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Lo común y corriente de la familia

El viernes 18 de septiembre, en la sección de Deportes del periódico “El Universal”, me llamó la atención un artículo titulado “El suicidio estuvo como una salida”, sobre el argentino Matías Almeyda, actual Director técnico del Guadalajara.


Sínodo de la Familia


Y no me detuve solamente en el encabezado, como hago muchas veces, tal vez porque allí encontré una respuesta a mi reiterativa inquietud sobre los efectos del triunfo rápido para personas de quienes no se espera una centrada actitud, por distintos motivos: corta edad, incipiente madurez, educación superficial, adulación,… En este asunto, todos somos testigos del trastorno personal y social que se da en quienes ascienden vertiginosamente en el campo del deporte, del cine, o de otros ámbitos. Y también en quienes mantienen un nivel destacado sólo por un breve tiempo.

Almeyda relata que del 2005 a 2009 estuvo retirado del futbol y el cambio de actividad le llevó a la depresión. Su nuevo trabajo en el campo no le llenaba, él señala de manera reveladora, no era cuestión de tener o no tener -que por cierto, sí tenía-, sino de creerse alguien, de tener sueños. Aquí queda clara la diferencia entre tener y ser, porque la carencia estaba en el yo y en el sentido de la vida, en su nueva actividad no encontraba sentido. Y, aunque durante mucho tiempo no habló de este periodo, ahora lo tiene bien ubicado.

Reconoce que entró en una autodestrucción porque no valoraba nada, ni a sí mismo; se encerró. Sabía que estaba mal, pero no tenía fuerzas para nada y pasaba horas acostado y con los ojos cerrados. Luego, cayó en pánico, que se manifestaba en incapacidad para soportar y en agresividad con deseos de romperlo todo. Entonces, rechazó la ayuda de algún psicólogo.

Llevaba a sus hijas al colegio y las recogía, y nada más. Le caló darse cuenta de que su actitud influía negativamente. La hija mayor empezó a estar distraída y nerviosa en el colegio. Le hicieron un psicodiagnóstico en donde le pidieron identificara a cada miembro de su familia con un animal. El padre era un león viejo que estaba siempre triste y tirado. Esta percepción le sacudió porque detectó la real influencia negativa y acudió a terapia.

Durante ese tiempo, su mujer acudió a la psicóloga para recibir orientación sobre el modo de tratarlo, pues él propiciaba las puyas y ella con prudencia, las esquivaba. Matías reconoce que ese apoyo fue fundamental.

La constancia para seguir el tratamiento y el entorno familiar le hicieron salir de ese callejón que parecía sin salida, lleno de pensamientos destructivos.

La Familia, una comunidad con rostro

Actualmente, el tratamiento es algo del pasado. Por el contrario, la familia permanece, tiene un ayer valiosísimo, un día a día prolongado, efectivo, que ahora vale la pena subrayar. En su momento, por ser reiterativa, la familia no llama la atención y sin embargo los resultados se alcanzan gracias a ella. Los mismos miembros de la familia tienen un cometido que tampoco vislumbran, y sin embargo, cada quien tiene un papel imprescindible. ¿Qué hubiera pasado si no hubieran contado con la presencia de la madre, si le hubiera faltado constancia y fortaleza? ¿Y si no hubiera habido prole? La historia sería otra, pero, para ésta cada quien realizó su parte y nos dejan un magnífico ejemplo.

Mucho se dice que en la familia nos quieren como somos aunque desean que seamos mejores, y para muestra basta un botón. La familia genera y regenera a las personas. Como la familia no es una abstracción sino una comunidad con rostro, con los rasgos de sus miembros, cada uno hemos de aportar lo propio para arropar a los demás.

Es importante entender que cada persona tiene un tiempo y un lugar, la persona permanece. Las circunstancias cambian, su duración es variable. En este relato vemos que el desempeño profesional es más breve con respecto a otros que son más prolongados. Eso mismo exige más flexibilidad y capacidad para afrontar los cambios, aunado a la permanencia de la persona, que como sujeto que afronta los cambios, sale adelante modificando, y con la intervención y ayuda de los miembros de la familia, la modificación se recibirá de la mejor manera.

Hacer de la Familia una entrañable convivencia

La lección que podemos sacar de este caso, y aplicarla a los sucesos de nuestra vida, pueden ser: reconocer y analizar los hechos y afrontarlos; evitar el ensimismamiento y abrirse a la ayuda de los demás, incluso buscar el tratamiento profesional adecuado cuando el caso lo amerite; y siempre valorar a los miembros de la familia y corresponderles con una gratitud permanente, esto es, sostenida a lo largo del tiempo y, por eso, capaz de sortear las posibles tentaciones de infidelidad o abandono.

En cada paso hay obstáculos, por ejemplo: en general no agrada reconocer los errores. Si se tiene la paciencia para dejar pasar esta primera reacción, la segunda puede ofrecer resquicios donde se admitan las deficiencias y entonces ya es posible reconstruir. Tampoco es grata una persona ensimismada, porque con esa actitud automáticamente nos ignora; sin embargo, si pasamos por alto la exclusión, nuestra perseverancia logrará sacar la dimensión social que estaba adormecida. Así se contrarresta la infidelidad y el abandono con la perseverancia y el interés por sacar adelante a quien lo necesita.

Cuando algún miembros de nuestra familia falle en algún punto, nos compete hacérselo ver, y si no lo reconoce, tener la suficiente creatividad para no cejar hasta lograrlo. El proceso ya lo conocemos, es necesario aplicarlo. El interés práctico de unos por otros hace entrañable la convivencia y deja un acervo de recuerdos que en los momentos difíciles aportan la energía suficiente para salir adelante y resolver los problemas.

Si a la vez una familia con esa actitud se propone compartir sus buenos resultados, logrará fortalecer a otra familia. Si se propaga este buen ejemplo, la sociedad realmente se fortalece al contar con muchas familias auténticas y solidarias. Y, además, familias comunes y corrientes.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

 

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