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Mujer casa, mujer hogar

Cada vez es más rica la experiencia sobre el distinto modo de enfocar, ejecutar y terminar un trabajo, si lo realiza un hombre o una mujer, gracias al reconocimiento -en la mayoría de las sociedades- de la capacidad que tiene uno u otra. Las puertas están abiertas para ambos, no sin un largo proceso emprendido para abrírselas a ellas.


El papel de la mujer en el siglo XXI


Independientemente de la cultura, de la escolaridad, del temperamento, de la edad, hay detalles coincidentes cuando se trata de la mujer: su modo de estar y de moverse en el mundo, la jerarquización de las actividades, la manera de manifestar la alegría o el disgusto cuando se tienen logros o cuando no se alcanzan, es patente en la familia, en el ámbito laboral o en el tiempo de esparcimiento.

Se trata de asegurar una reflexión sobre el flujo natural de la vida, de alejarnos de cualquier artificio, de aceptar los hechos tal cual son, sin enmarcarlos en cualquier ideología, para no reducir el campo ni subrayar algunos aspectos en detrimento de otros.

El suceso básico de la distinción de la mujer es la maternidad. Sólo ella es madre, está dotada para serlo. Su cuerpo es casa, es espacio donde se puede alojar un nuevo ser. Esto es posible cuando su postura es incluyente, admite en sí lo que aporta el varón. Si tuviera una actitud defensiva, excluyente, despectiva, ella misma se amordaza, atrofia su yo íntimo.

La casa siempre es un lugar de resguardo, de protección, de acogida, de seguridad. Esto es precisamente lo que irradia la mujer simplemente por el hecho de ser mujer, por tener la exclusividad de la maternidad. En esto es inimitable. De allí la importancia de revalorar el cuerpo de la mujer. Ella misma ha de cuidar este aspecto y no reducirse a la condición de adorno.

Pero la mujer no es solamente cuerpo, también tiene alma. Por eso, la casa también es hogar. Hay temperatura, hay luz y penumbra, hay colorido, hay calidez. El hogar es hoguera suave que no quema, sino que conserva un ambiente agradable, a la medida de las necesidades de quien se aloja. Esta es la propiedad de la que ninguna mujer es despojada.

Sin embargo, la mujer necesita reencontrarse. Sin perder los logros del quehacer que realiza en el mundo, necesita recuperar el sentido de su vida, su razón de ser no es el egoísmo, no es buscar ser centro de atención, no es lucir a costa de lo que sea, su realización auténtica está en admitir que su fortaleza está en lo que la hace diferente del varón: en vivir en plenitud su feminidad maternal.

De este modo la auténtica igualdad entre la mujer y el hombre consiste en que cada uno tiene su propio papel. Pero, a la vez, hay una diferencia la de la complementariedad indispensable para el avance de la humanidad. La auténtica relación entre el hombre y la mujer consiste en reconocer que ambos son necesarios, poseen una naturaleza idéntica, pero desde dos modalidades. Es necesario contar con la reciprocidad que siempre es ganancia.

El papel de la mujer no se limita a engendrar y dar a luz. Esa casa, ese hogar ha de permanecer como lugar donde se proporcionan cuidados, educación, consejos, tanto en el terreno corporal como en el espiritual. La tarea de la mujer ha de mejorar en intensidad, en vivir con más orgullo su feminidad. Ha de mejorar en extensión para tener presencia en la familia y en los ambientes exra familiares donde también tiene responsabilidades; sin embargo, el orden es: primero la familia y luego lo demás.

Sin la presencia de la mujer en la familia todos se quedan sin techo, también ella. Todos necesitan casa, también ella. Todos necesitan hogar, también ella. Todos se enriquecen con su presencia, también ella. La sociedad necesita un clima de serenidad y paz, eso se cultiva en la familia y desde la familia llega a la sociedad.

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