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Francisco, religiosidad y mexicanidad

Muchas son las nociones que sobre la naturaleza humana se han dado a través de la historia de la humanidad; es común a la cultura occidental señalar que el ser humano está conformado de cuerpo y alma. El cuerpo es la manifestación física de nuestra persona, y el alma es el principio de vida que nos alienta.


Papa Francisco


Dentro del ámbito de la cultura dos han sido las vías que nutren la creación de la misma, la razón y la fe. En palabras del filósofo personalista Karol Józef Wojtyla, la razón y la fe son las dos alas con las que el ser humano levanta su vuelo para contemplar la realidad, para contemplar la Verdad. La realidad no es meramente física. Elementos vivenciales como el amor, el perdón, la donación, el sacrificio, la paz, la vida y la paternidad, sólo pueden ser advertidos y vividos plenamente a la luz de la fe.

La educación en México históricamente fue religiosa y cívica, así ocurrió con todas las culturas prehispánicas y durante todo el Virreinato, durante todo el movimiento y en los proyectos de Independencia. Fue hasta la aparición del liberalismo que se fue construyendo el llamado “Estado moderno”, arrebatando a las esferas religiosas sus espacios de desarrollo natural: los estamentos o cuerpos intermedios, la familia y sus actividades civiles y finalmente la propia persona. El Estado, representado por el gobierno, ha buscado muchas veces asimilar y dirigir por completo la vida de las personas, y como hemos visto siempre, ha fracasado.

La educación liberal buscó alejar de las aulas el tema religioso. Inicialmente fue libre y después transitó a convertirse en antirreligiosa, laica y socialista, para finalmente aterrizar como laica en nuestros días.

Es evidente para el sentido común como para la razón, que la espiritualidad y la religiosidad son inherentes a nuestra naturaleza humana, por lo cual toda pretensión de desaparecer la religiosidad de las personas por la violencia, ha fracasado y dañado gravemente a la humanidad.

La presencia del Papa Francisco en México dará lugar seguramente a la reafirmación de la religiosidad mexicana, haciendo patente que la razón no puede explicarnos aspectos esenciales de nuestra vida, y que siempre debemos ver con respeto las manifestaciones religiosas que propicien el desarrollo integral de la persona y que coadyuven en la obtención de la paz y la justicia que tanto anhelamos en nuestra patria.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen necesariamente la posición oficial de yoinfluyo.com


 

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