a las oraciones e intenciones que el Santo Padre les manifiesta, confirmo a Usted y a todos los presentes mi estima en el Señor”.

Un diálogo mucho más entrañable que las palabras contenidas en un discurso se estableció entre el Papa y los mexicanos. Él con su actitud afectuosa y, todos con las canciones, los bailes y la multitudinaria asistencia.

¡Bienvenido Su Santidad! Y agradecemos sus oraciones por los que sufren y por todo este pueblo que ahora disfruta de su presencia.

Haremos muy nuestras las palabras que en estos días le escucharemos.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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